“Última salida”: esa droga que consume al mundo

tv-grafittiSebastián Montecino / La Nación / A  los adictos ahora no sólo los dejamos botados, sino que además los exponemos en la tele, los humillamos de por vida, al hacer un espectáculo voyerista de un problema que tiene profundas implicaciones sociales.
Los adictos son los enfermos que nadie quiere cuidar, a veces ni siquiera el Estado. Siempre a medio camino entre la tumba, la cárcel y el sanatorio, su situación vulnerable los hace fáciles víctimas de la manipulación.

Pienso en esto mientras veo a un drogadicto consumir más de una docena de papelillos de cocaína en menos de una hora ¿dónde? Pues en “Última salida”, el clon chileno del reality gringo “Intervention”, que nos tiene sumergidos en el mundo de las adicciones de una manera irresponsable y descarnada.

A los adictos ahora no sólo los dejamos botados, sino que además los exponemos en la tele, los humillamos de por vida, al hacer un espectáculo voyerista de un problema que tiene profundas implicaciones sociales. Es cierto, ellos y sus familias aceptan ser grabados, pero no son personas en sus cabales y en el caso del enfermo, éste es intencionalmente engañado, ocultando la verdadera intención del programa.

Dije irresponsable. Todo acto tiene consecuencias. Mostrar reiteradamente el consumo de cierta droga puede ser informativo para un televidente sano, pero para el enfermo es un bombardeo mental, es como si le presionaran los botones del consumo en su mecanismo interno, casi como si lo invitaran (otra demostración de lo devastadora de esta enfermedad con la persona). Más de algún televidente adicto pensó en internarse, pero la mayoría se levantó de la cama con angustia, buscando el teléfono del dealer del barrio.

Dije también descarnada, porque en el intento de mostrar la realidad, el mundo de la droga y del adicto se nos presenta desnudo, aparentemente manipulado por la presencia de cámaras, casi como si éstas invitaran al enfermo a drogarse, jugar, vomitar o comer hasta la asfixia. Sin ningún filtro ético y con cuestionamientos evidentes (no a la mediación terapéutica en sí, sino al hecho de mostrarlo públicamente, de hacer de la decadencia del paciente un espectáculo), el programa termina pervirtiendo sus buenas intenciones.

“Última salida” es contradictorio en su origen. Pretende curar, pero miente al paciente. Remueve conciencias, denuncia realidades, pero el costo es incierto y a veces demasiado alto. La intervención pública (televisada) en la vida de un adicto puede, eventualmente, curarlo. Pero habría que ser ciego para no darse cuenta de que también puede dejarlo peor de lo que está. Ésa es una posibilidad, al menos para mí, inaceptable.