Una historia violenta

cartel-de-juarez1Por Edmundo Paz Soldán / Qué Pasa / Este libro, que hace una radiografía periodística de Ciudad Juárez, es un ejercicio arriesgado y valiente. Hay mucha información que explica la historia de este lugar y su temido cártel de drogas. En sus páginas, eso sí, se echa de menos más análisis.
 

La violencia que sacude a México estos días ha estimulado a los novelistas. Autores como Elmer Mendoza se han consolidado con sus descarnados intentos de narrar esa violencia, y han aparecido obras notables sobre el narcotráfico en el norte del país, entre las que destaca Trabajos del reino, de Yuri Herrera. En cuanto a la narración forense de esa violencia, va a ser difícil que un texto supere a la cuarta parte de 2666, la novela póstuma de Roberto Bolaño que transcurre en Santa Teresa, una ciudad en el norte de México. Lo que hace falta ahora es un impulso similar en la “no ficción”. Se necesitan crónicas, investigaciones periodísticas de ese México bronco capaz de producir más de cinco mil muertos el año pasado y 400 en lo que va del 2009. Hay buenos trabajos, pero todavía ningún libro imprescindible. No debe ser fácil: un editor me contó que no había podido encontrar a un periodista que se animara a hacer preguntas incómodas o meterse a barrios peligrosos en Tijuana o Ciudad Juárez.

En ese contexto, el libro de Francisco Cruz, El Cártel de Juárez, es un trabajo arriesgado y valiente. Aquí hay mucha información, diseminada con un sentido indiscriminado del orden. Se pueden encontrar perlas valiosas, pero, lamentablemente, eso sólo ocurre si leemos a contrapelo del autor. Cruz, un periodista mexicano de larga trayectoria, comete varios errores en la estructura de su libro. Para comenzar, el título es engañoso: en realidad el libro cuenta la historia oscura de cómo Ciudad Juárez se convirtió en una ciudad violenta y núcleo del narcotráfico en el norte de México. Por sus páginas pasan los empresarios en busca de fortuna rápida, los políticos corruptos, los asesinos desalmados, los policías indistinguibles de los narcotraficantes. El Cártel es parte de esa historia, y si bien el libro narra su historia, no se enfoca en ella.

Cruz se centra en anécdotas coloridas, lo que hace que el libro adquiera a ratos ritmo vertiginoso, pero escasea el análisis. La prosa, de retórica excesiva, no ayuda (“la lengua crecía en forma insistente con un enorme arsenal de palabras eficaces dotadas de un veneno que aniquila más que las armas de fuego convencionales”). Y el intento de que el juicio en El Paso a una ex reina de belleza juarense -por su complicidad en el lavado de dólares- se convierta en el hilo conductor del relato, fracasa por la disonancia entre las escabrosas historias que cuenta Cruz y las páginas y páginas que narran el ascenso y caída de esta miss (condenada a apenas cinco años de cárcel).

En lo que es muy útil el libro, es en dar un contexto a la violencia actual en Ciudad Juárez. Para los que leen asombrados las noticias de la prensa y piensan que las decapitaciones y balaceras son algo reciente, Cruz muestra de manera contundente cómo, hace ya un siglo, Juárez comenzó a despegar económicamente cuando los años de la Prohibición en EE.UU. hicieron que se asentara en esta ciudad fronteriza una industria de licorerías capaces de proveer clandestinamente al país del norte. En ese mismo período, hubo un gran influjo en la zona de inmigrantes asiáticos, en su mayoría desplazados de California tras el terremoto de San Francisco en 1906. Los asiáticos trajeron consigo el cultivo y la comercialización del opio. Una vez terminada la revolución, la década del 20 produjo una lucha sin cuartel entre diversas bandas dispuestas a tomar las riendas del negocio del opio, la marihuana y la heroína. Cruz sitúa el asesinato de once chinos a mediados de los años 20, a manos de pistoleros contratados por la temible Ignacia Jasso (una mujer que, junto a su esposo, controlaría por largo tiempo el negocio de la droga en la región), como el inicio de la cuenta de muertos relacionados con el narcotráfico.

Ya en la década del 40 el gobierno mexicano emprendía campañas de lucha contra la droga. Era inútil. El narcotráfico siguió creciendo, hasta que en los 70, desde la ciudad de Ojinaga, Pablo Acosta consolidó al Cártel de Juárez como una organización moderna y sofisticada, “con capos, brazos armados, pistas de aterrizaje”. El negocio se globalizó cuando el Cártel comenzó a usar aviones. Hoy el Cártel manda, y es capaz de matar con saña a cualquiera que se le ponga en el camino, desafiar al Estado y comprar policías. En la ciudad hay “al menos quinientas pandillas dedicadas al homicidio, el asalto, el tráfico de armas, el tráfico de seres humanos y la venta de drogas al menudeo”. Todo hace pensar que la violencia, la triste historia de Ciudad Juárez, no cesará.
“El Cartel de Juárez”

Francisco Cruz, escritor boliviano. Autor de “Palacio quemado”, entre otros libros.

En amazon.com: US$ 12.89 (más envío).

Frase destacada: “Hace décadas que Ciudad Juárez tiene las dimensiones propias que le dan su rica historia revolucionaria, su violencia, sus mitos, sus capos, sus muertos regados como hojas de árbol caídas, sus narcofosas comunes, camposantos de una guerra irracional, sus asesinatos de mujeres”.

Se lo recomiendo a: periodistas de investigación, para aprender cómo tanta información útil, tanta anécdota magnífica, puede desembocar en un libro fallido por falta de análisis y estructura adecuada.