Una mirada poco usual de la televisión

Imágen de Cárcel de San Miguel. TVN, CHV, Mega y Canal 13 fueron multados por la cobertura irrespetuosa de la dignidad de los siniestrados en la tragedia y de sus familiares.

Resulta curioso observar el reducido interés de la clase política en la discusión sobre la nueva ley de televisión actualmente votándose en el Senado, y la omisión de esta discusión por parte de los mismos canales de televisión. Parece ser que no se logra comprender que se ha producido una distribución de los actuales canales en manos de un sector político fácilmente identificable, y que el régimen de las nuevas concesiones, si bien no puede resolver todo, es el camino para abrir espacios para nuevos operadores que den cuenta de la realidad del país.

Todo esto, en un momento en que la crítica ciudadana hacia los contenidos de la televisión cada día tiene más fuerza, y algunos programadores claman por disminuir la regulación.

Jaime de Aguirre, director ejecutivo de CHV, en una entrevista para Reportajes de EL Mercurio se congratula de estar en el origen del  modelo de noticiarios imperantes en todos los canales, y verdaderamente cuesta entender su “orgullo”. Es un lugar común decir que, comparados con los noticiarios de otros países, los nuestros son demasiado largos, explotadores de crónica roja y estandarizados, no dando lugar a posiciones y demandas sociales que permitan el acceso a una información de manera imparcial. Curiosamente, también se congratula de la copiosa presencia de gente sufriente llevada hasta las lágrimas, y a la exposición indeseada muchas veces de un dolor que no requiere de pruebas tan burdas como el quiebre para ser entendido.

Se permite además de Aguirre, acusar de elitistas a quienes critican su receta para el rating. Interesante punto, por qué no alcanza a pensar que la verdadera elite en esta materia la constituyen quienes toman las decisiones en lo canales y, por lo tanto, el mismo actúa como una elite a la cual no le interesan las opiniones de las audiencias o de otros sectores sociales.

Mientras tanto, los sectores críticos continúan manifestándose. Se  acusa a la televisión de ser un referente negativo, que ficciona la realidad de acuerdo al interés de los poderes fácticos, invisibiliza sectores sociales y culturales, y además ofrece entretención “basura”. En otras palabras, se acusa de una mala práctica a la televisión, que lleva a muchos chilenos a declarar que, gracias a medios como Internet, ya no la  necesitan  y tener su televisor olvidado de mesa para el masetero, o simplemente no tener uno en casa.

Estos cuestionamientos, si bien aparecen con bastante fuerza como reacción a situaciones específicas (como el caso de la reacción a la posible censura sufrida por el capítulo de La nanas de “Contacto”   en Canal 13, y la salida de pantalla del periodista de Chilevisión Víctor Gómez), en la práctica no se encausan con la suficiente fuerza y finesa porque, lamentablemente, en Chile no hay conocimiento de que es un derecho ciudadano el contar con un TV diversa y pluralista. Tampoco se sabe que la explotación de los canales de TV es una concesión del Estado, de un bien destinado a la satisfacción del interés público y que, por lo tanto, es de esperar que los canales cumplan ciertas obligaciones, y no se entienda esta entrega como un simple bien para la obtención de recursos comerciales o un poder para intereses políticos de privados.

Este malestar por los contenidos es mirado con desprecio e indiferencia por los ejecutivos de los distintos canales. No se sienten obligados a informar a la ciudadanía de cómo entienden su contribución a la entrega de información e influencia en la realidad social. Sostienen que sintonizan con la población al abrir espacios críticos sobre los abusos a los ciudadanos en su calidad de consumidores, pero poco o nada en lo que se refiere al poder de participación y de cuestionamiento del orden del modelo económico. No se ve  ningún gran debate, documental  o información comparada en lo que respecta a temas de relevancia social como sistemas de salud, previsión, espacios públicos o leyes laborales.

El enorme poder de los programadores los lleva a contestar a las críticas de manera prepotente y sarcástica: “si no les gusta, no la vean. Hay gente a la que si le gusta y si la ve”. Pero no es tan simple. La televisión es el principal medio de comunicación y acceso a la información, entretención y a la cultura en Chile, especialmente para los sectores de menores recursos (el promedio nacional de horas diarias de consumo es de 2,7, y de 3,2 horas en los sectores económicos más vulnerables). Las personas que toman las decisiones sobre la programación en televisión deberían destacarse por su comprensión del rol de la TV en una sociedad con grandes deficiencias educativas, segmentación y marginación social, y no meramente como gerentes eficientes en lo comercial.

Teniendo tal relevancia social, los propios canales se niegan a poner la discusión sobre su rol en las pantallas: se ha omitido el debate sobre la Ley de TV por 5 años, y con esto no hacen más que probar la totalidad de su poder.

Como observatorio de medios consideramos que es imperativo instalar como problemática ciudadana, política y social, las características y calidad del medio de comunicación más importante del país, involucrando a todos los actores sociales relevantes, y enfrentando posiciones sobre cómo debería ser nuestra televisión.