Una señal en Canal 13

canal treceJimena Villegas / El Mercurio / Esta semana Marcelo Von Chrismar, el nuevo director ejecutivo de Canal 13, dio una primera pista de la mano interna que tendrá su gestión. Si a fines de abril entregó una potente señal externa de austeridad, sentido de realidad y cambio de timón al no presentarse entre los candidatos a organizar el Festival de Viña para los próximos cuatro años, el lunes 17 habló de recuperar talento perdido: ese día se oficializó el regreso del periodista Patricio Hernández a la dirección de programación de la televisora, el mismo puesto en el que estuvo hasta agosto de 2007.

Durante los últimos años, UC-TV vio partir a una serie de personas que protagonizaron su buena época. Sólo por citar a tres, ya no están Verónica Saquel, la articuladora del renacimiento del área dramática en la primera mitad de la década de 2000; la animadora Vivi Kreutzberger, que se fue a Mega, ni Juan Pablo González, el director que es considerado heredero del gran maestro de los estelares, Gonzalo Bertrán. Traer de regreso a Hernández es, en alguna medida, rendir tributo a esos nombres, y también un signo de pragmatismo: se trata de una pieza que sabe cómo funciona la máquina al interior de la estación. Si el actual director ejecutivo es novato en las lides televisivas, su nuevo brazo derecho no.

Para volver a los aproblemados pasillos de Inés Matte Urrejola 0848, Hernández abandona CNN Chile, la señal de noticias 24 horas de la que era director general desde su nacimiento, en 2008. En su nuevo viejo canal lo espera una tarea urgente: UC-TV, cuya deuda se calcula en unos US$ 70 millones, ya no tiene gran parte de los atributos que lo caracterizaron; entre otros, el de la entretención familiar. La misión es, qué duda cabe, recuperar parte de ese paraíso perdido.

Ojalá que en el camino tenga tranquilidad para «hacer la pega». Si el actual equipo de gestión que entrará a la propiedad de CHV tuvo ocho años para dar forma al actual canal y se quedará al menos por otros cinco, UC-TV, en cambio, ha tenido en su historia reciente pura inestabilidad, con una seguidilla de timoneles y directorios. Eso debe cambiar: los grandes proyectos, además de convicción, planificación y mucho trabajo, necesitan tiempo. Y la estación católica no tiene por qué no merecerlo.