Una TV diferente

Chantal-SignorioChantal Signorio / El Mercurio / Se dice que ya no es posible hacer buena televisión porque simplemente no logra rating ni publicidad. Los italianos acaban de demostrar lo contrario: transmitir un programa con contenido social y cultural en horario prime con récord de audiencia, manteniendo al público entretenido, atento y conmovido.

¿La fórmula para esta maravilla? Simple: cuatro capítulos de una hora; dos presentadores de excepción (Roberto Saviano, renombrado periodista por su libro «Gomorra», en el que desnuda a la mafia de Nápoles y por el que ha sido amenazado de muerte, y Fabio Fazio, un destacado conductor de televisión), y tres connotados invitados por programa. Resultado: una televisión diferente que desde el primer capítulo logró la mayor audiencia de la historia de la televisión italiana, con el mérito adicional de que parte significativa de ella eran jóvenes.

El increíble éxito del programa se basó en invitar a protagonistas de la sociedad de ese país europeo a realizar un show televisivo al estilo stand up comedy . Ahí, en el set, parados bajo los reflectores, cada uno sacó lo mejor de sí en su propio estilo. El único requisito: la ponencia debía ser una enumeración, un listado de los elementos que a su juicio ilustraban mejor el tema por el cual habían sido convocados. Así, con un guión que rompió las reglas de la fácil entretención televisiva y de la a veces incomprendida conversación entre intelectuales, apareció sorpresivamente un exitoso nuevo formato.

Los «tempos» variaron con el histrionismo de cada invitado. Podían expresarse con calma cantando, leyendo, declamando. Los presentadores no interrogaban ni interrumpían; las palabras, las intenciones y las emociones fueron más importantes que las imágenes y los temas fueron atingentes al momento que vive hoy la sociedad italiana (criminalidad, inmigrantes, derechos civiles, eutanasia, etc.).

Vente conmigo (Viene via con me) tuvo en su escenario, entre otros, a Roberto Begnini (Oscar al mejor actor con «La vida es bella»), Claudio Abbado (director de orquesta), Dario Fo (Nobel de Literatura) enlistando y enumerando sus reflexiones.

Así, una idea que a priori pudo pensarse aburrida resultó un evento que logró fascinar a multitudes. Paradójico, porque qué más lejano al medio televisivo que un invitado puesto a leer frente a las cámaras una larga lista sobre los más variados temas: el pueblo italiano, trabajos para estudiantes, el recorte de fondos culturales, definiciones de homosexual…

Y aquí aparece un importante elemento de cercanía de la propuesta: el público quiso escuchar a los invitados porque cada uno tenía su propia lista para cada uno de los temas seleccionados.

El mérito de la televisión italiana fue atreverse a poner al alcance del gran público a un grupo de protagonistas de su actualidad, que de otra forma hubiese quedado relegado a sus espacios habituales en medios especializados.

¿Será posible que en Chile aquellos que tienen algo realmente interesante que decir logren tener un espacio estelar en nuestra televisión?