Visiones sobre el debate

debate 1OBSERVATORIO / El tema central de la semana noticiosa fue el debate presidencial realizado por TVN, el miércoles 23 de septiembre. Un fenómeno mediático acompañado, como de costumbre,  por grandes expectativas, no siempre satisfechas, de la ciudadanía informada,  la clase política y los actores sociales interesados en el devenir del país.

La atención previa de los medios estuvo centrada en el formato del debate junto a una serie de reglas establecidas por TVN  con la intención de asegurarle a cada candidato la  posibilidad de hacer sus planteamientos y descargos sin factores discriminatorios.

El canal público intentó renovar la estructura rígida de debates de antaño para permitir un intercambio de visiones más directo entre los candidatos. A pesar de esos esfuerzos, aún no empezaba la confrontación cuando surgieron los primeros cuestionamientos por el horario del debate (22.40 horas, después de la exitosa teleserie nocturna ¿Dónde está Elisa?), relegado por los programadores de TVN a la segunda franja y no emitido después del noticiario central, como se esperaría para un evento de esa magnitud. Aunque la teleserie le dejó un tremendo piso de sintonía -39 puntos- el debate sólo consiguió 26 promedio. Una explicación posible, independientemente del interés por la política de las audiencias, del ritmo televisivo o el carisma de los contrincantes, es que a esa altura de la noche muchas personas son vencidas por el sueño.

En relación al formato, algunas críticas apuntaron al escaso tiempo que tuvo cada candidato para plantear sus posiciones, a la posibilidad mínima que existió de provocar un verdadero enfrentamiento entre ellos, a las preguntas seleccionadas y visadas ante notario, más próximas a las declaraciones de principios que a interrogantes sencillas que gatillaran las particularidades y diferencias programáticas de los postulantes a la presidencia. Sumémosle a eso, la tendencia de los candidatos a aprovechar parte de  ese escaso tiempo en retomar asuntos pendientes de sus intervenciones anteriores más que a responder en profundidad a las  inquietudes de la ciudadanía.

La cobertura periodística de pasillos y bambalinas pusó el acento en asuntos secundarios como el color de la ropa de los candidatos y de sus respectivas familias, las cábalas y otras boberías por el estilo, además de las reacciones enfervorizadas de uno y otro bando.

En caliente, al finalizar el debate,  quedó la impresión de que, salvo el guadañazo de Frei a Piñera inspirado en el informe de Transparencia Internacional, los candidatos no se hicieron mucho daño por el predominio de  intervenciones muy próximas al simple enunciado de titulares sin profundidad argumental.

Como suele suceder luego de estos acontecimientos, cada sector se declaró vencedor, aunque algunas encuestas telefónicas indicaron que los candidatos supuestamente menos competitivos,  fueron bastante eficaces en su capacidad de seducir a  los televidentes.

Desde  los analistas políticos y los comunicadores sociales surgieron, en los días posteriores, variadas evaluaciones del formato y el desempeño de los candidatos:

Carlos Peña
Carlos Peña

El columnista, abogado y rector de la UDP, Carlos Peña, lo encontró malo. Sostiene que  los temas valóricos brillaron por su ausencia, “como si un raro diseño -de dudosa calidad- hubiera confundido un debate político con un programa de ayuda social”.

 

Fernando Villegas
Fernando Villegas

El sociólogo Fernando Villegas, en la emisión dominical  de Tolerancia Cero, señaló que se habían minimizado las oportunidades para la interacción de las partes provocando el predominio de los juicios superficiales: “fue como ver pasar a unas modelos en una pasarela y decidir cuál es la mejor vestida”, apuntó el sociólogo.

 

Mauricio Hofmann
Mauricio Hofmann

El periodista, ex conductor de Teletrece, con experiencia en programas similares, Mauricio Hofmann, sugirió que los temas pensados para la confrontación de ideas de los candidatos fueron “un juego de niños comparado con los debates que uno puede ver en democracias avanzadas”.

 

Ricarte Soto
Ricarte Soto

Ricarte Soto, en su columna del diario La Nación, traspaso la responsabilidad al público por no ser capaz de premiar con sintonía un ejercicio democrático tan importante para la deliberación ciudadana como es un debate presidencial.

 

 

Daniel Fernández
Daniel Fernández

Daniel Fernández, director de TVN, defendió la apuesta del canal público, planteando que en tiempos como los que corren, donde la gente se ha distanciado gradualmente de la política, no resulta fácil capturar audiencias para este tipo de ejercicios deliberativos y que el debate organizado por el canal público fue un “esfuerzo concreto para reposicionar a la política como una actividad fundamental, sin la cual no hay democracia posible”.

Lea a continuación algunos de los dichos más polémicos de quienes opinaron sobre el debate:

Mauricio Hofmann, periodista:

“Al menos uno espera que haya replica y contrarréplica, te fijas. Hubo interpelaciones varias de Marco Enríquez a Piñera y a Frei que no tuvieron respuesta. Y la acusación de Frei sobre Piñera (Informe de Transparencia Internacional) tuvo una respuesta después por lo que no se alcanza a formar el intercambio de posiciones. Y a la vuelta Frei le termina retrucando y Piñera ya no tiene respuesta”. (LUN)

Carlos Peña, abogado, columnista de El Mercurio:

“…El único tema que divide las posiciones y traza una línea clara entre los que están a favor de la autonomía de las personas y los que están en contra, entre los que piensan que en las decisiones finales hemos de tener tutores y aquellos que creen que es mejor que no, brilló por su ausencia”. (El Mercurio)

Juan Carlos Eichholz, panelista de Tolerancia Cero:

“los chilenos no sabemos debatir. Es un problema cultural. La diferencia la transformamos en confrontación y rápidamente pasamos a la descalificación”. (LUN)

Daniel Fernández, director de TVN:

“Todas las críticas son bienvenidas, y permiten mejorar el formato hacia el futuro, pero llamar “barras bravas” a la expresión de adherentes mediante la aprobación o el rechazo representa una infravaloración de la participación de los ciudadanos partidarios. Y decir que no hubo debate, cuando todos los medios sin excepción llevan días informando y analizando las consecuencias de los emplazamientos entre los candidatos, representa un comentario al menos equivocado”. (El Mercurio)

Ricarte Soto, periodista:

“A mi juicio, el resultado es francamente decepcionante, porque da cuenta de una pasividad crónica en la que se ha sumergido un sector numeroso de la ciudadanía. Intentar explicar que todo esto es el resultado de la presencia de candidatos fomes, inconsistentes o demagogos es simplemente optar por la puerta de escape. ¿Cómo podrían saberlo si no han prestado atención a sus propuestas? ¿Es realmente un gran sacrificio “latearse” una vez cada 4 años, durante noventa minutos, para tener una vaga idea de quiénes son y qué piensan los que aspiran a gobernarnos?” (La Nación)

José Miguel Zapata, analista político

“La interrogante que persiste es cuánto de lo que pasó tendrá un correlato electoral. Un debate que fue presenciado por uno de cuatro chilenos (26 puntos de rating), seguramente muchos de quienes ya tenían una decisión electoral tomada, por lo que no creo que tenga un impacto muy decisivo”. (El _Mostrador)

Patricio Navia, analista político

“Ciertamente sería bueno tener reglas más claras que promovieran un mayor protagonismo de los votantes tanto en las preguntas como en el público. Los electores de a pie son más importantes que las familias de los candidatos. Pero si comparamos con debates presidenciales pasados, el de anoche representó una mejora gradual. Aunque pudiera parecer condescendiente, los debates en la medida de lo posible que han caracterizado a las elecciones presidenciales chilenas muestran también una democracia cada vez más consolidada”. (Blog)

(Si quiere leer la versión íntegra de algunas de las opiniones citadas, revise la sección “columnas de opinión” de este sitio Web)