Visita de Obama: más ruido que nueces

Observatorio / Variadas reacciones provocó la cobertura –verdadera cadena nacional- de la visita del presidente Barack Obama a Chile. El ex senador Carlos Omina plantea el temor de que la visita sea recordada sólo como un evento mediático que termine perjudicando nuestra inserción regional. José Aylwin, director del Observatorio Ciudadano, se refirió al trasfondo cultural de la visita y su posible instrumentalización por parte del actual Gobierno, a la que no han hecho mención los medios, preocupados sólo de las declaraciones oficiales. Por su parte, el comentarista de TV Vasco Moulián, habla de un tercermundismo en el seguimiento  informativo de los pasos de Obama por el país, que “produce vergüenza ajena”.

Lea a continuación los comentarios:

Carlos Ominami / La Tercera

El lado B de la visita de Obama

La visita de un Presidente es siempre un gran acontecimiento, máxime si se trata del líder de una gran nación como Estados Unidos y dada la particular relevancia de la personalidad del Presidente Barack Obama. De esto no hay punto de discusión. Me preocupa, sin embargo, la forma en que el gobierno de Chile enfrentó esta visita.

Vi con algo de vergüenza ajena en la TV cómo el canciller informaba que el Presidente Obama viene a nuestro país con su señora e hijas, pero también… con su suegra y la madrina de sus hijas, para desde Chile hablarle al conjunto de la región. Escuché también las declaraciones del embajador Wolff diciendo «que no es por casualidad la elección de Chile». Mi preocupación es simple: esta visita corre el riesgo de ser transformada, principalmente, en un evento mediático que termine perjudicando nuestra inserción regional. Lo que es bueno para EEUU no es necesariamente lo mejor para Chile.

Chile, desgraciadamente, se ha prestado durante ya muchos años para jugar a ser el mejor alumno de la clase. Esto, que se inició durante la dictadura con el famoso «Adiós a América Latina», de Joaquín Lavín, lamentablemente no se rectificó del todo en el período posterior. Se siguió hablando de que «somos una buena casa en un mal barrio» y se fue totalmente condescendiente con la pretenciosa y absurda idea de que Chile constituía un modelo de transición política y desarrollo económico, prácticamente de validez universal. La transición chilena constituye una experiencia muy especial, con sus grandezas y sus miserias. Ella no se entiende sin el desplome de la democracia y los 17 años de dictadura. Es decir, que para reproducir nuestra experiencia, habría que pasar antes por una gran tragedia, lo que no se le puede desear a nadie. Es por eso que somos una experiencia y no un modelo. Cuando aceptamos que lo somos, nos afirmamos en el papel de buen alumno, pero mal compañero, obsecuente con el profesor y despectivo con el resto de su clase.

La agenda de actividades del Presidente Obama fue intensa, pero estuvo menos de 24 horas en el país. En cambio, Chile seguirá siendo parte permanentemente de la región. Es un hecho que entre los problemas más importantes a los cuales estamos enfrentados se cuentan el conflicto no resuelto con Bolivia, el cuestionamiento que ha planteado Perú sobre límites marítimos y no olvidemos el tema pendiente con Argentina sobre la delimitación en Campo de Hielo Sur.

Sería francamente lamentable que un hecho tan positivo como la visita del Presidente Obama pueda transformarse, involuntariamente, en una especie de «abrazo del oso». Chile requiere de una diplomacia consistente, que deje de lado toda soberbia y todo provincianismo. Esos dos componentes son una mala mezcla.

Soy de los que se emocionó con el triunfo de Obama y de los que observa con inquietud las dificultades para cumplir con sus compromisos, tanto en EEUU como hacia América Latina, especialmente en materia de derechos humanos y respeto irrestricto a la institucionalidad democrática (recordemos Honduras), expresados en la Cumbre de Trinidad y Tobago, a la cual asistió al inicio de su mandato. En esta ocasión él afirmó con fuerza que «quería escuchar». Ojalá que lo haya hecho.

José Aylwin / El Mostrador

Lo que no se ha dicho de la visita de Obama

La visita oficial a Chile de Barack Obama generó, como era predecible, gran expectación. Para el gobierno y sus partidarios, su presencia en el país, así como el hecho de que enviara desde Santiago su mensaje a América Latina, constituye un gran logro. También son un logro las declaraciones que él hizo sobre Chile, país donde según Obama existiría “una democracia vibrante y una economía abierta y una sociedad civil activa”, así como un presidente comprometido con la defensa “de la democracia, de los derechos humanos y de un gobierno transparente”, todo lo cual nos convertiría en un modelo para la región.

Como político de trayectoria que es, Obama bien sabe, sin embargo, que sus dichos serán capitalizados por una administración que en términos ideológicos y culturales, tiene como base de sustentación partidos políticos que son el equivalente chileno de sus adversarios en la política norteamericana, esto es, los republicanos. En efecto, los partidos de la Coalición por el Cambio que apoyan a Piñera, al igual que el partido Republicano en Estados Unidos, desconfían del Estado y de su rol regulador del mercado, así como de su función protectora de los derechos económicos, sociales y culturales de la población. Tales partidos, lo mismo que el Republicano en Norteamérica, han intentado imponer sus dogmas religiosos y morales al resto de la población, impidiéndoles el ejercicio de la libertad que tanto pregonan, en este caso en materia derechos sexuales y reproductivos.

Los mismos partidos, al igual que el partido Republicano en el norte, están liderados por sectores cuyos prejuicios étnicos y raciales son profundos, sectores cuyo poder, en el caso de Chile, han convertido a nuestra sociedad en una de las más discriminatorias de América Latina, donde el clasismo y racismo constituyen una práctica cotidiana. Esto último se manifiesta no solo en la ausencia total de diversidad etno-cultural en el gabinete de Piñera, dominado por una elite monoétnica de origen europeo, sino también en una política pública marcada por la discriminación racial hacia los pueblos indígenas (a modo de ejemplo, un destacado senador de la coalición de gobierno me señaló hace algunos años atrás en relación a los mapuche que él valoraba mucho a los integrantes de este pueblo, pero reconoció que no le gustaría que su hija se casara con uno de ellos).

Las elites reaccionarias de este país, que conforman el núcleo duro del apoyo al gobierno de Piñera, que acudieron a La Moneda a celebrar la venida de Obama y su esposa Michelle, de ser ciudadanos estadounidenses jamás habrían votado por él para Presidente, tanto por convicción ideológica como por arraigados prejuicios etno-culturales.

Dicho de otro modo más brutal; las elites reaccionarias de este país, que conforman el núcleo duro del apoyo al gobierno de Piñera, que acudieron a La Moneda a celebrar la venida de Obama y su esposa Michelle, de ser ciudadanos estadounidenses jamás habrían votado por él para Presidente, tanto por convicción ideológica como por arraigados prejuicios etno-culturales.

Es posible que Barack Obama desconozca los detalles internos de la política chilena y que, por las exigencias de la diplomacia, termine brindando y amistando con una élite política que representa valores y propone políticas que poco tienen que ver con aquellas que lo llevaron a la presidencia del país del norte.

Lo que el Presidente de Estados Unidos no puede ignorar, no obstante, es que la democracia chilena está lejos de ser vibrante. En efecto, Obama debía haber sido informado que en Chile rige un sistema electoral binominal que excluye a importantes sectores de la posibilidad de estar representados en el Parlamento, y que debido a ello y a los elevados quórums establecidos en la Constitución de 1980, la reforma de esta última es prácticamente imposible; todo lo cual hace que la democracia chilena, lejos de ser vibrante, sea monótona y esté estancada, como lo reconocen la mayor parte de los analistas políticos en el país.

También debía haber sido informado que en Chile rige aún un sistema centralista de gobierno, en que todas las decisiones políticas se toman en la capital, y en donde quienes vivimos en regiones, a diferencia de lo que ocurre en su país con los Estados, no tenemos ninguna posibilidad de tomar decisiones que conciernen a la política o la economía en nuestros territorios.

Tampoco Obama debería ignorar que el Estado chileno tiene serios déficit en materia de derechos humanos como lo ha señalado el propio Consejo de Derechos Humanos de la ONU, del que Estados Unidos es parte. Ello no tan solo en materia de derechos políticos, como el derecho de participación política al que antes nos refiriéramos, sino también en materia de derechos económicos, sociales y culturales, en particular aquellos de los sectores más discriminados, como los pueblos indígenas, los migrantes y las mujeres.

En efecto, la economía abierta que tiene nuestro país, la que el presidente Obama valora, no solo ha resultado en la depredación de nuestros ecosistemas, sino también ha incrementado la brecha entre ricos y pobres en Chile, ubicando a Chile en el lugar duodécimo de entre dieciocho países de América Latina con peor distribución del ingreso (CEPAL, 2005) y a nivel mundial en el decimoséptimo lugar entre 126 países (Banco Mundial, 2006).

Relacionado con ello, lo que no ha sido informado por la prensa en el contexto de la visita de Obama, y que puede explicar la valoración pública que él hace de nuestro país y de sus gobernantes, y en última instancia, su venida a Chile, es que Estados Unidos está invitando a Chile a ser parte de una nueva iniciativa multilateral comercial conocido como “Acuerdo de Asociación de Transpacífico (TPPA)”. Se trata de un tratado de libre comercio promovido por Estados Unidos que contaría con la participación de las grandes economías del área pacífico, incluyendo entre otros países a Australia, Nueva Zelanda, Singapur y Vietnam en el Asia Pacífico, y a Chile y Perú, en América Latina. Se trata de una propuesta cuyas negociaciones avanzan –en febrero pasado se desarrolló en Santiago la V Ronda de reuniones del TPPA con participación de representantes de los estados invitados por Estados Unidos a esta iniciativa-, sin que la población, al igual que en el caso de los más de 50 TLCs y acuerdos bilaterales de inversión anteriormente suscritos, haya sido informada de sus contenidos e implicancias. Menos aún se han generado mecanismos que hagan posible la participación de la sociedad civil chilena –que Obama considera activa- en el proceso relativo a su suscripción.

Se trata de una situación grave, dado que son precisamente los TLCs y acuerdos bilaterales de inversión suscritos por Chile los que han incentivado actividades productivas que han generado graves impactos ambientales y sociales. Ello, en la medida en que Chile se sigue insertando en los mercados globales exportando recursos naturales que son de todos los chilenos y que han sido apropiados por unos pocos, y a que la normativa laboral y ambiental ha quedado subordinada a los compromisos adquiridos en ellos, limitando la soberanía del país en perjuicio de los trabajadores, las comunidades locales y los pueblos indígenas.

Son algunos de los elementos de trasfondo de la visita de Obama de lo que poco se ha dicho, y que, más allá de las celebraciones oficiales, nos permiten entender su visita, su valoración de Chile, y nos deberían llevar a la reflexión como sociedad.

Vasco Moulián / La Segunda

Tercermundismo

Esa omnubilación nacional, ese tercermundismo tan evidente de seguir cada paso de Obama y su esposa como antes lo hicimos con los príncipes de Gales, es una soberana lata. Más cuando los noticieros se farandulizan patéticamente preguntando hasta por los catadores de Obama. Vergüenza ajena.

TVN y Canal 13 comenzaron sus transmisiones especiales con la visita de Obama desde el mediodía.

Y sí, hubo momentos notables. Como el discurso de Michelle Obama en Renca, que comenzó saludando en español. De ahí en adelante todo fue una clase de oratoria. “Yo me crié en un barrio de clase obrera de Chicago. Nosotros no teníamos mucho dinero, vivíamos en un departamento muy pequeño. Pero a pesar de tener muy poco, siempre tuvimos techo y comida”, fueron las primeras frases de la mujer. Luego mencionaría a Pablo Neruda y a Marcelo Salas, para enseguida recalcar que Barack Obama es hijo de madre soltera. Una charla motivacional en vivo y en directo para todo el país. Todo con ese aroma a “sueño americano”. Una mujer con capacidad, carisma y una cercanía única con la gente.

Lo mejor fue la presentación de Los Jaivas, en la Gala, con escasa parte de la audiencia prestando atención. A esas alturas sólo Mega y Canal 13 continuaban con la transmisión. Ni el Negro Piñera parecía muy preocupado por el acto cultural preparado por el Gobierno. Las esposas de los presidentes fueron quienes más disfrutaron del espectáculo.

En el balance de la jornada se debe destacar que Canal 13 enfocó sus esfuerzos en tener especialistas en temas internacionales, economía, seguridad e, incluso, al ex embajador Genaro Arriagada. Una buena forma de contextualizar todo lo que sucedió sin limitarse a las interpretaciones de los periodistas. Siempre es bueno tener expertos que aporten con un conocimiento acabado del tema que se expone. Un punto a favor a la cobertura del canal privado. En una noticia que tenía muy pocas formas de diferenciarse del resto, el 13 consiguió marcar una pequeña diferencia.