VTR, el pluralismo y la cultura

Rafael Cárdenas / Para Observatorio / La prensa nos informa que la empresa de televisión por cable VTR ha decidido suprimir, a partir del 15 de enero próximo, los canales nacionales europeos, TV 5, Deutsche Welle y RAI, con ocasión de la incorporación del canal de 24 horas de noticias de TVN. Anteriormente, al empezar las transmisiones de CNN Chile, VTR ya suprimió el canal CNN en inglés de su oferta de canales.

Esto, primeramente, es un abuso de poder de una empresa monopólica ante usuarios cautivos, lo que resulta especialmente perjudicial en un país como el nuestro, carente hasta el momento del más mínimo pluralismo informativo, propio de una democracia en serio. De hecho, hubo mucho más pluralismo durante la dictadura, cuando se fundaron las revistas Análisis, Apsi, Cauce, Hoy, el Fortín Mapocho y el diario La Época, todos opositores al régimen autoritario. Al inicio de la Transición post dictadura, desaparecieron todos dichos medios independientes, con el beneplácito del Gobierno de Aylwin, que, simultáneamente, favoreció económicamente, a través del Banco del Estado -con el que estaban endeudadas en sumas siderales- al duopolio de empresas El Mercurio-Copesa y con la destinación, hasta el presente, de la publicidad estatal a El Mercurio y La Tercera.

También los canales de televisión están en manos del mismo sector político. Por ello, el reciente nacimiento de CNN Chile, que nos ha traído VTR, ha sido una gran noticia, pero aparece como inexplicable que la misma empresa que nos ofrece este nuevo medio, se disponga a privarnos ahora de los canales europeos que nos han brindado información y buenos programas por todos estos años de carencia nacional.

Ante este abuso, me permito apelar a todos quienes puedan influir para evitar la consumación de este despojo, como son nuestros representantes en el Congreso y los líderes polìticos en general, especialmente, aquellos -encabezados por nuestra Presidenta Michelle Bachelet- que disfrutaron de la acogida de Alemania, Francia e Italia durante su exilio (como podría mencionarse al senador Ominami, al diputado Marco Enríquez-Ominami, al ministro Viera Gallo o al Secretario General de la OEA, Jose Miguel Insulza); a las embajadas de dichas naciones europeas y a los institutos culturales de las mismas en Chile, así como a las comunidades nacionales de tales pueblos en nuestro país; a los periodistas Nibaldo y Tomás Mosciatti, cuya Radio Bio Bio está aliada estratégicamente con CNN Chile, revelándose como un gran aporte en la configuración de dicho canal; a los medios periodísticos en general y al colegio de la orden, así como a las escuelas de periodismo; a Eduardo Tironi, que utiliza abundántemente en ARTV las producciones de la Deutsche Welle (de la que hay que destacar el que transmita su programación no sólo en alemán, sino también en inglés y en castellano y -lo que es aún más meritorio- no únicamente traduciendo sus programas originales, sino realizando producciones paralelas en los tres idiomas, que, en el caso del programa semanal Cuadriga, tiene la conducción del periodista chileno Gonzalo Cáceres, en tanto, en el caso de TV 5, habría que decir que este excelente medio no sólo nos informa sobre Francia, sino que nos da una visión de toda la francofonía, con informativos diarios centrados en la actualidad en Suiza, Bélgica y Canadá.); a Manuela Gumucio, que dirige el Observatorio de Medios Fucatel; a columnistas cultos y sensibles como David Gallagher, Agustín Squella, José zalaquett, Alfredo Jocelyn-Holt, Jorge Edwards, Juan Carlos Altamirano y todos aquellos que se sientan agredidos por este despropósito; al Consejo Nacional de la Cultura y de las Artes, presidido por la ministra Paulina Urrutia, y, en general, a todos los que abogan por el pluralismo y la cultura, tan ausentes de nuestra televisión nacional actual y que quieran adherir a este llamado.