100 años de prensa en Chile: una historia complicada

Observatorio de Medios / Se acaba de lanzar, en la Feria Internacional del Libro, “Cien años de prensa en Chile”, recopilación de ensayos ganadores en el concurso convocado por el Círculo de Periodistas con el auspicio de la Municipalidad de Santiago y la Universidad Diego Portales. Entre los textos, destaca un estudio sobre los orígenes de la prensa de mujeres en nuestro país, de Claudia Montero que obtuvo el primer premio; un análisis de la conflictiva relación  entre el periodismo y el pueblo mapuche, del historiador Severo Augusto Samaniego, y una revisión de 100 años del periodismo nacional, realizada por el doctor en comunicaciones de Lovaina, Héctor Vera, donde se analiza la cruzada ideológica de la prensa conservadora en Chile durante el último siglo.


El libro, según los organizadores del concurso de ensayos (que dirimió un jurado integrado, entre otros, por el Premio Nacional de Literatura Alfonso Calderón), pretende ser un aporte a la reflexión sobre los medios y la prensa en Chile, al conmemorarse los cien años de existencia del Círculo de Periodistas de Santiago, fundado el 25 de agosto de 1907 por un grupo de entusiastas redactores y colaboradores de diarios, que dieron origen a la primera organización chilena de los profesionales de la noticia.
Ponemos a disposición de ustedes el prólogo escrito por el poeta, periodista y magister en Filosofía Política, Hernán Miranda, quien, en el texto preliminar, medita sobre el rol de los comunicadores sociales ante los “múltiples desafíos derivados de los cambios tecnológicos y los procesos de globalización” y propone entender el libro como “un instrumento que contribuye a estimular el surgimiento y perdurabilidad de la prensa de calidad que el país requeriría”.

 PRÓLOGO DE 100 AÑOS DE PRENSA EN CHILE

 El registro, análisis o tratamiento de los hechos de cada día constituye una producción intelectual destinada por definición a morir al día siguiente o quizás un instante después de publicada, en una suerte de monumentalidad de lo efímero. Sin embargo, la suma de trabajos tan perecibles va moldeando las percepciones colectivas del mundo que nos rodea, incluso estimulando las fantasmagorías y espejismos que a menudo perturban la vida de las comunidades.

 A la vez, inextricablemente, cada publicación, siendo pasiva depositaria de las inquietudes e intereses que giran en torno a cada medio, es también protagonista, un sujeto con nombre propio, con un estilo, personalidad y una existencia aparentemente autónoma, un ente que en épocas de conflicto puede adquirir tanto las características de un monstruo amenazante como de un benévolo portador de las buenas nuevas y de las promesas de felicidad general.

 En último término pero no menos importante, la prensa –especialmente la impresa sobre papel- va dejando una huella que nos permite conocer de primera mano las expresiones, omisiones o deformaciones de la realidad de cada momento. Es en tal sentido testimonio y depositaria de la memoria colectiva de los países y del mundo y, por tanto, instrumento insoslayable para los estudios históricos y, en general, de los cientistas sociales y estudiosos de la comunicación.

 La existencia de la prensa como fenómeno cultural, ideológico, empresarial o tecnológico tiene su contrapartida en quienes realizan la labor de buscar, seleccionar, jerarquizar o presentar las informaciones y otros contenidos que dan forma a un periódico u otro medio de comunicación. Periodista es el término genérico con que se viene designando hace mucho tiempo a quienes realizan esas labores, un oficio que se fue especializando más y más al paso de los años (uno de los personajes de las películas del Far West es el periodista, mezcla de redactor y tipógrafo, con una visera sobre la frente y manguita sobre la camisa que redacta las noticias y se encarga de componer los textos en la pequeña imprenta, no muy distinto de la labor que cumplía Luis Emilio Recabarren a comienzos del siglo 20 en los humildes periódicos de los obreros salitreros).

 La creación del Círculo de Periodistas es indicativa de un momento en que esta emergente especialidad laboral estaba tomando conciencia del valor y especificidad de su hacer. Una fotografía que se conserva en la biblioteca del Círculo documenta ese instante en que una veintena de redactores y colaboradores de diarios y revistas participaban el 25 de agosto de 1907 en una reunión destinada a dar origen a la primera organización chilena de los profesionales de la noticia, una institución que logró sobrevivir al paso de las décadas, incluyendo una etapa en que cayó en total inactividad y debió ser más tarde refundada, y a la que le correspondió un rol decisivo en la campaña nacional destinada a conseguir la conversión del periodismo chileno en una especialidad de formación universitaria, lo que empezó a hacerse realidad con la apertura de la primera Escuela de Periodismo, en la Universidad de Chile, en 1953, a lo que siguió la creación del Colegio de Periodistas en 1956.

 Como en todo el mundo, el periodismo chileno empezó siendo un oficio que se fue configurando y definiendo al correr de las décadas, a partir de un accionar doctrinario de trinchera, una afición para lucimiento de diletantes o también  trabajo para intelectuales reclutados como redactores, como el mismísimo Rubén Darío, que en los años ’80 del siglo 19 trabajó en el diario “La Época” (uno de los varios periódicos chilenos que han llevado ese nombre).

 Desde luego, no parece casual que el primer intento de organizar a los periodistas ocurriera a comienzos del siglo XX. Es un período en que se incorporan modernas tecnologías de impresión y surge la empresa periodística concebida como negocio, alentada por el auge del salitre y una gradual disminución de los altos niveles de analfabetismo.

 La prensa chilena en los últimos cien años fue testigo fiel o infiel, o también víctima, de lo que ocurría en el país y en el mundo (incluidas dos guerras mundiales, la recesión de 1929 y otras graves crisis económicas, y el golpe de Estado de 1973), siempre sometida a fuertes tensiones. Por cierto, situaciones límites se vivieron en las décadas del ’70 y ’80, incluido un largo período de dictadura que dejó dolorosas huellas y traumas entre los periodistas (un Memorial inaugurado recientemente en el edificio del Círculo de Periodistas honra a una treintena de profesionales asesinados entre 1973 y 1990)). Como se sabe, este reciente doloroso proceso histórico puso en tensión las capacidades de investigación, análisis y denuncia, y la responsabilidad ética, de muchos periodistas que nos han legado una extensa y honrosa bibliografía sobre la materia.

 En cuanto al Concurso Nacional “Cien años de prensa en Chile”, hemos comprobado que en su conjunto los trabajos presentados denotan una preocupación y un compromiso no sólo por la significación de  los medios de comunicación en cuanto tales sino respecto de su enorme gravitación sobre la situación total presente y futura de nuestro país.

 En el caso de los ensayos incluidos en este libro dan cuenta críticamente del proceso vivido por la prensa chilena en el último siglo, haciéndose cargo lúcidamente de aspectos o temáticas no debidamente profundizadas hasta ahora. Así, en el trabajo que obtuvo el Premio Único del concurso (dotado con tres millones de pesos) se aborda la prensa de mujeres, cuyo gran desarrollo entre fines del siglo 19 y hasta mediados del 20 se vincula de modo directo con las luchas tendientes a la conquista del sufragio, mejores condiciones laborales y otros derechos civiles para el universo femenino. Asimismo, otro trabajo enfoca el rol cumplido por la prensa en relación con las demandas del pueblo mapuche, mientras que un tercero rastrea el comportamiento de la gran prensa en distintos momentos del último siglo, con hallazgos esclarecedores. Por último, otros autores se centran en la figura de los periodistas y los cambios culturales y tecnológicos que han debido experimentar, al paso de las décadas y distintos escenarios.

Este conjunto de ensayos nos permite una valiosa aproximación a un campo de estudios que necesitaría con urgencia de más investigaciones. Hay muchos otros temas que están a la espera de nuevas miradas y revalorizaciones. En ese sentido, el Concurso Nacional de Ensayo del Círculo de Periodistas de Santiago ha fijado, sin duda, una línea que no debería discontinuarse.

El periodismo, que es uno de los ámbitos de la vida cultural más ligados a la marcha de la sociedad, está sometido hoy a múltiples desafíos y nuevas posibilidades derivadas de los cambios tecnológicos y los procesos de globalización. El estudio crítico de las etapas vividas en el pasado tendría que ser, pues, un instrumento permanente que contribuya a estimular el surgimiento y perdurabilidad de la prensa de calidad que el país requeriría.                                                                                          

Hernán Miranda Casanova

Hernán Miranda, durante un taller en el Observatorio de Medios
Hernán Miranda, durante un taller en el Observatorio de Medios