Reflexiones en torno al rol del debate presidencial en Francia

A la hora del triunfo del socialista François Hollande el domingo 6 de mayo, vale la pena recordar el importante rol que jugó el debate presidencial  4 días antes de la fecha decisiva.

 

A pocos meses de las elecciones municipales en Chile, el debate francés nos recuerda la importancia de estos encuentros. El debate televisivo puede llegar a contribuir con el deber público de informar sobre los proyectos de país de cada candidato, y por lo tanto entregar los elementos para juzgar y elegir de manera responsable a nuestros representantes, sin embargo en Chile todavía nos queda mucho por avanzar en ése sentido, y por aprender de las experiencias de democracia y televisión en otros países.

Fucatel, 07 de mayo de 2012,

Casi 18 millones de personas, alrededor de un tercio de la población francesa, vió en televisión el debate presidencial realizado el día 2 de mayo entre los candidatos Nicolás Sarkozy, actual presidente de derecha, y el socialista François Hollande, quienes se encuentran en las urnas este domingo en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales.  El debate se realizó  en el canal público francés ‘France 2’, y fue televisado en  horario prime contando con la moderación de dos importantes figuras del periodismo francés.

Calificado por los medios franceses y extranjeros como un encuentro ‘enérgico e incluso agresivo’, ‘vigoroso’y “de alto nivel político’,  durante casi 3 horas se abordaron temas de contingencia francesa como inmigración, economía, política exterior e instituciones. Fue seguido de cerca por la prensa escrita y por miles que lo comentaban minuto a minuto a través de las redes sociales. En un primer momento se consideró que el debate reafirmó  como ganador a Hollande, quien corría con una ventaja de alrededor de 6 puntos en las encuestas, sin embargo a tres días de las elecciones se produjo un leve aumento a favor de Sarkozy atribuible al televisado encuentro.

El debate contó con una escenografía diseñada especialmente para el encuentro, que ubico cara a cara a ambos candidatos, quienes se vieron obligados a hablarse de frente. Las cámaras de cada uno de los candidatos evitaron mostrar la calvicie de Hollande y la nariz de Sarkozy, pero mostraban cada reacción ante las acusaciones, ideas o diferencias que aparecían entre ambos. El plano general dejaba ver, junto con los dos candidatos de perfil y los moderadores de frente, dos grandes cronómetros que  indicaban el tiempo de exposición de los candidatos, los cuales, a diferencia de los debates en  Chile, indicaban el tiempo de exposición de cada uno, y no un límite de 1 o 2 minutos de tiempo para responder preguntas. Ambos candidatos se vieron obligados a encontrarse y enfrentarse, y al calor del debate llegaron a realizar acusaciones cruzadas de alto calibre como la de “Islamofóbico” de parte de Hollande a Sarkozy, y de “pequeño calumniador” de parte de Sarkozy a Hollande. Fue un debate interesante, entretenido, largo,  emocionante, y comentado por todos los medios alrededor del mundo.

En Chile, los debates son televisados por cadena nacional,  se dan en horario prime, y al igual que en Francia, tienen altos niveles de audiencia. Sin embargo, las características de los debates son muy diferentes. En la televisión chilena, tanto las entrevistas políticas como los debates han adoptado un estilo rígido y muy pauteado. En general, los últimos debates presidenciales en Chile son entrevistas simultáneas que se les hacen a los candidatos, sin que ni siquiera deban responder sobre los mismos temas. Sin gran despliegue escenográfico, los candidatos son ubicados en podios uno al lado del otro, frente a un grupo de periodistas sentados tras un gran escritorio, en una disposición espacial que los hacen parecer “jueces” de los candidatos. Cada uno tiene pequeños espacios de tiempo para responder preguntar específicas, y sólo se produce una suerte de “encuentro” de ideas, cuando los candidatos son invitados a referirse sobre el mismo tema. Los candidatos parece que se enfrentan con los periodistas, y no entre ellos. No existe una instancia en que los presidenciables puedan enfrentarse, preguntarse y argumentarse de manera cruzada, y menos cuentan con el tiempo suficiente para poder desplegar y comparar sus programas de gobierno, visiones de la realidad, soluciones, etc. A veces son invitados a comentar un punto específico sobre el programa del otro, a veces no. En el debate chileno es el periodista quien lleva el ritmo y no los candidatos. Este tipo de debates no parecen contribuir de manera sustantiva a los candidatos y sus proyectos, sino que a conocer las respuestas que prepararon los candidatos junto con sus comandos, a las preguntas previamente acordadas con los canales de televisión.

 

 

En Chile, por lo tanto, la experiencia de los debates políticos televisados está al debe. Es importante posicionar la importancia y el interés público y social de un buen debate presidencial en televisión. Un debate que da el tiempo suficiente a los candidatos para exponer sus diferentes posturas, posiciones y visiones de mundo, capaces de responder al interés ciudadano de conocer a los candidatos que se debaten los cargos públicos en las urnas. Y más aún, que permitan que estas posturas se encuentren y enfrenten, se contradigan, se defiendan; pues en el desacuerdo y enfrentamiento radica la base de lo política, y un buen debate podría (por qué no) contribuir en la legitimación de ella.