Bañados, las elites, la televisión y ser educado

Juan Costeau, La Nación

Estamos en un periodo bisagra. Mientras varios canales apuntan a sumar más horas de farándula bajo el pretexto de “la gente quiere llegar a su casa y relajarse”, el pensamiento, la discusión y la cultura es un bien cada vez más utópico en pantalla.

A raíz del estreno de la película “No”, varias voces de esa época han vuelto, por estos días, a la contingencia. El caso más emblemático es el de Patricio Bañados, rostro de la franja opositora a Pinochet, y que en cada una de sus entrevistas ha mostrado un desánimo y desesperanza por lo que fueron la Concertación y los empresarios chilenos.

Con la distancia de los 24 años que separan la derrota del ex dictador y el actual escenario, la voz de Bañados asoma categórica y verdadera. Dice que en Holanda, país al que llegó en 1963, existía un programa nocturno diario que enseñaba inglés a la población.

Una idea disparatada al adaptarla a nuestro país, ya que según él, “nuestras clases dirigentes desprecian al pueblo chileno, nos ven como una tropa de imbéciles”.

Cuando propuso que la programación sabatina de TVN durante el gobierno de Aylwin fuera dedicada íntegramente a la cultura, la negativa fue rotunda. “Querían que la televisión fuera un elemento de distracción, más o menos frívolo, sin ninguna orientación”, señala.

Sus opiniones tienen veracidad en la realidad. Hace unas semanas, en una entrevista al diario “El Mercurio”, Jaime de Aguirre, el creador del jingle de la franja del “No” y actual máximo ejecutivo de Chilevisión, aseguró que “no creo en la televisión como medio educativo”.

No es el único caso: varios bancos también lo creen. Mientras sus clientes están en las filas, los entretienen con insípidos videos de gente durmiendo en distintas posiciones; mostrando a un gato que es amigo de un perro o a un tipo resbalando en el borde de una piscina. Como si fuera un eterno “Video Loco”.

Estos excesos de banalidad ponen en alerta el rol de los nuevos y multimillonarios administradores de los canales privados. ¿Qué buscan los Luksic y los Solari al manejar Canal 13 y Mega respectivamente? ¿Sólo mejorar su imagen pública? ¿O pensar como de Aguirre y algunos bancos y mostrarnos trivialidades y lograr que las personas cada vez tengan menos poder de reflexión y no descubran la belleza?

Hasta hace unos años, Ricardo Claro, un hombre que se ufanaba de anticiparse al devenir económico del mundo, jamás profundizó en darle notoriedad intelectual a su canal, Mega. Más bien, hizo todo lo contrario. Su estación se convirtió en el sinónimo de la ordinariez televisiva según las denuncias que fue acumulando en el CNTV.

Estamos en un periodo bisagra. Mientras varios canales apuntan a sumar más horas de farándula bajo el pretexto de “la gente quiere llegar a su casa y relajarse”, el pensamiento, la discusión y la cultura es un bien cada vez más utópico en pantalla. Al parecer, Bañados tenía razón.

Ver desde sitio de origen