Becas Valech y el negocio de la educación

cabalinCristián Cabalín /  Periodista, magister en Antropología / El programa “Esto no tiene nombre” de TVN dejó en una posición muy incómoda a la UNIACC. Se cuestionaron abiertamente sus procedimientos para atraer a los beneficiarios de las llamadas Becas Valech.

Según el reportaje, algunas de las víctimas de torturas y prisión política durante la dictadura de Pinochet han sido sometidas a un nuevo sufrimiento, esta vez relacionado con sus expectativas de desarrollo personal.

Los afectados denuncian que bajo engaño fueron incorporados a programas de estudios de dudosa calidad, por los cuales la Universidad de las Comunicaciones cobró altos aranceles al Estado.

La UNIACC se ha defendido, argumentado que sus cursos fueron aprobados por el Ministerio de Educación y que han tenido muy buenos resultados. Lo cierto es que la duda ya se instaló. Se anuncia ahora una investigación por fraude al Fisco, tras un requerimiento de la diputada Karla Rubilar.

Es de esperar que verdaderamente se aclaren estos sucesos, para despejar las sospechas instaladas sobre la UNIACC y otras universidades privadas, afectando seriamente su credibilidad. No obstante, los cuestionamientos no tienen que ver con su carácter de privadas, sino por su funcionamiento en determinados episodios.

En el mundo conviven instituciones públicas y privadas de educación superior, demostrando que es posible combinar ambos sistemas si se consideran siempre criterios académicos y sociales.

Las universidades públicas son instituciones poderosas en los países más desarrollados, porque se espera que ellas garanticen valores como el pluralismo, la diversidad y la integración social, donde prime también la excelencia académica, tal como en las grandes universidades particulares.

Por ello, el debate en nuestro país debe estar centrado en la calidad de las instituciones de educación superior y no solo en una disputa entre públicas y privadas.

Desde la explosión de universidades en los años ochenta, el sistema universitario chileno se ha hecho mucho más complejo y competitivo. Sin embargo, no se han dado saltos cualitativos en la relevancia académica de estas instituciones.

Las universidades de Chile y Católica son las únicas nacionales que aparecen dentro de las 500 mejores universidades del mundo, aquellas que hacen investigación, docencia y extensión de alto nivel. Una pública y una privada, tal como ocurre entre las 100 primeras universidades del planeta, donde la estructura de propiedad no importa, sino más bien sus resultados académicos son determinantes.

En Chile hay varias universidades que también cumplen con esos estándares, pero hay muchas otras que ni siquiera los consideran, porque sus dueños están más interesados en rentabilizar las inversiones a través de engorrosas fórmulas financieras que les permiten obtener ganancias.

Sin embargo, las universidades deben ser valoradas en su capacidad para generar conocimientos y no en sus recursos publicitarios. En la calidad y cantidad de sus académicos y no en el número de captadores o vendedores que poseen. En el impacto y aporte a la sociedad de sus profesionales y no en los “rostros” que participan en sus campañas en época de matrícula. Solo así, se fortalecerá el sistema universitario chileno.