Capa, reportero gráfico del siglo XX

Las instantáneas más célebres de Robert Capa se reúnen en una antología de bolsillo que permite recorrer la historia gráfica de medio siglo XX. El miliciano que cae abatido en el cerro Muriano el 5 de septiembre de 1936, en los primeros compases de la Guerra Civil. Meses después, varios cadáveres yacen desperdigados en un páramo de Teruel en diciembre de 1937. Y ya siete cruciales años más tarde, la imagen desenfocada de los soldados aliados que avanzan a través de las olas en Omaha Beach, en el desembarco de Normandía, que liberaría definitivamente Europa del yugo del Eje. Son imágenes que describen algunos de los momentos cruciales del siglo XX. Y todas las tomó un compacto reportero gráfico estadounidense de origen húngaro, Endre Ernö Friedmann, más conocido como Robert Capa (Budapest, 1913-Indochina (actual Vietnam), 1954).
Considerado como el mejor fotógrafo de guerra, sus imágenes más contundentes se reúnen ahora en Robert Capa (Lunwerg), un volumen de bolsillo que muestra 68 instantáneas que equivalen a recorrer los acontecimientos decisivos de la primera mitad del siglo XX. Desde la que muestra a un enfervorecido León Trotsky durante una conferencia en Copenhague sobre la historia de la revolución rusa, en 1932, hasta la serie que recoge el clamor popular en París, con niños y adultos con el puño en alto, tras la creación del Gobierno de Frente Popular, en 1936. Durante aquellos años, el joven Friedmann conoció a los otros grandes fotógrafos del siglo: Henri Cartier-Bresson y David Seymour, con los que luego crearía la legendaria agencia Magnum. La antología se completa con una introducción de Jean Lacouture, más una breve reseña biográfica y bibliográfica.

Mención especial merece el grupo de instantáneas sobre la Guerra Civil. Como la del grupo de refugiados que se cobijan del conflicto en la parada de metro de Gran Vía, en Madrid, en 1936. Ese mismo años, Capa perdió a su compañera y fotógrafa Gerda Taro, que falleció tras ser atropellada por un tanque. El infatigable Capa siguió recorriendo aquel país roto. Otras de sus grandes imágenes es la de la multitud que asiste, puño en alto, a la ceremonia de despedida de los voluntarios de las Brigadas Internacionales, en Barcelona, el 25 de octubre de 1938. Las imágenes de Capa (nombre que adoptó en 1935) daban a conocer al mundo lo que sucedía en España, a través de revistas ilustradas como Life, Colliers y Holliday.

Tras el fin de la contienda en España, Capa se traslada a China, donde retrata los primeros enfrentamientos del gigante asiático con el Japón imperial. Luego llegaría la II Guerra Mundial. Capa viajó empotrado con las tropas aliadas en el desembarco de Sicilia, en 1943, y asistió al otro gran acceso al continente europeo que dominaban las fuerzas del Eje. Fue en la playa de Omaha, en Normandía, donde Capa fotografió el avance casi suicida de los aliados hacia la costa francesa. Tres de aquellas imágenes desenfocadas se recogen en el libro, que muestra también los cadáveres amontonados de los soldados abatidos, justo después del desembarco, ante la mirada de los lugareños.

Luego llegaría la liberación de París. Capa registró la felicidad de la capital francesa al recibir a las tropas aliadas, el 26 de agosto de 1944, e incluso retrató a un general Charles de Gaulle, saludado por el gentío. El itinerario gráfico de la antología continúa con el avance aliado hacia el Este, con despliegues de paracaidistas y escaramuzas con francotiradores para conquistar las ciudades alemanas, como la de Leipzig, el 18 de abril de 1945, y con una impresionante panorámica del ghetto de Varsovia completamente arrasado, en octubre de 1948. Poco después viajó a Palestina. Allí fue testigo de la llegada de los centenares de supervivientes judíos de Europa que acudían al recién nacido Estado de Israel.

Capa era infatigable. Su inquietud lo llevó años después hasta el sureste asiático, nuevo escenario del enfrentamiento entre las grandes potencias mundiales. La última imagen del libro es una toma de la carretera de Thai Binh, en Indochina (actual Vietnam), del 25 de mayo de 1954. Iba a ilustrar un reportaje para la revista Life. Se ve a varios soldados avanzando a través de un campo abierto. Capa seguía de cerca, como siempre. “Si la imagen no es buena, es que no estás lo bastante cerca”, solía ser su lema. Ese mismo día y en ese mismo lugar, Robert Capa pisó una mina que acabó con su vida.