Chile necesita un debate urgente sobre ética

Las ONG realizamos un importante trabajo en muchos territorios y espacios diferentes, junto a comunidades muy diversas y en distintos contextos económicos, sociales y políticos. Sabemos que nuestra legitimidad se basa fundamentalmente en la calidad de nuestras acciones y en el reconocimiento de las personas con y para las que trabajamos. Por este motivo, nos interesa mantener y acrecentar esta legitimidad, respondiendo a desafíos y preocupaciones emergentes que nos estimulan a profundizar en las responsabilidades inherentes a nuestra misión.

Es por ello que mediante el Código de Ética que dimos a conocer públicamente esta semana, deseamos clarificar nuestra identidad y perfilar con mayor nitidez nuestros objetivos y procedimientos, ya que el rol y el modo de funcionamiento de las ONG es hoy mucho más complejo que cuando nuestras organizaciones comenzaron a desarrollar su labor. La mercantilización y fragmentación de las relaciones sociales y políticas amenaza en la actualidad a todas las instituciones, y parece trivializar la degradación de la convivencia en sociedad.

Por medio de las normas, directrices y estándares contenidos en este texto, buscamos reencantar permanentemente nuestro trabajo, impulsando un marco de buenas prácticas que nos permita hacer frente a un contexto cada vez más desafiante para quienes creemos en la posibilidad de superar las injusticias e inequidades en América Latina.

Se trata de un documento que es fruto de varios años de deliberación y reflexión participativa al interior de la Asociación. Lo suscribimos de forma voluntaria, con el fin de vivir con mayor radicalidad nuestros valores e ideales fundacionales. Deseamos incrementar nuestra transparencia a nivel interno y externo, potenciando nuestra eficiencia y eficacia, basada en una forma de convivialidad que rechaza la competitividad excluyente y la funcionalización de las relaciones humanas.

Sabemos que para construir un país diferente debemos partir por hacer coherentes nuestras mismas estructuras y modos de vivir y funcionar. Por eso, este código invita a prefigurar otro Chile posible, en cada una de nuestras actuaciones, diseñando y promoviendo actitudes de solidaridad y colaboración, basadas en una ética del cuidado y el “buen vivir”. Esta ética supone una forma de convivencia donde los ciudadanos y ciudadanas puedan “vivir bien”, en igualdad, reciprocidad, y complementariedad, de cara a un futuro de bienestar compartido y en armonía con la naturaleza.

Nos comprometemos a aplicar de forma progresiva el presente Código en todos nuestros proyectos, actividades y procesos. Este compromiso no pretende sustituir otras cartas o marcos de referencia a las que las organizaciones firmantes hayamos adherido. Su adopción tampoco impide a nuestras organizaciones aplicar o apoyar otros instrumentos para el incremento de la transparencia y la responsabilidad.

El Código de Ética de las ONG asociadas a ACCIÓN es un aporte al desarrollo de capacidades y experiencias que enriquezcan tanto a nuestras instituciones como a otras organizaciones de la sociedad civil, potenciando habilidades y competencias de discernimiento, sensibilidad y reflexión crítica.

Sabemos que nuestro rol es complementar, pero en ningún caso sustituir, el papel del Estado en cuanto a la promoción del bienestar integral de las personas, la defensa de los derechos humanos y la protección de los ecosistemas. Al mismo tiempo, estamos comprometidos en fomentar y exigir la responsabilidad del sector privado en torno a un desarrollo humano, inclusivo, y sostenible.

Por estas razones, este Código hace explícitos nuestros compromisos, en función de lograr de parte de los actores estatales y empresariales compromisos similares.

Creemos en la interdependencia de las responsabilidades sociales, y por ello -conscientes de las debilidades y fortalezas de nuestras ONG- nos sentimos con la obligación de promover una red de relaciones en las que se reconozca de un modo contextual, pertinente y diferenciado, nuestro rol específico como instituciones de la sociedad civil. Este Código de Ética es un instrumento privilegiado en este objetivo, que debe ser complementado mediante el establecimiento de un marco legal que regule y clarifique el papel de las ONG en la vida nacional. Aspiramos a que la pronta aprobación del Proyecto de Ley sobre Asociaciones y Participación Ciudadana en la Gestión Pública cumpla con esta tarea, y permita relevar el aporte de la ciudadanía organizada en una sociedad democrática.

Contar con un instrumento como este Código es una inmejorable posibilidad para dar mayor densidad ética y social a nuestra labor. El desafío es ahora apropiárnoslo, conocerlo, interiorizarlo, de manera que sus palabras se hagan acción, en cada una de nuestras ONG.

*Álvaro Ramis es presidente de ACCION, asociación Chilena de ONGs.