Fake news: cuando las emociones deforman los hechos

Por Manuela Gumucio
Directora de FUCATEL

Junto con recomendarles la lectura del medio digital de aparición semanal observatoriodemedios.cl ,compartimos el siguiente artículo que busca una explicación para la proliferación de las noticias falsas. Lo que parece más plausible como interpretación es que la carga de emociones y de «deseo» que transmiten las redes sociales tiende a hacer poco importante los hechos que sustentan las noticias, termina  imponiéndose la ilusión  de que las cosas sean de una manera distinta a  la realidad. 

El cáncer de las noticias falsas

15 Enero 2019

En su edición de la semana del 10 al 16 de enero 2019, la importante revista francesa, Le NOUVELLE OBS, dedica su portada al CANCER DE LAS FAKE NEWS. Destaca 7 infox (informaciones tóxicas) del año 2018 en Francia.

Sería interesante hacer ese ranking para Chile. El caso Catrillanca ha sido bastante rico en desinformación e información falsa. Los debates sobre el aborto, los inmigrantes y la educación han estado poblados, también, de ideas derechistas manipuladas a través de las redes, con falsas identidades.

Se habla de un verdadero contagio de este control de las ideas que se concentra, ahora, en temas de importancia central como la inmigración, el anti semitismo, el escepticismo frente a las vacunas, el desprecio por el cambio climático… Este fenómeno no tiene nada que ver con el totalitarismo que se ordena siempre en torno a ideologías que buscan llegar a un objetivo.

El fenómeno ha sido catalogado como  un brote de ideas complotistas. La Universidad de Cambridge acaba de hacer una investigación en 9 países europeos, que evidencia altos porcentajes de desconfianza en la información que reciben de sus gobiernos y de las instituciones los grupos estudiados y la aprobación de ideas históricamente rechazadas por esos países. La revista informa, con detalles, como en Velés, una pequeña ciudad de Macedonia, se fabricaron fakesnews para la campaña de Trump y como hoy sigue siendo un negocio lucrativo. El abogado Tale Arsov, dueño de la empresa que infectó las redes para Trump concede entrevistas para vanagloriarse: “Teníamos 30 millones de páginas vistas por mes, más que todos los medios macedonianos”. Una rentabilidad que los periodistas del Nouvel Obs no pueden exhibir. Le parece absurdo que le enrostren los artículos mentirosos sobre Obama o la hija de Clinton: “Publicamos 20.000 artículos y me hablan de esto” alega.

Las noticias falsas son también tema en Chile . La mayoría de las referencias tienden a a tratar el fenómeno como  una moda, sin profundizar  su gravedad. O con esa clásica alucinación frente a las nuevas tecnologías que obnubila a algunos intelectuales modernos.

Puede que los algoritmos y el alcance masivo  sean efectivamente nuevos, pero el uso de los medios para lograr el poder es viejo como el mundo. Es lo que reiteradamente se ha hecho a lo largo de la historia. Ponerle nombres a estos fenómenos como post verdad o fakes news confiere  glamour a una vieja práctica y sirve para distraer la atención sobre el daño gravísimo que esta confusión entre la verdad y la mentira, lo posible y lo real, está provocando en las democracias del mundo. Lo que quizás sea nuevo es que la manipulación se apoya en la emocionalidad (me gusta, los insultos, los sentimientos, etc) legitimando la violencia. La vieja costumbre de apoyar la opinión en hechos, ha sido abandonada.

 

Muchos intelectuales están hoy publicando sobre el tema. El pretender POSEER LA (única) verdad es algo muy pretencioso y ha sido el objeto de la discusión desde los filósofos griegos hasta ahora. El punto para la filósofa, Myriam Revault de Allones, que acaba de publicar “La debilidad de lo verdadero” (La faiblesse du vrai, Seuil, octubre 2018) es la pérdida del ESPÍRITU CRÍTICO.

El término de pos verdad apareció oficialmente en el diccionario de Oxford en 2016 y se definió así:

“Aquello que da cuenta de las circunstancias en las cuales los hechos objetivos tienen menos influencia que aquellos que convocan las emociones y las creencias personales”

Con el fin de las ideologías como fondo, la irrupción del terrorismo y de una industria de la contra información como son las redes sociales, se ha instalado el sentimiento que nadie sabe en qué mundo vivimos, cual es el lugar de cada uno o si tenemos alguno, ni si preguntárselo vale la pena o es solamente el producto de nuestra angustia.

Lo que hace la ola de informaciones falsas es confirmar aquello que  grupos sociales, en particular los indignados  piensan que ocurre, no importando si es real o falso o algo que imaginan como posible ( verosímil, pero no verdadero) y con eso se autorizan  para opinar, sin fundamento, desde lo más profundo del “corazón”, desde el sentimiento puro.  No se  requiere  tener razones sobre las causas de la situación que provoca su ira, ni nociones sobre los caminos para solucionarlas.

El objetivo actual de todo este desprestigio permanente de la política y de las instituciones lleva al éxito a  personalidades como  Bolsonaro, Macri, Trump, pero el fenómeno no responde a un modelo identificable.  Es un estado de ánimo. Es notable, por ejemplo en Chile, como ,hasta gente informada, reenvía un mensaje que denuncia las millonarias pensiones de los parlamentarios. Una fake new: los parlamentarios no reciben pensiones; están sometidos al mismo régimen que todos los chilenos, pero la noticia es demasiado coherente con el prejuicio existente sobre sus privilegios. ¡Qué importa que sea mentira!, se dirán seguramente los que la reenvían satisfechos.

 

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