Daniel Muñoz: “Lo peor sería tomar un color político”

La Nación / “Los 80” terminó con 27 puntos de rating y los Herrera-López divididos políticamente. Según Muñoz lo que viene es “la evolución de los personajes en un país convulsionado”. A las 00:30 de la madrugada del lunes, muchos televisores en Chile seguían encendidos. En la mesa, Juan Herrera, el personaje que interpreta Daniel Muñoz, le grita “¡siéntate mierda!” a su hija izquierdista y cachetea a su hijo facho: “Antes que sus profesores en la universidad y en la Fuerza Aérea, todo lo que son lo aprendieron en su casa”, les recuerda.

La sintonía premió con 27 puntos de rating promedio al último capítulo de la primera temporada de “Los 80”, uno donde la polarización política llegó al comedor de la familia Herrera-López y abrió la puerta a años, aún más duros, para un padre que intenta mantenerse al margen de los eventos sociales.

“Toda la serie está planteada para culminar en esta escena”, explica Muñoz, “porque se define el rol de cada uno, los hijos se desbandan, el entorno familiar se fisura y empieza a conspirar contra este cuerpo de cinco personas, que no habían sido tocadas aún”.

-¿Cómo fue su grabación?
-Fueron varias horas, tomas y ángulos. Como el texto venía armado llegamos bien preparados y como fue una de las últimas escenas en grabar, se aprovechó la carga de los personajes. Terminamos agotados, pero la serie completa es un drama: La escena del despido de Juan es 100% dramática y cuando la hicimos, Boris (Quercia) terminó llorando.

-¿Te emocionaste con algunas escenas?
-La historia del padre de Juan es la mía. Pero no involucré emociones personales, sino que imaginé cómo lo haría Juan. Así y todo algo mío quedó, llegaba de muy cerca la recomendación. La situación económica también me tocó como hijo de una familia modesta que vivió la crisis económica en esos años. La realidad del Gobierno militar era bien cubierta en San Fernando, tuve que llegar a Santiago para darme cuenta de lo que pasaba.

-¿Cómo te llevaste con la neutralidad política de Juan Herrera?
-Hay una política que se ha ido siguiendo en la serie: una neutralidad aparente, donde lo que falta lo pone el público. Al tener esa apariencia, los problemas atraviesan a esta familia con más fuerza y ésta actúa como catalizador; lo peor que podría pasar es tomar un color político, creo que en Chile falta entregar una opinión diferente, un punto de encuentro.

-¿Los cacerolazos anticipan una definición de tu personaje para los años 83, 84 y 85 que vienen en la siguiente temporada?
-Puede ser, no lo tengo claro. Es una decisión que se toma entre todo el equipo. Muchos vivían en una burbuja y recién se daban cuenta cuando los hechos los tocaban.

-Pero la polarización política ya entró a la vida de Juan.
-Yo no habría hecho lo que hizo el personaje con sus hijos y a la productora de la serie le ocurrió algo similar: con su marido apoyaron la decisión política de su hijo contra la dictadura y le chocó la escena donde Juan se opone a un acto tan noble como el de la hija. La idea es mantener el espíritu de nuestra sociedad, que hasta hoy está quebrada, que le falta la reconciliación.

-¿Cuál será el paso de la serie para lo que viene en 2009?
-La evolución de los personajes. Qué pasa con la relación familiar ahora que los hijos tienen posiciones definidas en una ciudad que se empieza a convulsionar, o qué pasa con el personaje que interpreta Daniel Alcaíno.

-Ya anticipó que no se quedará de brazos cruzados. ¿Tomará la lucha armada?
-No puedo decir a ciencia cierta lo que va a pasar en la serie, son posibilidades factibles. Tendremos que trabajar en función de no repetir lo mismo. Lo que viene es más intenso.