Debate en internet por comentario de Villegas sobre saqueos

saqueo en superObservatorio / Una reciente columna de Fernando Villegas sobre los saqueos en Concepción después del terremoto generó varias respuestas desde el mundo de las ciencias sociales. Manuel Ossa, investigador del Centro Ecuménico Diego de Medellín, cuestiona en un artículo el concepto de delito que maneja Villegas y su intento de atribuir el pillaje a una mezcla entre desigualdad, “aspiraciones adquisitivas” y “la hegemonía ideológica de las doctrinas acerca de los derechos humanos”. Desde otro ángulo, el sociólogo y colaborador de Crónica digital José Pablo Lagos acusa a Villegas  de no superar en su análisis «los comentarios faranduleros con los que nos han atosigado la TV y las radios”.

Lea a continuación ambas repuestas a los planteamientos de Villegas:

saqueo inequidadRespuesta a artículo «La pistola al cuello» de Fernando Villegas

Por Manuel Ossa, investigador Plataforma Nexos y del Centro Ecuménico Diego de Medellín.

 En un comentario en el diario La Tercera[1], Fernando Villegas hace uso de su excelente pluma castellana, y también de su arte de sofista, para confirmar, desde su propia interpretación, los miedos y prejuicios de sus admiradores sobre hechos que, en torno al terremoto, nos han conmovido a todos.

A estos hechos se los ha descrito – no sólo bajo la pluma de Villegas – como “saqueo”, “pillaje” y “vandalismo”, y se los ha calificado de “robo” y, consiguientemente, de “delito”.

No descartamos que haya habido delitos y robos propiamente dichos en las acciones ocurridas en varios supermercados de diversas ciudades y pueblos. En efecto, hemos visto en las pantallas de TV a muchachos llevándose lavadoras y otros electrodomésticos. Hemos sabido de la existencia de mercado negro de productos básicos, por lo que no descartamos que también se hubieran cometido delitos en la adquisición de estos bienes que se revendían a precios elevados.

Sin embargo, rechazamos, como método sesgado de análisis, el tomar la “parte por el todo”. Lo que en letras es una figura o tropo llamado metonimia y sirve para enfocar el aspecto más importante de una cosa o hecho, en manos de un analista social, como quiere serlo Villegas, se convierte en un instrumento tan poco fino y tan dañino como lo sería un mazo, en vez de la llave, para abrir una puerta, – en este caso, la puerta que diera acceso a la interpretación de una realidad compleja.

La situación era, para muchas madres y padres de familia – los mismos que podemos encontrar en el bus o en la oficina, como dice Villegas -, no sólo compleja, sino perpleja. ¿Qué hacer para darles pan y leche a los niños, ponerles pañales a las guaguas, en suma, para alimentar a la familia en momentos en que todavía la autoridad estaba evaluando la catástrofe? La Presidenta en ejercicio y el Presidente electo sobrevolaban en helicóptero las zonas siniestradas. Fuera de esos ruidos de motores representando al Estado, no se oían aún los de los aviones o camiones que podrían traer, como lo hicieron hacia Haití, las vituallas indispensables.

En efecto, cuando lo indispensable falta y no se prevé cuándo ni cómo se lo podría adquirir, entonces se está frente a un caso de “necesidad extrema”. Y éste es el que define la perplejidad en que se encontraban muchos padres y madres de familia: ¿qué hacer? ¿pedirle al vecino? ¿o sacar lo indispensable allí donde se encuentra almacenado? Pero, ¿no es esto robo?

Para quienes hemos sido educados bajo el lema de la inviolabilidad de la propiedad privada, la figura del “delito” está clara. Sin embargo, un moralista tan conspicuo y ajeno a cualquier contagio ideológico de “izquierdas” como Tomás de Aquino (un teólogo del siglo XII y “santo” de la Iglesia Católica) escribe repetidas veces, invocando la autoridad de San Ambrosio de Milán, un “Padre de la Iglesia” católica, que “en caso de extrema necesidad, todas las cosas son comunes”[2]. Claro, Tomás de Aquino tenía una pluma y una mente sin prejuicios, ni los de izquierdas, como decíamos, pero tampoco los de impío individualismo que se nos ha venido inculcando desde la época del primer mercantilismo mundial, pero sobre todo en nuestros días de implacable y globalizado neoliberalismo.

En la misma sección de la anterior cita, Tomás de Aquino escribe una frase que hoy le sería devuelta con el apelativo de “comunista” a quien quisiera repetirla. La repito, pues, aun exponiéndome a ese “peligro” (si lo fuera…): “Se puede hablar de riquezas injustas, es decir, de desigualdad a causa de la repartición desigual que hace que, estando uno en la indigencia, viva otro en la abundancia”[3].

Esa es la razón por la cual se produce de pronto una “necesidad extrema” que no podemos entender cabalmente, en toda su angustia visceral y epidérmica, quienes vivimos “en la abundancia”. Y en esa “necesidad extrema” se fundamenta no sólo el impulso, sino también el derecho a hacerse de aquellos bienes indispensables que han sido devueltos, por la naturaleza misma de las cosas, desde la propiedad privada a la propiedad común o comunitaria.

Villegas le da también con el mazo cuando busca las causas de que ésta, la chilena, sea una “sociedad enferma”, como él la diagnostica. Pues, según él, el “comburente” que le da persistencia a la “mezcla explosiva” de desigualdad, por un lado, y de “aspiraciones adquisitivas”, por otro, es nada menos que “la hegemonía ideológica de las doctrinas acerca de los derechos humanos”.

Interpretando la frase según su tenor gramatical estricto, parece que Villegas no pone en tela de juicio las doctrinas acerca de los derechos humanos, sino sólo la “hegemonía ideológica” con la que se las habría puesto en práctica, con supuestas consecuencias desastrosas para el cuidado del orden público. Hay, pues, aquí un juicio político sobre la aplicación judicial de las mismas. Según él, habría operado una “hegemonía ideológica”, es decir, algo así como una dictadura, que habría impuesto “lenidad y obsecuencia” en su aplicación práctica judicial y legal. Es una crítica grave que toca a la Judicatura chilena. Pero, más allá de ello, es un desconocimiento, a estas alturas mañoso, insultante y, esta vez sí que ideológico, de las muertes, desaparecimientos y de todo lo que sufrieron cientos y miles de ciudadanos durante la dictadura militar.

Villegas le da no sólo con el mazo, sino con la pistola, cuando llega a felicitar con el epíteto de “valiente” al carabinero que amenazó con su arma a un delincuente. Admitamos que éste sea un verdadero “delincuente”. Pero por algo en Chile se suprimió la pena de muerte… ¿Cuál habría sido el juicio si la pistola hubiera sido gatillada? ¿Se justificaría la muerte de un muchacho como castigo de un robo que se realiza en circunstancias en que otras personas están legítimamente haciendo uso de su derecho a la vida mediante la recuperación de bienes indispensables que, como lo hemos argumentado, por la situación misma de “necesidad extrema”, han sido devueltos como comunes?

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[1] 2 de marzo de 2010

[2] Suma Teológica, II – IIae, cuestión 32, artículo 7º, respuesta a la 3ª objeción; II – IIae, cuestión 187, artículo 4º, en el cuerpo del artículo.

[3] Suma Teológica, II – IIae, cuestión 32, artículo 7º, respuesta a la 1ª objeción

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telemulaCon la pistola al cuello

José Pablo Lagos / Crónica Digital 

 Con cierta sorpresa y decepción he leído su comentario realizado a través de su página personal de internet donde en forma arrogante se atreve a señalar “las causas” de los asaltos por turbas masivas a locales comerciales en Concepción.

Es lamentable que quién oficia de sociólogo y pretenda levantarse como líder de opinión no supere los comentarios faranduleros con los que nos ha atosigado la Tv y radios. Al respecto cabe puntualizar los siguientes elementos, recogidos de la experiencia internacional sobre desastres:

1. Normalmente estos afectan a los más pobres y excluidos de los respectivos países. Son estos los que viven en condiciones precarias y vulnerables tanto respecto de la ubicación, acceso y elementos constructivos. Esto ha sido confirmado por los efectos de fenómenos como el huracán Katrina en Estados Unidos, y terromotos y deslizamientos en Perú, Colombia y otros países latinoamericanos, sólo por mencionar algunos. Por lo tanto la preocupación por estos sectores queda plenamente justificada en la medida en que se han ido conociendo los efectos del reciente terremoto en Chile.

2. En todas aquellas situaciones es común observar que la incertidumbre, la desesperación y el instinto de supervivencia, asociados a las precarias condiciones de vida generen condiciones para reacciones psicosociales que se separan de los comportamientos que en una situación de normalidad se reducen a grupos típicamente delictuales, los que lógicamente aprovechan las mismas para cometer sus fechorías y en ello arrastran a personas que no lo son. Aquí cabe aplicar la vieja máxima de que la ocasión hace al ladrón, ya que es obvio que en situaciones de desastre, sin el funcionamiento adecuado de los recursos básicos y las instituciones policiales, se produzcan dichas facilidades. Y esto ha pasado en todos aquellos lugares donde se han producido efectos catastróficos debido a fenómenos naturales como terremotos, maremotos y huracanes. Entre otras, después del terremoto de Nicaragua, comenzó a ampliarse la agitación social, de modo que muchos analistas serios, le otorgan una importancia relativa en la caída del dictador Somoza, quién no era un adalid de los derechos humanos.

3. No es la “hegemonía de los derechos humanos” lo que ha debilitado la decisión del Estado en Chile Sr. Villegas, la represión a estudiantes, a mapuches, a sindicatos y organizaciones sociales, no ha estado ausente, incluso durante los gobiernos de la

concertación, y por el contrario hemos sido testigos de la misma en inumerables situaciones con consecuencias de muertos y heridos, incluso con balazos por la espalda, donde prácticamente los culpables quedan impunes.

4. Tampoco es el “paternalismo” de un Estado que desde los años 73 fue desmantelado y muchas de sus funciones privatizadas, terminando con los principios de solidaridad en los sistemas de pensiones, la salud, la educación, la vivienda, entre otros. Y para que decir de la organización sindical y social, de lo que sí es culpable la concertación, por haber sido incapaz de revertirlos y haberlos promovido. La experiencia internacional sobre desastres demuestra que aquellos países donde existe una organización territorial, con capacitación, tales eventos implican muchas menos pérdidas de vidas y recursos. Como también mayor rapidez en la reacción, rehabilitación y distribución de ayuda.

5. Es un sistema económicamente excluyente, que económica y culturalmente promueve el individualismo el que ha mostrado su peor cara, que obviamente asusta a las élites que observan desde sus “protegidas” mansiones el levantamiento de las turbas. Para quiénes recorren permanentemente las poblaciones de las distintas ciudades del país, y observan el fenómeno del narcotráfico y su extensión entre la juventud, con sus secuelas de violencia, la aparición de las maquinitas tragamonedas en modestos almacenes a lo largo de todo el país, a cuenta de mágicas soluciones para el sustento diario, las diferencias de ingresos y acceso al bienestar, obviamente el cuadro social del país es muy distinto del que nos quieren hacer aparecer el “farandulerismo” tan extendido en los medios de comunicación.

Lea artículo de Fernando Villegas en:

http://blog.latercera.com/blog/fvillegas/entry/la_pistola_al_cuello

José Pablo Lagos. Sociólogo. Colaborador de Crónica Digital.