Debate ético por cobertura a mineros

amaro_gomez-pablosObservatorio / Encendida polémica han mantenido en las páginas del periódico El Ciudadano los periodistas Enrique Fernández Moreno y Amaro Gómez Pablos. El primero acuso al segundo en una columna de opinión de ser parte de un “periodismo canalla” que omite ciertas realidades y cubre en exceso otras, como en el caso del rescate de los mineros, dependiendo de intereses más cercanos a la búsqueda desesperada de audiencia que al deber de fiscalizar a los poderes en representación del ciudadano común. Gómez Pablos no tardó en replicar a través de las mismas páginas: “Que usted piense que los periodistas somos una camada de depredadores es una caricatura antigua y un argumento que no merece mayor respuesta. Imagino que la razón por la que se animó a estudiar la carrera es la misma que nos motiva al resto: servicio social”, explicando luego, que TVN se había retirado del campamento Esperanza de la mina San José, antes que otros medios, en consideración a la “sobreexposición que estaban sufriendo los mineros”.

Lea a continuación el debate completo:

Enrique Fernández Moreno / El Ciudadano / Amaro Gómez-Pablos y el periodismo canalla

Hace algunos años, y mientras me encontraba en el extranjero por un tema laboral, leí en Internet un debate que se gestó en Chile debido a que el periodista Amaro Gómez-Pablos conduciría el noticiero del canal donde trabaja. Entre los distintos argumentos esgrimidos en pro y en contra de tal nominación, hubo algunos que me llamaron la atención, los cuales tenían que ver con su marcado acento español, su escasa relación con nuestro país o bien que había muchos otros profesionales nacionales que debían acceder en forma prioritaria a ese cargo, entre otros factores, pues los connacionales tendrían más derecho a ejercer esas labores.

En la ocasión, participé en el debate apoyando decididamente a Amaro en su condición de periodista, pues las aseveraciones o postulados de algunos de los opinantes me sonaron a xenofobia, chauvinismo, patrioterismo y hasta envidia, y no me arrepiento de haberlo hecho pues también he sufrido en carne propia la discriminación en otras latitudes por mi calidad de extranjero o inmigrante, así como hoy, en Chile, se discrimina negativamente a peruanos, bolivianos o ecuatorianos.

En lo personal, discrepo profundamente de cualquier prejuicio, sea éste racial, de género u opción sexual, nacionalidad, creencias religiosas o de cualquier índole, y respeto a las personas que, indistintamente de su procedencia, postulen a empleos en cualquier lugar del mundo.

Dicho lo anterior, queda claro que si estimé pertinente, en su momento, entregar mi adhesión al periodista de TVN, no tengo antipatía a nadie debido a su acento o color de piel, entre otros factores, sí críticas acerca del desempeño profesional hoy de Amaro Gómez-Pablos y otros profesionales de las comunicaciones, en particular los de televisión.

Saco a colación a Amaro debido a sus declaraciones recientes, donde señala que determinado minero, rescatado desde la faena en Copiapó, habría pretendido cobrar por una entrevista. En ese contexto, Gómez-Pablos expresó ‎ “me parece increíble que un hombre que ha vestido el uniforme de nuestro ejército no tenga la decencia de agradecerle al país gratuitamente ante las cámaras todo lo que se ha hecho por ellos”.

Casi con estupor, leí lo expresado por el conductor del noticiario central del “canal de todos”, el mismo que censura y se autocensura; que omitió, invisibilizó y tergiversó la huelga de hambre de comuneros mapuches al tiempo que difundía profusamente imágenes truculentas de la tragedia minera, haciendo gala de pornografía social al mostrar a las familias de los trabajadores atrapados mientras comían, lloraban, rezaban o iban al baño, pues eso es lo que vende.

Amaro Gómez-Pablos, al igual que una buena parte del periodismo criollo, disfrutó de aquellos detalles que “sazonan” una noticia: el llanto y la emoción fáciles, el hurgar en la vida privada de las familias sin pudor ni rigor periodístico alguno, demostrando que él sí es el “rostro” de la telebasura, del amarillismo, de aquella prensa que tanto daño le hace a tan noble oficio.

El mismo periodista, cuando el terremoto de febrero último devastó algunas ciudades del país, no dudó –custodiado por policías- en delatar en cámara a determinadas personas que aprovecharon la confusión para saquear supermercados. Los mismos supermercados y farmacias o bancos que, a diario, meten la mano en el bolsillo de las personas, en especial las más desvalidas. En esos instantes, de alto rating, Gómez-Pablos jugó el rol del moralista, del policía, y no el que le compete a un periodista.

DURO CON LOS MÁS DÉBILES

En otras ocasiones, tanto Gómez-Pablos como otros periodistas han festinado con la detención de rateros o delincuentes de poca monta, ingresando a sus viviendas junto a fuerzas policiales, sin respeto alguno por la intimidad de esa gente, sean culpables o no, pero jamás le he visto tan adrenalínico cuando de personas influyentes que han cometido delito se trata.

El, así como otros “colegas”, no han vacilado en tratar de “antisociales”, “anarquistas”, “terroristas” o “vándalos” a personas que, integrando movimientos sociales, agrupaciones o colectivos, se han visto involucradas en hechos de violencia, enjuiciándolas “a priori”, sin derecho a defensa pues no cuentan con todo el respaldo comunicacional ni el aparataje del Estado y las policías.

En su crítica a aquél minero que intentó cobrar por una entrevista, hecho por lo demás válido si se considera cuánto dinero han ganado las empresas periodísticas a costa de esa y otras tragedias, Amaro Gómez-Pablos argumentó que ese trabajador carecía de decencia “más aún cuando había vestido el uniforme militar”. Todavía no entiendo la relación, pues habiendo militares, bomberos, policías, vendedores ambulantes y locutores honestos, también los hay deshonestos, brutales, abusadores y corruptos. Y hasta criminales.

El mismo comunicador social no cuestiona, por ejemplo, el hecho que Cecilia Bolocco o cualquier otro personaje de la farándula exija 100 o más millones de pesos por una entrevista y/o animar un festival de la canción, o que policías asesinen por la espalda a comuneros mapuches, o que determinados ministros del actual gobierno hayan tenido vinculación con la dictadura cívico-militar.

El caso de los 33 mineros no sólo sirvió al actual inquilino de palacio para elevar su popularidad –si hasta evaluó el descender, disfrazado de minero-rescatista-semidiossalvador- a las profundidades de la mina, sino también para demostrar que la clase de periodismo y periodistas que hoy ejercen en Chile han confundido su rol primario, optando por la vía más fácil, acríticos, serviles al poder de turno, cual meros relacionadores públicos del poder.

Cada vez que gente pobre, sin conexiones y vulnerables se ven involucradas en cualquier hecho que pueda ser noticia, se desata una verdadera cacería a cargo de esa jauría llamada periodistas, cuyo principal objetivo, la mayoría de las veces, es subir el rating, asegurar la pega y obtener sus 15 minutos de fama, y en ese sentido, este conductor de TVN se lleva varios premios.

Cuando se trata de indagar en las redes ocultas del poder, en cubrir situaciones de verdadero interés para crear opinión, debatir o mejorar las condiciones de vida de las personas, a través de la información, esos “rostros” brillan por su ausencia, creando malestar en la comunidad, lo que se ha visto reflejado en más de una agresión a la prensa durante manifestaciones recientes, muy distinto a lo que ocurría hace un par de décadas en Chile, cuando la presencia de quienes ejercíamos el periodismo durante protestas contra un régimen oprobioso, podía significar la diferencia entre la vida y la muerte para quienes resultaban detenidos.

Felizmente, existen medios de comunicación alternativos, tanto en radio como en televisión y periódicos, y siguen incrementándose, para combatir la desinformación del duopolio Mercurio-Copesa; de los canales de televisión y de aquellos que ostentan el título de periodistas pero están dispuestos y disponibles mientras engrosan su billetera.

Respuesta de Amaro Gómez Pablos

De: Amaro Gomez-Pablos

Para: enrique_fernandez56@yahoo.es

Estimado Sr. Enrique:

A usted le llama la atención mi asombro ante la exigencia de cobro por parte de muchos mineros –no todos-, a la hora de hacer declaraciones y me tilda de canalla por lo mismo. Pero lo cierto es que la sorpresa es generalizada y compartida por otros medios con experiencia en catástrofes y respetables, como es el caso de El País (que publica la nota), por citar sólo uno. Si la transacción fuera la tónica cada vez que cubrimos desastres, le aseguro que no tendríamos modo de informar.

Que usted piense que los periodistas somos una camada de depredadores es una caricatura antigua y un argumento que no merece mayor respuesta. Imagino que la razón por la que se animó a estudiar la carrera es la misma que nos motiva al resto: Servicio social. Sólo le pido que recuerde –porque además está grabado-, que los propios familiares de los 33 demandaron nuestra presencia como garantes del rescate. Una manera de mantener presión y sensibilizar a la opinión pública como usted. Y hoy, en el mayor número de casos, le cuento que hay lazos que perduran con periodistas que no fuimos buitres. Le doy otro antecedente: Si optamos por bajar la presión y retirarnos este pasado fin de semana, fue en consideración a la sobreexposición que están padeciendo los mineros. La determinación fue debatida y consensuada el interior de TVN.

Por último, alude usted al terremoto del 27F. Le pido sea fiel a los hechos. Yo no tenía escolta policial al momento del saqueo de varios locales y cuando se produjo el incidente no tildé de ladrón a nadie. La pregunta que hice fue sencilla: “¿Es este un artículo de primera necesidad?” La audiencia sacó sus propias conclusiones que distan mucho del actuar digno que tuvieron otros chilenos en comunas completamente devastadas como Dichato. Esos “otros chilenos”, lejos de las ciudades, que efectivamente lo habían perdido todo no incurrieron en pillaje. Ellos sacaron a relucir la olla común y con su acción solidaria dejaron en evidencia a los oportunistas. Sí, se puede. Se puede ser decente.

Y le recuerdo una cosa: Esa gente en Dichato y tantas otras comunas no cobraron por sus entrevistas. Y su rescate, estará de acuerdo conmigo, está todavía pendiente.

Ojalá podamos debatir sin ser ofensivos o entrar a descalificar.

Lo saluda atentamente,

Amaro.-

Réplica de Enrique Fernández Moreno

1. Estimado Amaro:

No se trata tanto de la exigencia de algunos mineros sino que mi crítica apunta más a cómo el periodismo criollo, en general, con honrosas excepciones, faranduliza todo, en especial si de personas vulnerables se trata, en un evidente afán por lograr rating y, por cierto, recaudar dinero, y much@s periodistas se prestan para ello, lo cual amerita recordar que en Chile carecemos de una cláusula de conciencia cuando firmamos contrato con algún medio periodístico. Tal cláusula sí existe en muchos otros países. Acerca de tu afirmación de que no podríamos cubir hecho alguno si no pagáramos, no es así, y no debe ser.

No estudié periodismo solamente por aquello del “servicio social”, como señalas, sino porque considero que el periodista debe representar el antipoder, cualquiera éste sea; los ojos, oídos y voz de aquellos que no pueden fiscalizar a la autoridad, y denunciar responsablemente abusos de poder, así como resaltar lo que a la sociedad le beneficia, entre otras materias.

No me cabe duda de que muchos de los que estuvieron en el campamento La Esperanza forjaron lazos de amistad con familiares de los mineros, y que su presencia allí sirvió no sólo para ejercer más presión a las autoridades y, en cierto modo, a los propietarios de la mina San Esteban, pero también debes reconocer que así como en este y otros casos se buscó la emotividad antes que datos duros; la lágrima en cámara y el develar intimidades familiares y/o personales para captar la atención del público televidente, como lamentablemente suele ser en Chile y muchos países, dejando de lado la labor que le compete al periodista, que es, entre otras, informar en forma veraz, oportuna y objetiva. Ahora, aquello de que al interior del canal donde trabajas se decidió retirar a los equipos debido a la sobreexposición mediática, ¡por favor! TVN, así como los demás canales, no tienen tantos escrúpulos cuando de rating se trata, y como avezado profesional que eres deberías saberlo.

En cuanto a tu actitud el 27 de febrero (¿porqué les dio a todos por copiar eso del 27 F?), sí hubo momentos en que tuviste escolta de jeeps militares y policías, y lo del pillaje y demases forma parte de situaciones extremas, que quienes hemos cubierto sabemos que acontecen, y con mucha más brutalidad. No era tu rol el perseguir a una persona que llevaba uno u otro artículo, acosarlo y moralizar, como lo hiciste hasta el cansancio, y que tu canal repitió por semanas.

Entenderás que mi artículo, donde te menciono debido a esas infortunadas expresiones tuyas respecto del minero que algún día vistió uniforme militar (¿no encontraste mejor comparación, a sabiendas que en nuestra historia reciente esos uniformes representaron el odio y la crueldad?) no es una agresión personal en tu contra, pero sí en contra de lo que a veces tú y otros periodistas han representado: un periodismo amarillista, sensacionalista y parcial, cuando no un mero relacionador público del poder de turno.

Te invito a leerme en granvalparaiso.cl, elciudadano.cl, clarinet.cl y muchos otros medios, así como a leer mi blog: http://cavilacionesyotrasyerbas.blogspot.com

Atte.,

Enrique Fernández Moreno