Disparos contra el mensajero

Cruces memoriaThe Economist / Ataques a la libertad de prensa en América Latina / Los reporteros son -desafortunadamente- conocidos por hacer caso omiso del peligro con tal de conseguir una buena historia. Por lo tanto, cuando El Diario, periódico de Ciudad Juárez, la urbe fronteriza mexicana, publicó un editorial el mes pasado en el que pedía pautas a las bandas del narcotráfico en cuanto a qué debería censurar, los periodistas de todo el mundo quedaron impactados.

Al calificar a las mafias locales como «las autoridades de facto en esta ciudad», el artículo decía: «Señores, por favor, explíquennos qué les gustaría que publicáramos o dejáramos de publicar, porque lo último que queremos es que otro de nuestros colegas caiga víctima de sus disparos». Tres días más tarde, un fotógrafo del periódico fue asesinado.

En América Latina , después que la democracia reemplazó a las dictaduras en todas partes, excepto en Cuba, los medios de comunicación enfrentan pocas de las amenazas del pasado, tales como la censura o el secuestro, la tortura y el asesinato de periodistas por parte del ejército.

Pero en varios países los medios están encontrando que el fin de la represión del Estado no significa que puedan publicar lo que les plazca. «Al dejar atrás las dictaduras y la Guerra Fría, esperábamos más respeto por los derechos civiles y humanos», señala Alejandro Aguirre, de la Sociedad Interamericana de Prensa, SIP, un organismo de la industria. «Pero las cosas han empeorado. Hay una nueva ola de restricciones contra los medios».

La mayor amenaza ahora proviene del crimen organizado, cuyos ataques contra los periodistas a menudo tienen el propósito de inducir a la autocensura.

México se ha vuelto especialmente peligroso. Según el Committee to Protect Journalists (CPJ), una organización con sede en Nueva York, al menos 37 empleados de medios han sido asesinados o han desaparecido en México desde 2006.

La mayoría de los delitos se registran a lo largo de las rutas clave del narcotráfico.

Las mafias mexicanas han llegado a ser sorprendentemente conocedoras de los medios. En febrero, dos bandas, el cartel del Golfo y los Zetas, impusieron una «suspensión noticiosa» conjunta mientras ellos combatían entre sí para controlar Reynosa, en la frontera de Texas. Ocho reporteros que desobedecieron fueron secuestrados y se confirmó que tres están muertos.

Otras bandas han tratado de utilizar a los periodistas para beneficio propio. En julio fueron secuestrados algunos reporteros de Televisa, la red de televisión más grande del país. Los profesionales fueron liberados después que otro canal aceptó transmitir un video que acusaba al gobierno de ayudar a una banda rival.

En Colombia , la prensa sufrió peligros similares en el pasado, especialmente en localidades remotas. Según el CPJ, 51 periodistas fueron asesinados en Colombia desde 1997 a 2003. Esta cifra bajó a sólo 11 entre 2004 y 2010.

Mientras Colombia se ha vuelto más segura, Centroamérica se ha vuelto más peligrosa. En Honduras ya han dado muerte a ocho periodistas este año. Algunas de las víctimas se opusieron a un golpe de Estado en 2009 -se eligió un nuevo gobierno en noviembre- o dieron su apoyo a grupos campesinos pro reforma agraria.

La segunda gran amenaza contra los medios proviene de los gobiernos. Se trata de líderes populistas, de izquierda, que han sido elegidos. Cuando los medios se oponen a tales gobernantes, a menudo enfrentan el hostigamiento.

Hugo Chávez, en Venezuela , cerró una red de televisión venezolana, 32 estaciones de radio y dos canales de televisión locales al negarse a renovar sus licencias. Gustavo Azócar, periodista que criticó a uno de los aliados políticos de Chávez, fue encarcelado durante ocho meses bajo dudosos cargos. Guillermo Zuloaga, propietario de una red de televisión opositora, huyó del país después de que un juez ordenó su envío a un violento recinto penal a la espera de un juicio por cargos relacionados con sus negocios. Y los empleados de medios que distribuyeron panfletos que pedían la libertad de prensa el año pasado fueron apaleados por atacantes que nunca recibieron un castigo.

En Ecuador , el gobierno de Rafael Correa ha aumentado su dominio sobre los medios. Ahora controla alrededor de 20 empresas mediáticas, entre éstas dos estaciones de televisión que fueron confiscadas a banqueros fugitivos. Los partidarios de Correa incluyeron en la nueva Constitución una medida que prohíbe que los bancos sean propietarios de un medio. Un proyecto de ley impondría más restricciones a los medios. Durante una rebelión policial el mes pasado, todas las estaciones de radio y televisión estuvieron obligadas a transmitir sólo la información que daba el gobierno.

La pareja gobernante de Argentina, la Presidenta Cristina Fernández y su marido y predecesor Néstor Kirchner, están tratando de desmantelar el Grupo Clarín, el conglomerado mediático más grande del país, después que la cobertura que daba a ambos se volvió negativa en 2008. Las tácticas de la gobernante han incluido el envío de inspectores de impuestos para que allanen las oficinas del conglomerado, convencer a la liga de fútbol de Argentina de que rompa su contrato con un canal de cable que es propiedad de Clarín, cancelar la licencia de la compañía para entregar el servicio de internet, y tratar de aumentar el control del Estado sobre el único productor de papel periódico del país.

Igualmente, ellos lograron la aprobación de una ley en 2009 que forzaría a Clarín a deshacerse de activos clave dentro de un año, aunque los tribunales bloquearon la imposición del plazo final. En forma separada, han incrementado el presupuesto publicitario del gobierno de US$ 16 millones en 2003 a US$ 223 millones el año pasado, lo que les ha permitido «comprar» cobertura amigable de los medios que dependen de esos ingresos.

El gobierno de Bolivia hace poco aprobó una ley que le permite cerrar los medios que publiquen contenido que éste considere racista. Daniel Ortega, Presidente de Nicaragua , hizo que a un periodista crítico se le acusara de lavado de dinero y liberó a dos prisioneros que habían dado muerte a reporteros.

Es meritoria la queja de estos gobiernos, de que unas pocas manos privadas controlan una parte demasiado grande de los medios. Sin embargo, muy a menudo sus soluciones al parecer están destinadas a preservar ese poder, y trasladarlo al Estado.