El cronista “nervioso”

edwads-belloLa Nación / Artemio Echegoyen / los placeres y los libros / El fervor por la figura y la pluma de Joaquín Edwards Bello (1887-1968) manifiesta intensa condensación en este primer volumen de sus crónicas periodísticas reunidas, publicadas en el diario La Nación entre 1921 y 1925. Como dice Roberto Merino en el prólogo, “a cuarenta años de su muerte nos siguen cautivando sus pequeñas mañas, su altivez, su incomodidad, sus desdenes, sus recuerdos de mundos extinguidos”.
Un ejemplo de ese interés ha sido la novela “El inútil de la familia”, de Jorge Edwards, retrato semificcional del suicida mal genio que en sus textos pensados para un consumo veloz indagaba, con agudeza sin par y afeitada lengua, en los puntos críticos del chileno alto, medio o bajo.

El mismo Edwards Bello se consideraba “nervioso”, lo que Merino traduce a la jerga de hoy como “neurótico”. ¿Era mañoso? Odiaba saludar a conocidos en la calle. Le gustaba apostar a los caballos. Ágil en sus crónicas, dado a saltar de un tema a otro, opinante y galopante, se enorgulleció cuando le dijeron “se ve que usted tiene ‘caballo'”. Equino de carrera, pues entre sus devociones estaba la velocidad. Por algo expresa en “El caballo chileno”: “Uno de los mayores atractivos de Chile, especialmente para el extranjero, es el caballo, por el poco dinero que cuesta y por su excelencia”. Hasta hace unos años, “caballo” era sinónimo coloquial de “excelente”.

Edwards Bello, nervioso o neurótico, gustaba de meterse entre las patas de los caballos, pues era un criticón desaforado, a menudo con razón. Si su cuna olía a aristocracia oligárquica, él tenía filuda conciencia de la estratificación social en Chile, mancomunada, en su concepto, con el mayor o menor mestizaje de europeos e indígenas. En “La conciencia civil” señala que “el pueblo es apático, la gran masa popular es amorfa y no alcanza a comprender su rol”. ¿Diremos lo mismo hoy, cuando barrios enteros son pulverizados para edificar feas colmenas sobrepobladas? “En toda esa ciudad”, decía Edwards Bello en 1923, refiriéndose no a Santiago, sino a Valparaíso, “impera el espíritu de especulación, contrario al arte, contrario a la humanidad”.

Cosmopolita, viajero, trotador de fronteras, el cronista narró también, a punta de anécdotas y reflexiones originales, sus estancias en Francia y España. El libro parece inagotable y quizás lo sea. Leyendo estas notables “columnas”, más adjetivadas de lo que se supone, notaremos acaso que Chile no ha cambiado, al menos en “el drama sicológico en que participamos pobres y ricos”, como apunta Merino. ¿Será tan así? Demos rienda suelta a la lectura.

CRÓNICAS REUNIDAS (1) 1921-1925

Crónicas periodísticas

Joaquín Edwards Bello

Ediciones UDP, 2008

689 páginas