El discípulo de Hermógenes

andres-pascalLas columnas de opinión de El Mercurio avivan cada cierto tiempo la guerrilla epistolar y a falta de Hermógenes Pérez de Arce (profeta del pinochetismo y la derecha dura que acaba de abandonar el género para desánimo de sus fervorosos seguidores) está Gonzalo Rojas, editorialista mercurial de idéntica línea, experto en repartir cicuta a  sus adversarios. Esta vez le salió gente al camino por su columna, en el diario de Agustín Edwards, sobre la pensión que reclaman los exonerados políticos del Mir.

Así le responde Andrés Pascal Allende, ex secretario general del Mir, en una carta dirigida a nuestro sitio:


No causa extrañeza que Gonzalo Rojas, reconocido apologista de Augusto Pinochet, dedique su columna – en la página editorial de El Mercurio del pasado 21 de enero- a burlarse de nuestro reclamo para que les sea otorgada una modesta pensión a los exonerados políticos del MIR. Chilenas y chilenos que, desde jóvenes, entregaron gran parte de su vida a la resistencia contra la dictadura militar y a la recuperación de la democracia en nuestro país. Por si el señor Rojas no lo sabe o no lo quiere recordar, más de mil miristas fueron asesinados por los agentes de la dictadura, y muchos miles más fueron torturados y expulsados del país junto a sus familiares. No tiene nada de chistoso que el columnista (que se ufana de ser un gran investigador, un excelso Doctor en Derecho y piadoso hijo del Opus Dei) base su ironía en la tergiversación de los hechos históricos, desconozca los más elementales derechos humanos y no tenga sensibilidad alguna con la desgracia de su prójimo. La verdad es que ese santo maestro que compartimos en el colegio Saint George, el padre Gerardo Wheelan, debe estar devastado de tristeza en su cristiano cielo al ver con qué liviandad se esfuma la moral que tan ejemplarmente nos enseñó y por la cual fue torturado por el gobierno de Pinochet.

Quisiera pedirte un favor, Gonzalo (como georgianos me atrevo a tutearte): ¿por qué no escribes, con tu graciosa pluma, otra columna en El Mercurio ironizando, por ejemplo, sobre las decenas de millones de dólares que Pinochet y sus familiares se echaron al bolsillo; o la gran transnacional de Manuel Contreras y Asociados que mataron, desaparecieron y maltrataron en sus sedes institucionales a decenas de miles de chilenos, “servicios a la patria” por los cuales reciben hoy una pensión de Estado con perseguidora incluida? En fin, para no cargarle la mano a la vergüenza militar, ¿por qué no ironizas también un poco sobre los políticos que participaron en el gobierno dictatorial y que hoy reciben millonarios sueldos parlamentarios ejerciendo de demócratas impolutos?

Hay una auténtica ironía en la que sí podemos coincidir, Rojas. El hecho de que para reparar a socialistas, comunistas, miristas, y a muchos otros chilenos que sufrieron el rigor de la dictadura y se sacrificaron en la lucha contra un gobierno inconstitucional y opresor, haya que inventar la figura de “empresas” (aunque a los defensores del neoliberalismo no debería molestarles). En cambio, quienes violaron la Constitución, ensangrentaron sus manos aniquilando y persiguiendo a otros chilenos, asaltaron las arcas fiscales para apropiarse de grandes industrias privatizadas a huevo, inventaron las voraces ISAPRES para profitar de las imposiciones de millones de conciudadanos, se jubilan con el pago generoso de ese mismo Estado con los impuestos que pagas tú y yo (me tinca que pagas más tú). Ésta es la verdadera ironía de la historia reciente de nuestra patria: que al cabo de 20 años de “democracia” siga siendo castigada la víctima y se premie al victimario. Para ser justo, Gonzalo, te concedo que esto no es sólo responsabilidad de tus amigos, también la tienen los políticos opositores que traicionaron la gesta democrática de los de abajo y se concertaron con los militares y la derecha para co-gobernar civilmente esta desigual y egoísta sociedad. Ya sé, me responderás que eso no tiene novedad alguna pues se ha repetido muchas veces en estos casi doscientos años de la República de Chile. Es verdad.

Andrés Pascal Allende