El gobierno abierto de Obama

Juan Varela / Periodistas 21 / El presidente electo norteamericano, Barack Obama, avanza hacia su mandato con un gobierno conservador y donde la experiencia prima sobre el aire fresco frente al establishment que prometió en su campaña. Pero donde si están cambiando la política es en su compromiso con el gobierno abierto a los ciudadanos defendido en las primarias y las elecciones presidenciales.La adopción de una licencia Creative Commons  para todos los contenidos de su web Change.gov y el lanzamiento de debates con los ciudadanos sobre políticas futuras como la sanidad son los últimos pasos de un equipo que está haciendo una transición presidencial como nunca se había vivido.
La primera es un cambio radical en la forma de entender la propiedad intelectual de la información pública. Los ciudadanos tienen protegido su acceso en Estados Unidos a través de la Freedom of Information Act (FOIA), una ley como la que esperamos en España para hacer más abierta la Administración, pero el empleo de licencias de contenido abierto permite un aprovechamiento mayor por los ciudadanos y su acceso sin límites. Una ampliación del dominio público imprescindible en una democracia transparente y conectada.
La segunda amplía el debate y la iniciativa ciudadana que el político norteamericano también utilizó en su campaña electoral para tomar el pulso directamente sobre temas de especial interés y repercusión, como el estado y la reforma de la sanidad.

Es una transición abierta, como la llaman un grupo de personalidades de la tecnología a internet que felicitan al presidente electo por ser el primero que pone todo el contenido de su web y sus redes sociales bajo licencia Creative Commons y elige además la más libre y abierta de todas.
La iniciativa ha sido apoyada por figuras Lawrence Lessig, creador de las licencias flexibles, Cory Doctorow, Dan Gillmor, Tim O´Reilly, Micah Sifry, Clay Shirky, Jimmy Wales, etc. y también por organizaciones como Mozilla, Open Congress, Change Congress, etc.
En una carta proponen tres principios para el gobierno abierto:
1. Compartir sin barreras. Hacer accesible bajo licencia abierta todas las informaciones y contenidos de los sitios del presidente electo, de forma que puedan ser utilizados, distribuidos y remezclados por los ciudadanos.
2. Eliminar las barreras tecnológicas para compartir. No llega con hacer legalmente accesibles los contenidos, sino que esa “esencial libertad digital” debe ser posible con la tecnología usada. Por eso desaconsejan sitios como YouTube que no permiten descargar los contenidos a los usuarios.
3. Libre competencia. No favorecer a unos medios o plataformas sobre el resto para la comunicación y difusión de la información del gobierno en transición y aprovechar la disponibilidad y el acceso de los ciudadanos a plataformas libres y abiertas para que las acciones del gobierno electo no sean patrimonio de las televisiones, los medios tradicionales o los nuevos medios no abiertos como los vídeos en YouTube.

Obama y su equipo están dando pasos importantísimos en el uso de las tecnologías y la creación de un gobierno abierto. No podía ser de otra forma: Obama no puede gobernar ni relacionarse con los ciudadanos igual que sus predecesores después de los valores y herramientas que usó y defendió en su doble campaña (primarias y presidenciales).
La estrategia del equipo de transición y los principios defendidos por sus partidarios son el mayor avance hacia la ciberdemocracia en Estados Unidos en su historia.
La política abierta de Obama no debería quedarse sólo en la transición entre el gobierno de de George W. Bush y el del líder demócrata. Para que la ciberdemocracia participativa avance es necesario poner en marcha el resto de promesas de campaña: democracia conectada y transparente, acceso online a los datos de la administración y a los contratos públicos, fomento de la participación ciudadana a través de consultas y comentarios sobre los proyectos, herramientas sociales para una ciudadanía 3.0 y dar a la sociedad lo que es suyo excluyendo restricciones a la propiedad y acceso de los datos y documentos públicos.
No es la democracia extrema defendida en la anterior campaña de 2004, pero levanta esperanzas de una democracia más abierta y participativa.