El viraje a la derecha de TVN

valdés TVNObservatorio / La revista Que Pasa dedica un largo artículo a explicar los entretelones del nombramiento del abogado Mauro Valdés como director ejecutivo de Televisión Nacional, en reemplazo del dimitido Daniel Fernández. El artículo desliza la teoría de que el nombramiento, por consenso,  fue posible gracias a una estrategia de los integrantes del directorio, cercanos a la Concertación, para evitar el arribo de otros candidatos más derechistas que el elegido. Apelando al viejo recurso de citar a “altas fuentes” no identificadas, el autor sugiere que el acento del nuevo mandamás estará en “los cambios que experimentará el modo de ver y usar televisión” y anuncia, con tintes proféticos, una “verdadera revolución copernicana” en TVN, aunque sin precisar en que consistirán, exactamente, esos giros revolucionarios.

Lo concreto, a estas alturas del debate, más allá de los trascendidos y de las fuentes siempre timoratas que no dan la cara frente a un tema tan relevante para el destino del principal de los medios de comunicación, es que se eligió a una persona cercana a la derecha (liberal de centroderecha y con transversales redes políticas, según el artículo), proveniente del mundo empresarial, titulado en la Universidad Católica, (semillero de la mayoría de los ministros del actual Gobierno), con una vaga proximidad al mundo de la cultura a través del mecenazgo ejercido, desde el poder de una gran empresa minera, en proyectos culturales como Lastarria 90, fundado hace unos años, por el actual ministro de Cultura, Luciano Cruz Coke.

Es lamentable verificar la complicidad que se produce entre el gobierno y la oposición para no debatir respecto a las características profesionales que requiere un ciudadano si aspira a convertirse en el timonel del único canal público existente en Chile y terminar adoptando el mal menor, como salvaguarda de los equilibrios propios del cuoteo político. Se podría esperar, tratándose de una empresa televisiva, que los candidatos tuvieran, al menos, alguna experiencia en gestión de medios, conocimientos mínimos de las complejidades de la industria de la TV y un verdadero interés por colocar a TVN al servicio de los ciudadanos, fomentando una programación de calidad y definiendo un proyecto estratégico ante el advenimiento de la TV digital.

El nombramiento de Valdés no sólo no garantiza lo anterior, sino que, además, continúa inclinando el escenario mediático hacía la derecha, en desmedro de la diversidad, el pluralismo y la libre expresión de las diferentes corrientes de pensamiento existentes en nuestro país. Al dudoso privilegio de tener una de las más altas concentraciones de la propiedad en la prensa escrita, en el contexto latinoamericano (según estudios rigurosos, como el realizado por el experto argentino Guillermo Mastrini) y que una buena parte de la industria televisiva sea cercana a los mismos conglomerados económicos que dominan en la prensa, se suma en el caso de Chile, una pálida TV pública obligada a autofinanciarse y a hipotecar aspectos esenciales de su misión y de sus orientaciones programáticas por la búsqueda desesperada del rating.

Es de esperar que la “revolución copernicana”, anunciada en el artículo de Qué Pasa, no sea el último escalón que le queda por recorrer a nuestra vapuleada Televisión Nacional, antes de convertirse en un canal comercial más sin una oferta programática que marque una verdadera diferencia con la de los canales movidos, exclusivamente, por el lucro.

Lea en el siguiente link el artículo original:

http://www.quepasa.cl/articulo/16_3824_9.html