“Este es un país egocéntrico, pero con poco fondo. Como personaje endeudado”

The Clinic / Werne Núñez (33) persigue historias de gente que se toma en serio cosas que no tienen ninguna importancia. Cargado de dobles lecturas y mucha ironía, el periodista y escritor explota la comedia de las miserias humanas, imprimiendo de manera indirecta la profundidad de sus temas. Por eso en su recién publicado “Crónicas de un subnormal para gente inteligente”, reunió doce relatos que rayan en la fantasía y lo derechamente bizarro, sin hacer ficción. En verdaderos caramelos del periodismo absurdo, recopiló crónicas como la historia de la perra “Cosita”. El chico que escapó de Colonia Dignidad para convertirse en cantante. O la vida de un taxi boy que confesó que lo mejor que le podía pasar era tener un novio cura porque “son piolas, pagan harta plata y hasta invitan al extranjero”.Partamos por lo obvio, ¿Por qué la provocación del título “Crónicas de un subnormal para gente inteligente”?
-En el fondo son preguntas del que escribe: ¿Qué es lo normal? ¿Qué es lo inteligente? Porque el libro trata de alguna forma cosas normales, historias de gente chilena que podrían ser tus vecinos pero que también rayan en lo raro.

¿Y qué significa

-Es por una volada personal de que no me gusta la figura del periodista omnipresente, que increíblemente sabe mucho de un tema con el que se encontró o que de repente es experto porque ha googleado durante todo un día. En mi caso, experimento por lo menos un par de semanas. Entonces con el ánimo de dejar más preguntas que respuestas, el título es un chiste que se puede leer también por la vía de lo frik, lo raro y lo cuático.

O lo pirotécnico, como la bandeja de supermercado en que viene plastificado y la foto de un filete de carne de cerdo que lleva de portada.

-Esa fue una idea del diseñador. El pedazo de carne tiene que ver con el rollo pop del asunto y la bandeja es como la necesidad de vender libros en un supermercado. De hecho esa es mi propuesta que todavía no ha sido aceptada por la editorial.

¿Qué son estas “Crónicas de un subnormal para gente inteligente”?

-Es un libro de crónicas, pero hay algunos reportajes y columnas largas, y lo que tienen en común es que son doce buenas historias: unas más profundas que otras, otras más potentes que el resto y algunas que podrían decirse superficiales. Son historias reales que parecen cuentos. La mayoría de las veces experimentadas por mí o yo como testigo. Son las películas que me tocó ver en algún momento de la vida de ciertos personajes que se conectan. Ahí opté por minimizar una escritura barroca para privilegiar no solamente las segundas lecturas, donde un tema aparentemente estúpido te puede develar algo profundo, como una grieta en una sociedad. También lo que no se escribe: el corte. Porque en el fondo siempre hay dos historias: la que te cuenta el tipo y la que dejó de contarte o te ocultó.

¿Cuál es el hilo conductor del libro?

-Primero, que todas (las crónicas) fueron escritas en poco tiempo para medios, bajo esa mecánica de la producción de salchichas. Por eso ahora que se ven todas juntas cobran sentido. Y segundo, también creo que son un álbum de fotos corridas tomadas con una cámara más o menos, que hablan de la comedia humana, de lo absurdo que es lo que nos tomamos en serio y de la lectura járcor que es lo que hay en esa comedia de miserias humanas. Empezamos a trabajar con 30 crónicas. Algunas buenas que me gustaban quedaron fuera, y algunas que encuentro más o menos penca quedaron dentro. Me parece que hay que aprender a ceder sobre todo en el primer libro.

RECIÉN CANSADO

Todos los relatos son de comienzos de 2000 en adelante. Entiendo que es cuando te separaste, hiciste cambio de switch y te metiste en los medios escritos.

-Sí, fue raro. Yo no era joven. Había tenido una hija en la universidad y me casé. Duré ocho meses y me metí ya carreteado a la Zona de Contacto. Me consumió esa vida de casado y tuve como una epifanía: quería aventuras.

Fue ahí cuando apareció “Cuarto G”, la crónica donde te infiltraste como estudiante de cuarto medio al Lastarria, diez años después de haber salido del Nacional.

-Sí. La verdad es que ese reportaje me parece deficiente en la forma en que está escrito. Pero tuvo un contexto y es la mamonería o el ingrediente emocional del libro, de que fue lo primero que publiqué, me dio pega el resto del tiempo y también provocó un impacto que no esperábamos. Yo venía de pagarme solo la carrera haciendo lucas de garzón en lugares paltones de Reñaca y Con-Con. Y ahora tenía mi primera pega de periodista, que me funcionó rápidamente: no tuve que esperar cuatro años para que alguien me cachara.

¿Y cómo lo hiciste para pasar piola con 10 años más que tus compañeros?

-Me afeité, era más flaco y tenía menos cara de huevo que ahora (es igual a Pablo Mármol). Me corté el pelo y me puse el uniforme de Nicolás López que era como gordo. Un día entré al colegio para proponer el artículo, presenté unas cartas donde explicaba que quería sacar una foto de la educación 10 años después de haber egresado y que era necesario guardar silencio. Me pescó un inspector y me pude quedar hasta que me pillaron.

Ahí mostraste a un mundo de profesores frustrados, cimarras para chelear y la historia de un estudiante que contestaba el celular en clases para saber si su polola daba negativo el test de embarazo. ¿Qué más viste en esa generación?

-El tema no era la marihuana ni esos “temitas”. En el fondo fui a ver cómo había cambiado la cosa. Y no había cambiado en nada. En mi generación casi todos andaban con parches de Metallica en las mochilas y 10 años después también. Mis nuevos compañeros eran versiones de mis amigos de cuando yo fui al colegio. Lo mismo con los profesores. Y esa actitud de educación gris que se basa en el hambre y las ganas que tienen los estudiantes. Que en el fondo es la trampa de estos colegios sicóticos de clase media donde básicamente te crean una obsesión por la PSU y estudiar carreras tradicionales o por ganar dinero o poder. Lo que finalmente hace que salgan mangas de huevones androides a dirigir el país. A todo esto el artículo iba a ser en el Instituto Nacional- donde estudié-, pero me dijeron que ni cagando porque la política era tener ninguna relación con El Mercurio, donde publiqué la crónica.

Hoy esos ex compañeros promedian los 26 años, ¿Cómo reaccionaron tras la publicación?

-Ese artículo, que era como de aprendizaje, estaba lleno de errores éticos. Jevis. Y eso no tiene solución- creo yo- en el periodismo vivencial. Nunca puedes hacer un reportaje vivencial 100% puro. El ticket que se paga es que hay que caminar por una delgada línea ética que se entiende, por ejemplo, en: me meto a la escuela militar, hago amigos, me conocen como Juan Pérez y quiero ser militar como ellos; pasan tres semanas y salgo con el pastel de que soy periodista y tengo que publicar su historia. Y eso es un engaño. Pero la historia es tan potente que la tengo que publicar, hay objetivos más importantes que hacen que uno pueda quedar con la conciencia relativamente tranquila. En ese artículo aprendí harto y en los siguientes intenté minimizar ese impacto. Pero claro, los estudiantes se fueron a paro, pidieron la renuncia de la directora y Cristián Labbé (alcalde de Providencia) me demandó. Después algunos me encararon, que había sido un sapo, y los menos se rieron conmigo.

¿Y cuál es el límite de esa provocación?

-Es que es un efecto, nunca es un objetivo o algo planeado previamente.

 “UN NÚÑEZ NO ES NADA AL LADO DE UN PIÑERA ECHEÑIQUE, COMUNISTA DE MIERDA”

En la crónica “La negra vida del Negro Piñera” cuentas las prácticas del hermano de Sebastián Piñera para ganarse la amistad de estrellas como Charly García. ¿Estás vetado en la bohemia santiaguina?

-Esto salió un viernes de semana santa. Al principio él me llamó súper pacífico, preguntándome por qué escribí eso siendo que me recibió en su casa y todo. Pero ya el día lunes se puso peluda la cosa. Parece que el fin de semana lo huvearon mucho en sus tocatas, y empezó a llamarme alterado y recibí llamados de gente que decía ser amiga suya. Para mí ese artículo era parte del trajín de buscar temas, de resolver una tesis simple (“¿Son amigos con Charly García?”) y ya para ese día estaba buscando otros temas para la semana. En eso este tipo me empezó a llamar a la pega y me dice que va a ir al diario a buscarme, aparte de insultarme. Las amenazas eran súper divertidas: que no iba a poder trabajar nunca más, que me iban a echar de El Mercurio, que yo era un comunista de mierda y que un Núñez al lado de un Piñera Echeñique no era nada. O sea, todo el lugar común de un guión que uno puede escribir sobre lo que te puede decir un hueón como él a uno como yo. Pero fue cómico, es parte de eso que comentaba de la comedia que hay en la miseria humana.

Sebastián Piñera dijo en alguna oportunidad que eras de los tantos chilenos que envidiaban el estilo de vida de su hermano.

-Sí, y sabís que esa frase está bien buena porque yo creo que el hueón debe tener razón. Debe haber un montón de hueones que uno no conoce y que realmente ven en este tipo algo mejor de lo que tienen.

SE VENDE RIÑÓN

Más adelante hay un vivencial donde reporteas el mercado de órganos en Chile. Ahí simulas vender tu riñón por Internet y mantienes la coartada hasta una cita con el desesperado comprador. ¿Qué te pasa como persona cuando le revelas tus intenciones y el tipo se quiebra delante tuyo?
-Esta era una idea que tenía con unos amigos hace un tiempo. Me hice un correo especial y puse el aviso de que vendía mi riñón en 20 millones. Estuvo un rato arriba y a los días obtuve respuesta. Originalmente no me propuse conocer al tipo que quería comprarlo, fue algo que se dio en el camino. Y el encuentro fue un verdadero momento de mierda, creo que ese párrafo resume lo que es el periodismo de este tipo, por lo menos el subgénero, y es el rollo medio kármiko de algunas historias.

Volvemos a la traición en el periodismo gonzo…

-Hay un componente de traición pero también están todas las posibilidades de minimizarlo. Por eso hay que buscar lo estrictamente necesario para la historia, dominar la bestia del ego, la estrella encubierta y concentrarse en que lo principal es la historia. Incluso más allá de los personajes reporteados. El valor de publicar estas cosas es el tema de fondo, no solamente lo formal. Aparte que si yo te hablo algo súper serio en comedia, lo va a leer mucha más gente. Esa es la trampita. Ah, y es importante en este tipo de reporteo como de incógnito que la gente sepa que eres periodista. Es la justicia independiente de si salieron bien o mal.

Leí en una carta dirigida al diario, que para el concierto de Front 242 una lectora te encaró diciendo que te odiaba y le caías súper mal porque siempre te rías de todo el mundo en tus artículos. Pero también puso que se sorprendió porque no te enfureciste y que al final hasta le diste las gracias. ¿Crees en los karmas?

-Puede que sea karmático, pero yo también entiendo que cuando alguien te lee y no te ha visto nunca o no te conoce, te lee con la voz propia. También hay que tener cuidado con ese espejo distorsionado de hacerse una idea de las personas por lo que escriben, que es lo mismo que gritarle a Julio Milostich que es un hueón de mierda por su ex personaje. Al final es como el ticket que pagas por hacer esto.

EL TRECE

…sí y prescindible?

-Me gustó porque no se podía hacer algo divertido: ya era divertido por sí solo. Aquí es súper claro el chiste sobre el chiste y la mejor forma de mirar a una persona que se autoflagela era reporteando seriamente. Podría haber publicado una columna ácida pero me pareció que había que dedicarle días de reporteo a esta estrella. Creo que esta es la pretensión de mi lado artista, la búsqueda de segundas y terceras lecturas. El cómo leyendo sobre la vida de una perra que aparecía en la tele encuentras un montón de seres humanos decadentes y la gente que los convierte en estrella.

De hecho Cosita terminó atropellada por su propia dueña, pero en el relato explicas que también pagaba el odio del equipo por la ex animadora. En la crónica, Carolina Fadic dice que no era una perra muy querida y que en los pasillos hasta la pateaban.

-Es un claro ejemplo del ser humano chileno 2.0, que efectivamente existe porque hay un fuerte cambio en varios aspectos, y uno de los importantes es distinguir la (generación) relacionada a la cultura televisiva y la que no. De qué forma miran el mundo y de qué están preocupados. Qué les parece importante y qué ridículo. No podís evitar que un viejo de 70 años sea amargado, por ejemplo. El cambio cultural es tremendo, y acá aparecen cosas como el cuento del apego a los animales, quiénes son nuestras estrellas y quiénes las convierten en eso.

Pasado ese lapsus, en 2004 entraste a trabajar al canal del angelito, con el hijo de exiliados, sobrino de Tomás Moulián y asesor comunicacional de Lavín, Vasco Moulián…

-Un posmoderno, un posmoderno.

…al área infantil, donde la competencia directa era 31 Minutos de TVN.

-Fue la sicosis del canal en ese momento, producir programas infantiles masivos y fenómenos comerciales para sacar un trocito de la torta que significaba 31 Minutos. Un día recuerdo que les ganamos con Pulentos, que la hacíamos con Sebastián Silva.

El mismo músico que en un principio iba a hacer la banda sonora de la serie junto a Vicente Sanfuentes, C-Funk y Gonzalo González. Y que terminaron peleados y editando en un sello grande de afuera y con un video con más de un millón de visitas en Youtube y la recomendación del rapero Kanye West. ¿Algún mea culpa?

-Creo que algo pasó en las relaciones personales entre canal y sello, con Vicente principalmente. Es un tipo complejo, de hecho todos querían echarlo rápidamente y yo era el único que los defendía por la calidad. Pero cometí un error ahí, porque debí haber contratado al tiro a la Anita Tijoux en su lugar. No lo hice porque eran amigos y prefería no mezclar amistades con pegas. Después cuando rehicimos el disco que finalmente salió- independiente que pueda ser bueno o malo-, funcionó en lo que queríamos: hacer un disco de hip hop para niños. Metas pelotudas de tele que no hacen más que corroerte un poco.

Pero sigues en tele, ahora en Exijo una explicación de TVN.

-Es que me interesa aprender haciendo. Y yo quisiera en algún tiempo más escribir más libros y hacer películas. Pero para eso hay dos caminos: ó trabajas tirándote a los leones, ó te metís a la universidad a perder tiempo y dinero. Y yo prefiero la primera opción.

REALIDAD SOBRE FICCIÓN

¿Está vigente el viejo “nuevo periodismo”?

-Honestamente es lo que me sale. Igual leí a Capote, Wolfe, Foster Wallace hasta Bertoni. Tengo mis maestros y todo. Pero te diría que es lo que sé hacer con relativa seguridad, me gusta el proceso pero me da lata sentarme a escribir. De hecho estoy juntando plata para comprarme un software que cuando hablas te escribe. El nuevo periodismo, el periodismo literario yo creo que sí están vigentes.

De hecho las editoriales se la han jugado por títulos locales como el compilado “Dios es chileno” ó “La Vida de una Vaca” de Meneses.

-Es nada más que el cliché ese de que la realidad supera a la ficción. Al final es cosa de abrir los ojos nomás y tener buena pluma, porque tenís que saber contar una historia. Así como hay hueones que tocan la guitarra como Álvaro Henríquez o mejor, las letras le quedan mejor a él.

¿La no-ficción es el género de esta década? Digo por la aparición de revistas como SoHo, Etiqueta Negra o Gatopardo, entre otras.

-Me da un poco lo mismo. Lo importante es que existen los medios que valoran esto. Yo he estado en partes donde simplemente soy el hueón raro que usa jockey y que está acá entre nosotros todos con camisas, y he sido el hueón frik que escribe bien o extraño. Me han hecho esta pregunta y creo que la no-ficción es nuestro propio aporte a la misión de darle sentido a las cosas. A arreglar esta mierda de mundo. Porque si uno cuenta bien una historia, y deja enseñanzas o testimonios de un camino que no tienes que recorrer, te das cuenta de que sirve no sólo para pagar las cuentas.

¿Qué opinión te merece el trabajo de gente como Jayson Blair o Stephen Glass, que a secas fabricaban y fantaseaban sus historias?

-Me encantaría entrevistarlos. Me duele la guata igual pero también me parecen divertidos. Siempre me han llamado la atención ese tipo de personas, por eso publiqué (la crónica) “El bello Marcelo” (un joven estafador amigo de lo ajeno que recorrió Chile con múltiples identidades). Me gustan esos personajes que solo con carisma logran engañar al mundo o sacarle provecho. Blair trabajaba en el New York Times. Era la mejor pluma y el chequeo es fuerte allá: tres personas distintas chequean tus fuentes. Y está bien que sea así, a mi me gusta porque me carga cuando aparece alguien y te dice: “Ay, pero esta huevá la inventaste, no puede haber sido tan buena”. ¡Pero qué mediocre! ¡Yo no tengo la culpa de que no seai capaz de ver lo que yo veo cuando miramos donde mismo! Y bueno, este huevón de Blair inventaba y escribía todo desde su casa hasta que lo descubren. Después que lo echan, vende los derechos de su historia en US$3 millones y hoy día vive en Brasil. Más que sentir admiración, dime que no sería bueno tomarse unos copetes con un personaje así.

CHILE BIZARRO

¿Cuál es la historia más extraña del libro?

-Creo que la de la familia de Coquimbo que es visitada por aliens. Fui con un fotógrafo que quedó loco. Ese año me llegó un correo de Iván Voroved, que se identificó como ufólogo, experto en el chupacabras y miembro de una agrupación que estudiaba fenómenos paranormales. Me invitó a una cacería fotográfica de unos seres alienígenas que se le estaban apareciendo hace meses a una familia que vivía en el barrio industrial de Coquimbo. Me los describió como con cuerpo de canguro, cabeza como la de Pepe Antártico, con ojos rojos a los costados de la cabeza y una espina tipo punk en la cabeza. Partimos con el fotógrafo y estuvimos 3 días totalmente en vigilia, en un lugar donde todo el mundo los veía menos nosotros. Esa historia es una de las más bizarras que me ha tocado reportear y por eso se ganó su espacio en el libro.

¿Y el entrevistado más delirante?

-Claramente Ivan Voroved. También la mujer del “El evangelio según Curanilahue”, que es el pueblo chileno donde hay más evangélicos en relación a católicos. Hay 65 templos canutos y una parroquia católica. Ahí fui a pasar unos días buscando testimonios de milagros. Así llegué a esta señora que había quedado embarazada a los cuarenta y tantos años y se le desarrolló un cáncer uterino. Se estaba tratando en el hospital de Concepción, donde los médicos le recomendaron abortar para salvar su vida. Ella dijo que no y una vez internada por sangramiento, sueña con Jesús. Ahí delira con que Jesús le tira un rayo de fuego en la vagina y le quema lo que tenía malo. A todo esto esa noche había una cadena de oración canuta en Curanilahue. Entonces cuando despierta, se siente bien y se sale de la camilla. Los médicos la retan y cuando examinan, la señora aparece completamente sana. Y tuvo la guagua, sana también. Otro personaje delirante es claramente Paulina Nin, por razones obvias.

Eduardo Bertrán, con quien compartes créditos en el programa Exijo una explicación de TVN, decía en una entrevista que todos estos personajes bizarros aparecieron por la globalización y porque este país creció insosteniblemente en los últimos 20 años. ¿Piensas igual?

-Comparto esa mirada. Me parece que hay antecedentes importantes, como que todos estos personajes se miran asimismo como si tuvieran una cámara. Eso me parece que tiene que ver con Pinochet, la televisión y con el “modelo”. Si algo cacho es que de verdad este es un mundo de mierda que está lleno de weones de mierda. He tenido la suerte de viajar harto para afuera en más del 80% de los casos financiado por terceros, y te diría que leyendo los diarios en otros lados puedes decir que Perú es más parecido a Puente Alto que a Chile. Este es un país egocéntrico pero con poco fondo. Como personaje endeudado, como esa gente que prefiere vivir en una casa chica pero en Vitacura y tener un auto gigante. Y la cantidad de gente que está haciendo fila para tener esa vida es lo peor. Creo que eso se vive en muchas partes del mundo, pero acá de manera especial. Entre los chilenos, los gringos y los japoneses hay una cantidad de rasgos en común impresionante, y al final todo tiene que ver con eso finalmente. Hace poco fui a una reunión donde presentaban un estudio en TVN sobre jóvenes chilenos. Tenía una metodología insider con coolhunters y todo. Y por ejemplo salía que lo que más hacen los jóvenes en la vida es ver tele. O que lo que más desean los chicos de 11 a 14 años es ser ricos y famosos. En los malls del poniente es donde se venden más celulares tecnológicos. Y como al 68% de los pendejos les da lo mismo que vuelva a gobernar alguien como Pinochet. ¡Satánico po!