¿Fin de transmisiones?

 Daniel Rozas / La Nación / La casa de la emblemática señal tiembla. La falta de recursos económicos, el nulo apoyo gubernamental y la decisión del dueño de vender la propiedad tiene a los miembros del canal muy complicados. Si no juntan el dinero de aquí al 30 de diciembre “se muere el proyecto”.
“Esta casa significa nuestra vida. Significa 11 años de lucha. No por nada este centro cultural se llama pu wenche monguelén, los sobrevivientes en mapudungún. Primero sobrevivimos a la dictadura, luego a la droga de los noventa y hoy en día luchamos contra la pobreza económica, mental y espiritual. Han sido 11 años de sangre, sudor y lágrimas”, relata Luis “Polo” Lillo (en la foto inferior) , uno de los miembros fundadores de Señal 3, sentado sobre una silla del sencillo set del canal de La Victoria.

La casa está ubicada en calle Estrella Blanca y consiste en un modesto estudio, una sala de control y la sala de edición; si no los desalojan, el colectivo social promete habilitar un cyber y una fotocopiadora en una pequeña bodega para que los niños del barrio vengan a estudiar. $100 la hora de conexión y 10 pesos la fotocopia. Precio de costo.

Pioneros en la implantación de televisiones comunitarias y con un radio de transmisión de 9 kilómetros, los trabajadores del canal viven momentos de crisis económica y destino incierto. “El dueño nos puso de plazo el 30 de diciembre como fecha final para la compra de la casa. Si eso no ocurre, se la venderá a otra gente”. A través de un comunicado que se puede encontrar en su página web oficial www.canal3lavictoria.cl sus miembros dan a conocer la crítica situación en que se encuentran: “Necesitamos conseguir el dinero para comprar las casa ($8.000.000), o de caso contrario,

“Señal 3 La Victoria” perderá su lugar de trabajo y transmisión”.

El canal comunal llega en la actualidad a 350.000 hogares y 850.000 personas.

Postulando a la nada

 

“¿Que por qué no nos vamos a arrendar otra casa? Porque ya le debemos más de un millón de pesos a nuestras familias y no podemos seguir pasándoles la cuenta. Yo no puedo seguir postergando a mi hijo y no tener nada en el refrigerador por estar poniéndole 30, 40 o 50 lucas a este canal”, cuenta emocionado Lillo.

En ocasiones anteriores ya les han robado millones de pesos en equipos y tiempo atrás les quemaron una junta de vecinos. Aún así han seguido adelante pero ahora no cuentan con el dinero para comprar la casa ni pagar el arriendo de otra.

Son más de 40 las personas que trabajan voluntariamente en el colectivo de Señal 3 y cada uno debe pitutear por su lado para llegar a fin de mes. Los gastos fijos como arriendo, luz, teléfono e internet son financiados vendiendo publicidad a los comerciantes locales y arrendando espacio para que organizaciones locales hagan sus propios programas. El funcionamiento es todo menos piramidal y la gente de la población los saluda y reconoce en la calle.

“Nuestra señal siempre ha sido autogestionada y no porque nosotros queramos sino que porque el Estado no se ha puesto con los fondos: ¡hemos postulado a todos los proyectos y nunca hemos obtenido ni uno!”. Paradójicamente, la ayuda les ha llegado desde afuera como fue el caso de la AECI (Agencia Española de Cooperación Internacional) “quienes nos invitaron a una escuela de televisión comunitaria en Madrid y se pusieron con las lucas para regalarnos tres cámaras y tres computadores”. Lillo le endilga una gran cuota de responsabilidad a la clase política dirigente: “La Concertación le está entregando mas de 5 millones de dólares al año a Copesa y a El Mercurio en publicidad; en cambio a los canales comunitarios como nosotros y a las publicaciones y radios independientes no se les otorga ningún peso.” Y prosigue con su reclamo: “Hemos hablado con la ministra de Cultura Paulina Urrutia tres veces, hemos entrevistados a distintos diputados y senadores de la República, hablamos con Ricardo Lagos y a todos les parece súper bueno que existan este tipo de medios pero la conclusión parece ser ‘no les entreguemos recursos y que se mueran’ De momento vamos a hacer una colecta acá en la población”.
Apaga y vámonos

¿Y por qué habría que apoyar a Señal 3?. La respuesta de Lillo es clara y enfática: “Porque hemos trazado un camino que no se había hecho nunca en este país. Somos la primera señal comunitaria de Chile y llevamos 11 años abriéndole espacios a la gente, democratizando el espectro radio eléctrico y afirmando que los pobres también tenemos derecho a expresarnos a través de la televisión. Necesitamos que la gente tome conciencia de la importancia que tiene preservar este tipo de medios. Sin ir más lejos, el sábado pasado ayudamos a instalar un nuevo canal en Cerro Navia: les préstamos un transmisor y una antena y ya están funcionando. Hemos ayudado a montar televisiones comunitarias en distintas partes del país y pretendemos seguir haciéndolo si no cierran esta casa”.

El ánimo de los miembros de Señal 3 no es el mejor pero todavía confían en poder juntar los 8 millones de pesos antes del plazo final. Por lo pronto, ya han juntado 2.200.000 pesos y la banda española Ska-P se comprometió a darles la totalidad del dinero de las poleras que el grupo vendió durante el concierto del jueves pasado en Santiago.

Sacando cuentas optimistas el dinero recaudado ascendería a apenas los $ 3.200.000. A este monto se le podría añadir la promesa de 3.000 euros más (2 millones de pesos y fracción) por parte de un aporte alemán. Pero aún sería una cifra insuficiente.

“Si no logramos conseguir la meta vamos a devolver esa plata a la gente que nos la donó y pagar las deudas pendientes con nuestras familias”.

“Si no podemos comprar la casa bajamos las cortinas y nos vamos”, dice Lillo taciturno. En tal caso no sólo se acabará la señal de TV sino que también el proyecto de crear la primera Escuela de Comunicación Popular para niños y jóvenes que ya cuenta con el apoyo de artistas como Ignacio Agüero, director del documental “El diario de Agustín”.