Humor y discriminación en TV

En 48 horas se han cursado 125denuncias ante el CNTV por la rutina del lunes 20 de Mayo pasado del Lagarto Murdock en el programa “Hazme Reír” de Chilevisión, donde se hizo referencia al genocidio y a la suerte de millones de judíos en los hornos crematorios, al parecer con la intención de ilustrar expresiones discriminatorias.  Hoy ( 22/05/2013) el canal ha pedido disculpas a través de Twitter.

En entrevista con el  medio soychile.cl, Elías Escobedo, marionetista de Murdock, afirma que la rutina entera se trató de la no discriminación “Al principio de la rutina expliqué que los chistes que hice eran para exponer lo tonto y ridículo que es discriminar. Me puse unas orejas de conejo porque me sentía discriminado y al final llega mi papá y me dice que no tengo que renunciar a mis raíces. Esto es un programa que se llama Hazme Reír. La intención de todos los textos es hacer reír, no ofender.” Luego, cuando es consultado por la molestia de la comunidad judía sostiene “¿Por qué de algunos nos podemos reír y de otros no? ¿Si hubiese contado un chiste de pobres o de comunistas hubiese tenido el mismo impacto? Yo hago humor sin discriminar a nadie y si la comunidad judía se sintió ofendida no fue mi intención. Lo digo en serio.”

 

La rutina

Si bien es cierto que el humor puede ser una herramienta interesante en contra del racismo y la discriminación, en particular cuando se hace en una tribuna tan masiva como es la TV,  Murdock la utiliza como tema articulador de su rutina,  repitiendo constantemente  frases como “todos discriminan”, y “yo no me burlo de los homosexuales ni de los negros, sino que de los homofóbicos y de los racistas”. Es ahí cuando, en medio de la arenga del público que grita “¡Sin censura!”, dice “tampoco me burlo de los judíos… bueno de los judíos, sí. Es que, qué culpa tienen los judíos de ser mejor combustible que la leña». Un poco más adelante sostiene “Yo no me burlo de los negros, porque uno de los reyes magos era negro (..) y bueno, alguien tenía que cargar los regalos”.  Ya cerca del final, cuando Murdock decide dejar de ser un lagarto para ser un conejo pues “a los conejos los quieren más” su padre lo enfrenta y lo hace sentirse orgulloso de ser quién es, y finalmente Murdock acepta ser un lagarto.

En consecuencia, la rutina de Murdock con orejas de conejo se interpreta como una mención a la   identidad de una comunidad  y no a la discriminación  contra la cual buena parte de las sociedades civilizadas han establecido sus formas y modalidades.

En la misma entrevista mencionada,  Murdock sostiene que en el programa de Chilevisión  nunca lo han censurado y “respetan la libertad de expresión” de sus humoristas, lo que hace presumir que este impasse, salvo las excusas en Internet por parte del canal, no será sancionado.  Sin embargo, es posible que el CNTV curse alguna multa.

 

El gran ausente en esta polémica mediática es el canal que permite una rutina que bajo la apariencia de “crítica social” despliega  un humor que en otros países del mundo está prohibido en el cual se burla de un hecho de violaciones a los DDHH. Se suma a esto los dichos del animador de MEGA, Kike Morandé,  tildados de homofóbicos, quién defiende el humor realizado por  Mauricio Flores, “Tony Esbelt”, el cual ha sido fuertemente criticado por la comunidad homosexual, y además  sancionado por el CNTV, tras su presentación en el festival de Viña del Mar.

¿Por qué los canales permiten estas rutinas? Creer que existe una tensión entre la libertad del artista y las eventuales repercusiones que puede tener un chiste ofensivo o un humor racista o clasista es ignorar que la TV tiene una obligación social, la cual es respetar y promover los valores democráticos, que , evidentemente, colisionan con un humor ofensivo. Las declaraciones de Kike Morandé en estos últimos días,   las que se refieren al rechazo que escenas de afecto entre homosexuales pueden hacer perder rating, van en este sentido.  Se puede pensar entonces que detrás de esta permisividad  de los canales en sus programas estaría motivada por el  rating, sin consideración de la falta de respeto que estas expresiones, aún en un contexto humorístico, representan culturalmente para un país. El sexismo en programas juveniles, el atropello a la intimidad en programas de farándula y los chistes como los que provocan estas polémicas no pueden ampararse como pretenden quienes las utilizan como un derecho ligado a la  “libertad de expresión” y  menos justificarse como un arma para la obtención de audiencias que, que por el peso de la costumbre se transgreden  límites elementales en una sociedad que se quiere no discriminatoria.