La fábrica de salchichas

tv-cientos1Sebastián  Montecino /NO TV / LND / Resultó revelador prender la tele esta semana. El tema era ineludible y se abrió paso, a pesar de los compromisos comerciales e ideológicos. No había cómo pararlo. La realidad se impuso al discurso, primero tímidamente, después como un aluvión de rabia generalizada: las farmacias se habían armado un tinglado de aquellos y venían especulando con los precios. Oh, escándalo. Si hasta la carrera presidencial salió al baile.No hay que culpar a los medios por su reticencia inicial (la colusión de las boticas estaba en el aire desde hace algunos meses, con milimétrica cobertura al inicio de la investigación de la FNE). Las farmacias son buenos avisadores, negocios siempre prósperos dispuestos a invertir en publicidad para ganarle a la “competencia”, para convencernos de que “tienen los precios más bajos”. La culpa es más bien de nuestra estructura televisiva, dependiente de la publicidad, sin matices, ni anestesia.

“Administran TVN como una fábrica de salchichas” dijo a este medio Faride Zerán, Premio Nacional de Periodismo y alguna vez miembro del directorio de la señal estatal. Y no nos extraña. Nuestra única esperanza de una televisión pública que contrapese el discurso monocorde impuesto desde la pauta comercial, está atrapado en las mismas exigencias de sus competidores. El resultado es una colusión del discurso público, que se autorreplica, adormece el sentido de la crítica y anula la diversidad y la innovación.

Basta darnos una vuelta por los canales chilenos para darnos cuenta de que la estética de supermercado no sólo pervirtió a la industria farmacéutica. Chile en la tele es como un gran anaquel con ofertas pugnando por llamar la atención del consumidor. Varían los colores institucionales, la presentación del envase y la llamada de la marca, pero en el fondo, la oferta se limita a las variantes de la televisión comercial con todo lo que ello significa.

Los plazos para ese gran cambio tecnológico, la televisión digital, se acortan. Y los canales se preparan para rellenar el nuevo espacio disponible. TVN 24 horas, el canal de noticias por cable de la señal estatal, y Tele13 on-line son dos ejemplos claros de cómo se están cocinando los “nuevos” contenidos, antes incluso de que el marco legal esté definido.

Las preguntas son más que válidas respecto al futuro. ¿Y si en lugar de reproducir la estructura televisiva, abrimos espacio a nuevos actores? ¿Y si en lugar de destinar todo el espectro a la televisión comercial, dedicamos un pequeño espacio a la televisión pública de verdad, sin compromisos comerciales, ni políticos, con exigencias programáticas claras, orientadas al contenido, la calidad y la innovación? ¿Qué podríamos perder? ¿Acaso el mundo se vendrá abajo con uno o dos realitys menos?