La función crítica de la prensa americana

Alberto Moncada / Presidente de Sociólogos Sin Fronteras, consultor de la UNESCO y del Consejo de Europa / Dos grandes acontecimientos, la crisis financiera y la guerra de Irak, han puesto de manifiesto la debilidad crítica de los medios de comunicación convencionales y la emergencia de unos medios más críticos, sobre todo digitales.

La connivencia entre empresas y medios para ocultar información es de antiguo conocida. Muchas empresas tienen departamentos dedicados a manipular las noticias que les afectan y hace falta un gran empeño investigador para averiguar lo que en realidad sucede; algo a lo que no son proclives los grandes medios, atados al poder económico de tantas maneras. Por eso muchos conflictos explotan sin que el público se haya enterado de su desarrollo previo y, sobre todo, sin que los afectados hayan tenido tiempo de prevenir sus consecuencias. El caso prototípico es la quiebra de Enron Corporation, una de las empresas más importantes y más cercanas a la Casa Blanca de cuya bancarrota no se supo casi nada hasta que explotó, permitiendo a sus dueños beneficiarse de ello mientras empleados y accionistas perdían hasta la camisa.

Es tradicional que la prensa sea patriótica cuando el país está en guerra, y por ello los medios tradicionales han ocultado circunstancias de los conflictos de Vietnam -y ahora de Irak- que, de saberse a tiempo, hubieran provocado ese cambio de la opinión pública hacia la paz que ahora parece producirse, pero a costa de cientos de miles de muertos y miles de millones de dólares. Pero la obstinación por manipular la verdad y perseguir al disidente, consecuencia de la Ley Patriótica que aprobó el gobierno Bush, sigue produciendo violaciones de los derechos de los ciudadanos, espionaje subrepticio de correos y llamadas telefónicas, de las que la prensa convencional tampoco se hace eco más que cuando la otra prensa lo revela.

Nuevas fronteras entre información clásica y crítica

 Y es que existen ya medios alternativos, casi todos digitales, en los que se investigan y se publican los temas censurados o no revelados por los tradicionales.

El inventario de los medios de comunicación americanos, aparte de documentar la disminución de la prensa escrita y el crecimiento de la digital, permite revelar nuevas fronteras entre la información viciada y la auténtica, sobre todo a la hora de sacar a la luz los hechos que el poder político o el económico desean oscurecer.

Las grandes cadenas periodísticas, que hoy son ya multimedia, no han cambiado mucho, como tampoco lo han hecho nombres de prestigio, como el New York Times o el Washington Post. A las cadenas de radio y de televisión tradicionales, cuya audiencia está más condicionada por el morbo, se han unido otras radicales de extrema derecha, como la Fox o el programa radiofónico de Ross Limbauth.

Como contrapartida están las viejas revistas de la izquierda americana, The Nation y Mother Jones, pero con menor impacto.

Nueva crítica digital

Los que lo tienen más fácil son los nuevos medios digitales, como Common Dreams o Alternet, especializados en una función crítica que se alimenta de un análisis profundo de lo que sucede y de la colaboración de muchos críticos internos al poder, los wistleblowers, o chivatos, que proporcionan una información que de otra manera no se conocería. Estos medios digitales, que no viven de la publicidad sino de campañas de donativos de sus lectores, han asumido la verdadera función crítica de la prensa americana y se han convertido en lectura cotidiana de la gente que está desencantada con los medios tradicionales. El condicionante es el acceso a Internet, pero la mayoría de los interesados lo tiene y, por supuesto, mucho más barato que los europeos.

Pero es preciso mencionar que también hay ya medios digitales críticos en español, el más importante es Rebelión -que a su propia redacción une el traducir los mejores artículos de los digitales americanos- y también Argenpress, radicado en Argentina.

Por Alberto Moncada / Presidente de Sociólogos Sin Fronteras, consultor de la UNESCO y del Consejo de Europa