La libertad de opinar es un derecho irrenunciable

diario unoEditorial del recién aparecido diario UNO  / Diario Uno es una aventura que no es sino un esfuerzo humano para restaurar los grandes valores de la humanidad, la justicia, la verdad, la solidaridad, el sueño de sentirse mujeres y hombres libres para crear y construir con la frente y la dignidad en alto, en un país que hace rato ya olvidó la generosidad y la solidaridad. Diario Uno es para quienes aún conservan su espíritu rebelde y deseoso de soñar con vivir de pie y no de rodillas.

La libertad de pensar y de opinar, es un derecho irrenunciable que dice relación con la forma en que nos miramos, nos respetamos y nos sentimos vivos. Este es el desafío que tenemos por delante. Es la repetición de la lucha que ya otros hombres y mujeres han realizado en otras partes del mundo, tales como la Gabriela Mistral en nuestro país por ser reconocida en su capacidad de crear y sentir, Mandela y Martin Luther King en su sueño por la dignidad de los negros, la de Gandhi en su ambición de su patria liberada, la de Chico Mendes en su cruzada por la preservación de la Selva Amazónica y de los campesinos brasileños.

Queremos que piensen que eso es lo que está detrás de esta iniciativa de crear un medio de expresión libre en un país ahogado por la sobre representación de los intereses financieros ya instalados en gloria y majestad en el palacio de gobierno. El éxito de esta iniciativa depende de muchos factores, pero, uno muy importante es el aporte creativo y profesional rigurosamente realizado de periodistas, fotógrafos y reporteros. Si logramos esta meta, ellos y nuestros lectores serán la piedra angular y factor indiscutible del éxito. No solo podremos hacer historia y permitir -una vez más- gracias a la valentía de unos pocos, que la voz de los desheredados vuelva a entrar en la historia y sería, como dice Joan Manuel Serrat, todo un gesto de urbanidad pues abriría la esperanza a que alguna vez los desheredados heredaran la tierra. El desafío es tomar la pluma de la historia y escribirla. Más aún, es arrebatarle la pluma a los usurpadores que la escriben ilegítimamente desde sus intereses, para escribirla desde el pueblo chileno, para que lo injusto no nos sea indiferente y para que la reseca muerte, como canta León Gieco, no nos encuentre vacíos y solos sin haber hecho lo suficiente.

No nos podemos olvidar que la historia es nuestra y la escriben los pueblos, pero, los pueblos dignos que se atreven y se sienten libres para ello. De lo contrario estarán siempre en manos de filibusteros y usurpadores y esos pueblos no tendrán una segunda oportunidad.