La TV comunitaria resiste desde la UTI

Javiera Olivárez / LND / Uno, dos, tres ¡corten!  / Combativas, las señales populares tarrean, hacen peñas, rifas y venden publicidad local para mantenerse vivas. Argumentan que su inexistencia legal esconde una vieja despreocupación estatal por la TV alternativa. ¿La estrategia? Multiplicarse para sobrevivir y seguir representando la voz de los más pobres. En Señal 3 La Victoria tienen hasta pasado mañana para pagar los cinco millones de deuda y no ser desalojados.

Apenas podía levantar los pies. Azotada por el sol de media tarde, pero más por los años, la anciana mujer, apoyada sobre un juvenil acompañante, se desplazaba con dificultad por las calles de la población La Victoria.

Corría el año 2003 y al entrar a la casa asentada en el 4855 de la calle Estrella Blanca, una sencilla sala de control le dio la bienvenida al canal comunitario Señal 3. Los muros casi no tenían centímetros en blanco y en medio de videos, monitores y cámaras, se asomaban repletos de afiches contestatarios. Fotografías de trabajos voluntarios, de tomas de terrenos, de Víctor Jara, Violeta Parra, Salvador Allende y Pablo Neruda, auguraban una conversación con sentido.

-Buenas tardes -dijo la anciana jadeante-, llevo caminando una 20 cuadras, pero me urge comprar una antena más grande para poder sintonizar mejor el canal, exigió.

-Por supuesto, le daré una antena de mejor capacidad -contestó emocionado Luis “Polo” Lillo, miembro fundador de la señal.

-Sólo le pido que este canal nunca se muera, es lo único bueno que nos queda a los pobres para ver -replicó la mujer mientras se acercaba a abrazar a Lillo.

El mismo año en que ocurría esta escena, en otra población emblemática había un grupo de vecinos que también se atrevía a registrar su cotidiano con cámara al hombro. En La Legua, los “pantallazos” eran el objetivo inicial. Plazas, avenidas y pasajes hacían de butacas; un telón era la pantalla grande. Documentales y películas eran el contenido en cuestión. “Una noche en medio de un pantallazo se me ocurrió tomar una cámara VHS y grabar: caras, niños y casas. Después, comenzamos a proyectarlas en el telón. Nos impactó mucho que a la gente le gustara tanto verse, ‘ahí sale mi casa, mi hijo aparece jugando’, nos decían”, recuerda Jaime Álvarez, director de Legua TV. Desde entonces la gente no paró de pedir reproducción de los videos y los VHS fueron pasándose de mano en mano en la población. Era el puntapié inicial para la creación de LTV, Canal 3 de La Legua.

Lo que Álvarez vio no fue casualidad. Las reflexiones de Manuel Calvelo, experto en comunicación para el desarrollo rural y profesor de televisión de la Universidad de Chile, van en la misma dirección. Él cree que la televisión comunitaria aporta una piedra más a la participación ciudadana. “Una emisora comunitaria refleja a la comunidad en la cual está inserta; los problemas, vivencias y demandas de ésta. En ese sentido, la televisión comunitaria tiene un papel fundamental en reforzar una democracia”.

No sólo los legüinos iniciaron con “pantallazos” su canal, también los pioneros de la TV comunitaria a nivel nacional, la Señal 3 de La Victoria. Antes de su primera emisión en octubre de 1998 tenían una vasta historia de trabajo poblacional, lucha contra la dictadura y “pantallazos” en las calles.

Once años después, el canal popular más antiguo del país está a punto de hacer sus últimas transmisiones. Tres millones 740 mil pesos es lo que tiene reunido para comprar la casa que ha albergado hasta ahora sus instalaciones y que está puesta a la venta por su dueño. La campaña de finanzas culmina con una tocata en el Galpón Víctor Jara hoy domingo. ¿La meta?, juntar los ocho millones de pesos que vale la vivienda antes del 30 de diciembre; de lo contrario, serán desalojados y tendrán que bajar el telón.

Como siempre, el dinero se consigue a pulso. Y lo más grave es que en La Victoria no son los únicos.

Y la plata ¿de dónde?

En invierno, las callecitas de La Legua se disponen para el frío y la lluvia. No hay poblador que quede desabastecido del remedio: una sopaipilla pasá. En la esquina del consultorio, en la calle Mateo de Toro y Zambrano, a media cuadra de LTV, se instala uno de los carritos sopaipilleros típicos del sector. La dueña del “local” es una “socia cooperadora” del canal de La Legua. Y tal como algunos boliches de la población o el jardín infantil, es mencionado en la programación. “Nuestros socios cooperadores pagan por salir al aire. Lo más caro son diez mil pesos mensuales. Pero a las vendedoras de sopaipillas les cobramos una luca. Juntando todo eso podemos pagar el consumo eléctrico, comprar cintas o baterías”, explica Jaime Álvarez. La publicidad local es una de las formas más típicas de los canales comunitarios para autofinanciarse.

Inexistentes para la ley vigente que no contempla este tipo de medios ; con la banda de canales que va del 2 al 13 colapsada y un Consejo Nacional de Televisión (CNTV) que sólo otorga concesiones a quien “ofrezca las mejores condiciones técnicas”; la TV comunitaria sobrevive a duras penas. Se “cuelga” de la única señal libre de la banda, la 3, e intenta autofinanciarse sin recibir ni un solo aporte fiscal.

Por su inexistencia legal, es difícil determinar el número de canales comunitarios: “Entiende, no tenemos un porcentaje oficial, porque para nosotros es como si no existieran”, contestan en el Ministerio de Cultura cuando se les consulta. Y aunque en el Gobierno no se atreven a dar cifras, entre los expertos se estima que las señales populares han crecido exponencialmente en los últimos cinco años y ya son cien a nivel nacional. De ellas, la mayoría atraviesa profundos problemas económicos o está a punto de desaparecer. Y es que con la venta de publicidad local no alcanza para los cerca de 300 mil pesos mensuales que cuesta un canal comunitario. Las rifas, venta de antenas, peñas folclóricas y tarreos en la feria, tampoco.

Además de tener que buscar espacios para ser alojados generalmente juntas de vecinos u organizaciones sociales , los costos de equipamiento e infraestructura requieren de una inversión de al menos un par de millones de pesos. Por eso y aunque en un principio algunas televisoras tomaron la decisión ideológica de no postular a fondos estatales, hoy por hoy, todas incluso las más radicales lo han intentado. La mayoría sin éxito.

El Estado no ha estado

A la hora de concursar, los problemas con que se topan las TV comunitarias son tres: no existe fondo alguno destinado a este tipo de experiencias. Como están fuera de la ley, deben conseguir una organización que los represente y posea personalidad jurídica. Por último, quienes postulan son pobladores, unos con más estudios que otros, pero mayoritariamente autodidactas. Dueñas de casa, estudiantes, electricistas, carpinteros, gásfiter y repartidores de gas. Por lo tanto, los trámites a realizar resultan engorrosos y la falta de capacitación se convierte en un obstáculo más al competir con directores de cine o productores audiovisuales. “El Estado tolera a las TV comunitarias, pero las mantiene fuera de la ley. No se ha invertido ni en fomento ni en capacitación de quienes las operan, por lo que pueden ser capturadas por los grupos económicos o morir. El Ministerio de la Cultura debiera formar un equipo que estudie el tema, haga propuestas y arroje luces antes de que se promulgue la ley de TV digital”, asegura Calvelo.

Y es que si de fondos se trata, no existe ni un solo programa estatal que contemple algún tipo de fomento a estas televisoras, hay algunos que se acercan, pero no se ajustan totalmente. Por ejemplo, está el Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes (Fondart), pero es muy concurrido por profesionales del rubro y con alta complejidad a la hora de postular. También existe desde 2001 el Fondo de Fomento de Medios Regionales dependiente de la Secretaría de Comunicación y Cultura del Ministerio Secretaría General de Gobierno y que, según su representante Iván Parvex, tiende a ser entregado a televisoras regionales (con más recursos y profesionalización). En el CNTV, en cambio, indican que no hay ninguna línea de trabajo con los canales comunitarios. De hecho, lo que principalmente se financia es la producción de programas de interés local o cultural, pero los requisitos para postular implican una alta profesionalización y tener el apoyo de un canal grande o una empresa de cable, por lo que la TV comunitaria queda excluida.

Aunque algunas señales populares han ganado fondos públicos como LTV o el Canal 3 de Pichilemu , lo cierto es que la falta de información y capacitación, hacen que ésa no sea la regla. “Hemos postulado varias veces al Fondart y a la DOS y nunca hemos ganado. Hemos sobrevivido limosneando, tarreando en la feria, con alguna ayuda internacional, desde Francia, Noruega o Suecia. No nos sentimos valorados por el Gobierno, porque si ellos dan cinco millones de pesos a “El Mercurio” y a Copesa por conceptos de publicidad, ¿por qué no a nosotros?, sé que podríamos colaborar en la lucha contra la droga o la violencia transmitiendo un spot”, asegura “Polo” Lillo de Señal 3. “Me da pena que si nos vamos, no habrá medios para que la gente se exprese en las poblaciones, no habrá derecho a voz”, agrega.

Y es que según los expertos, uno de los roles que cumple este tipo de canales es representar a la comunidad local, darle identidad y un espacio de opinión. “La gente quiere y tiene derecho a verse en televisión, por eso es importante en la medida que refleja los problemas, las vivencias y las demandas de la comunidad”, explica Calvelo.

Mientras, las señales populares cifran sus esperanzas en el proyecto de ley de TV digital que funda la categoría de canal comunitario y busca crear instrumentos de subsidio público. Eso sí, desconfían en que esto solucione sus problemas, pues nunca se les pidió una opinión. “Desde que empezó esta discusión no hemos tenido acceso a participar de los contenidos, a discutir, criticar, ni siquiera a sugerir, por ejemplo, que aunque no tengamos fines de lucro creemos justo tener derecho de hacer publicidad local con un tope”, indica Jaime Álvarez de LTV.
RED DE REDES

Movidos por fortalecer la identidad, difundir cultura y ser una alternativa a la TV tradicional, las señales comunitarias han intentado embestir el vacío legal y la falta de recursos, multiplicándose. Por eso se han expandido en Chile, de norte a sur. Señal 3 de La Victoria ha promovido la creación de una red de TV comunitarias de Iquique a Panguipulli. ¿Cómo?, utilizando 800 mil pesos -donados por una ONG francesa vinculada a exiliados chilenos- para comprar un segundo transmisor y prestarlo a quienes comiencen un nuevo canal. El préstamo dura cerca de seis meses mientras los novatos consiguen dinero para comprar el transmisor propio. A algunos les ha ido mejor que a otros. Aquí, la experiencia de algunas de las señales más jóvenes.

Mapuche TV

Es el primer canal mapuche a nivel nacional, transmiten en mapudungun desde Panguipulli y realizan una escuela audiovisual para pobladores. Surgieron apoyados por señal 3 La Victoria y Pichilemu, quienes le donaron un transmisor.

Renca TV

Transmitido a través de internet, desde 2005, está dedicado a publicar la cultura de la comuna. Cubren cada evento cultural desde un músico que toca el himno nacional con un serrucho hasta performance teatrales callejeras que critican al sistema. Cuenta con un computador, un pequeño set en la casa de su fundador y una cámara profesional. “Queremos potenciar el arte popular al estilo de Víctor o Violeta, nuestro desafío es ir a buscar a los artistas ocultos, que nadie apoya. A través de la cultura también hacemos crítica política, pero lo más difícil es mantener el canal en el tiempo porque a veces no damos abasto”, asegura el fundador Luis Toledo.

Canal 3 Pichilemu

Transmiten en señal 3 desde septiembre de 2007. Los bomberos les ayudaron en esa fecha a instalar su antena hechiza. Su director es productor de TV lo que les ayudó a ganar un par de proyectos públicos que les permitieron sobrevivir y pagar modestos honorarios a los tres que operan el canal. “Hacemos participar a las organizaciones dentro de la programación y usamos la publicidad local para pagar el arriendo, el agua y la luz. Queremos llegar a la comunidad con un trasfondo cultural y social, ser el pálpito de las voces locales”, explica Paula Gálvez de Pichilemu TV.

Señal 3 Cerro Navia

Surgieron en junio de este año cuando dirigentes sociales del sector decidieron levantar un canal popular. En noviembre inauguraron y transmitieron un programa en vivo. Cuentan con el transmisor de señal 3 La Victoria por seis meses, además de dos cámaras conseguidas, un DVD y una TV que sacaron de sus casas. “Empezamos cinco personas, pero invitamos a trabajadores y pobladores, hoy somos cerca de 20. Nuestra idea es integrar a la gente, que nos ayude a hacer programas y muestre la realidad local. Nos interesa que tomen conciencia, se informen, se organicen y se hagan una opinión de acuerdo a las características de nuestra comuna”, explica Alex Henríquez.

Atreve TV

Surgieron en la calle Las Carpas de Iquique, en abril de 2008, gracias a que Señal 3 La Victoria les prestó el transmisor por cuatro meses. Intentaron perdurar más tiempo, pero la falta de recursos les jugó una mala pasada y cerraron en agosto. “Primero nos ubicamos en un centro cultural de Cerro Dragón, que es una ‘casa okupa’, pero fuimos desalojados por carabineros y nos fuimos a Las Carpas. Transmitimos programas de carácter social con elementos políticos que no se ven en los canales tradicionales. Pero no pudimos recaudar dinero para comprar otro transmisor y el canal tuvo que cerrar”, explica uno de los fundadores, Weimar Navarro de Atreve TV.