La Nación: Lo mejor de la TV 2008

Sebastián Montecino / La Nación / El año termina sin norma de televisión digital y con olor a crisis económica por todos lados. También nos deja un sostenido retroceso de los programas de farándula y la consolidación del docurreality como formato.La crónica roja terminó de tomarse las pautas de algunos informativos y los programas especializados en el tema criminal hicieron nata en la pantalla. Impactante fue el fusilamiento mediático y simultáneo de dos canales a la comuna de Puente Alto hace algunos meses. Aún más sorprendente, el homicidio de un joven en la calle que fue grabado por cámaras de seguridad y reproducido sin pudor durante semanas en los noticiarios más truculentos.

Pero no sólo de crímenes se alimentan los chilenos. También tuvimos la más cursi y superficial cobertura de los Juegos Olímpicos desde que tengo memoria (afortunadamente a horas vampirescas). La Teletón, el fenómeno Farkas, los “porrazos” en el Hielo, la erupción del volcán Chaitén y sus desplazados que la televisión ya olvidó, el, para mi gusto, sobrevaluado “Señor de la Querencia” y la ultra estirada y aguada “Lola”.

Lo mejor del año nos deja mucho en el ámbito de las series y las miniseries. La abundancia de este formato fue uno de los hitos del 2008. Dos destacaron por sobre el resto: “Gen Mishima” y “Los 80”. La primera serie de ciencia ficción chilena sobresalió por contenido y calidad y consolidó la importancia del Consejo Nacional de Televisión (CNTV) y sus programas de financiamiento. “Los 80”, en cambio, fue capaz de superar las interpretaciones políticas e históricas de una época para centrarse en el drama humano, convirtiendo la historia particular de los Herrera en una verdad universal y conmovedora.

También destacaron los docurrealitys. Uno, “Cásate conmigo”, fue capaz de amenazar la sintonía del rey de la truculencia, Carlos Pinto, y su legendario “Mea culpa”, con historias sencillas y llenas de optimismo. Otro, “Nadie está libre”, dejó en claro que la crónica roja no es la única manera de abordar los conflictos criminales.

“Vida, radiografía de un cambio” siguió nadando contra la corriente de un río de silicona, dignificando el periodismo científico y los programas médicos.

Y para cerrar mi lista, “TV o no TV”, el primer intento serio por abordar la historia de la televisión desde la televisión, un programa digno de los más encumbrados debates y discusiones, y que de paso, demostró que Sergio Lagos no solo sirve para vender liquidaciones de temporada.

Ahí queda mi arbitraria y personal elección de lo mejor del año. Discutible ejercicio que nos provoca esa nostálgica sensación de fin de año, esa necesidad de sacar conclusiones y partir de cero, tan ilusoria y convencional como los números de un calendario.