María José Lecaros:“Nos estamos confiando excesivamente en nuestras capacidades”

María José Errázuriz  / Emol / Esta destacada periodista aborda los desafíos del periodismo chileno afirmando que ellos ya no están sólo en el resguardo de la vida privada, sino que en el uso del lenguaje y otros.  Los primeros días de diciembre debiera estar en un salón de honor en Oslo observando el mágico y ceremonial momento de la entrega del Premio Nobel de la Paz de este año.

La posibilidad se la ganó tras el reconocimiento que recibió por su larga trayectoria como periodista, donde ha destacado como una voz autorizada para hablar de ética profesional y de los medios de comunicación social.

Pero María José Lecaros, vicerrectora de la Universidad de los Andes, se muestra cohibida con tanta felicitación. Siente que su lugar es la academia y se la ve a sus anchas en los patios de los imponentes edificios de esa casa de estudio.

Tras formar parte, por largos años, del Consejo de Ética de los Medios de Comunicación, hoy mira el accionar de los mismos con la libertad que entrega el ya no tener esa responsabilidad.

Periodista de la Universidad Católica, donde hizo gran parte de su carrera docente, y doctora en Comunicación de la Universidad de Navarra, plantea que como sociedad y comunicadores tenemos grandes desafíos por delante.

-¿Cómo ves la labor de los medios de comunicación chilenos en estos casi 20 años de democracia?
“Creo que la evaluación hay que hacerla en el plano nacional, pero también internacional porque los medios compiten globalmente. Creo que se han encontrado con un cambio de sociedad, hoy es mucho menos política y una de las fortalezas que tenían nuestros medios -si nos saltamos la etapa intermedia de gobierno militar- era la cobertura de los hechos políticos porque éramos un país muy politizado.
“Estamos en una etapa light porque objetivamente a la gente no le interesa la política y la que hay es distinta. La cobertura hoy es menos buena de lo que fue porque no se le ha podido tomar la mano a la nueva situación. Tenemos que redescubrir cómo cubrir esa información.
“También ha habido cambios en lo económico, donde los medios han podido reaccionar más rápido y ahí se ha dado un giro en el sentido de informar más adecuadamente en relación a los intereses de las personas. En otras líneas como educación también nos falta dar el salto cualitativo; en resumen, hay áreas mucho mejor cubiertas porque se han adecuado a los cambios de la sociedad.
“Piensa que todo lo que llamamos farándula es un inadecuación entre los intereses reales del público y lo que nosotros le estamos dando. Al público le interesa la televisión porque ven muchas horas de ella, pero probablemente para ellos -más interesante que el cumpleaños de la Kenita- sea contar elementos potentes para analizar el mundo de la televisión y ahí creo que estamos en deuda”.

-Pero eso apunta a un debate no zanjado que es el dilema sobre qué es primero, el huevo o la gallina. Quienes hacen televisión se defienden diciendo que ellos entregan lo que el público les pide. ¿Es una respuesta acomodaticia, un poco irresponsable?
“Esto es como en todas las profesiones, hay una responsabilidad compartida. Si eres arquitecto y alguien te pide una casa de mil 500 metros cuadrados, tienes la obligación de decirle lo que significan mil 500 metros de aseo diario, de organización, porque tú sabes más que ella. O sea, alguien me puede hacer una petición extravagante y hay que tener la responsabilidad de decírselo y es lo que haría un médico frente a una operación que va a dar un mal resultado.
“Nosotros como periodistas no nos podemos escudar en el rating porque este marca un resultado momentáneo; sería mejor preguntarle a las personas si les gustó lo que vieron, donde probablemente la respuesta es otra. La relación cliente-profesional, periodista-audiencia hay que manejarla con mucha finura; yo sé más que mi auditor, por algo estudié y puedo adelantar qué va a suceder cuando, por ejemplo, le doy tal cantidad de violencia o uso tal lenguaje.
“Esto no es censura, simplemente es ser buen profesional. Hace poco un experto usó el ejemplo de la responsabilidad de quien abre un grifo, debe advertir que saldrá agua hirviendo a quien va a poner las manos bajo el agua y aún advirtiendo, no se puede dar el lujo de tirar agua hirviendo”.

María José Lecaros ahonda en este tema señalando que ya no sólo en contenidos formales los periodistas tienen que ser responsables, sino que en otras cosas que parecieran menos tangibles también deben poner atención como es el uso del lenguaje hoy. Y apunta no sólo al tema de la vulgaridad en él, sino que a la escasez de palabras utilizadas; “las palabras remiten a realidades, cuando se usan 100 palabras es distinto a cuando se usan mil”.

En este sentido desglosa la forma cómo se montan los programas matinales en Chile y los compara con los de otros países. Devela que acá no se usan libretos, lo que obliga a los animadores a hablar cosas inteligentes durante 4 horas y eso es difícil hacerlo improvisando. “Oprah Winfrey, cuando dice un chiste, lo tiene enteramente pensado, nunca improvisa. Los profesionales no podemos improvisar, de hecho a los europeos les escandalizan los despachos en directo porque su cara es su mayor capital y no corren el riesgo de equivocarse”.

-¿Es eso señal de que estamos siendo displicentes?
“Nos estamos confiando excesivamente en nuestras capacidades y aunque creo que el periodista chileno está bien formado y las tiene, se está siendo arriesgado. Nos afirmamos demasiado en nuestra capacidad de improvisación, nuestras reacciones rápidas -que son muy importantes en periodismo- y estamos dejando de estudiar más, de preparar los contenidos.
“Los americanos, en eventos de crisis, aplican manuales porque tienen todo estudiado y han escrito cómo se tiene que reaccionar. Actuar en frío permite no confundirse y luego, se debe analizar lo hecho para poder sacar las experiencias; en periodismo es un deber ético hacer ese aprendizaje”.

-¿No estamos viendo estos desafíos porque a lo mejor estamos muy distraídos con el debate sobre la vulneración de la vida privada?
“Sí, nos ha distraído el debate entre la vida privada y el interés público, que son cuestiones bastantes obvias; de verdad, equivocarse en ello es ser un distraído un poco a propósito porque son cuestiones que casi no se tienen que aprender. Uno sabe cuando pasa a llevar la vida privada o la honra de alguien, es algo vital.
“Me parece que los grandes problemas éticos de hoy son otros como este del lenguaje; cuando yo empobrezco el lenguaje, empobrezco la realidad, le digo a las personas que la realidad es muy simple, cuando, en verdad, es compleja. Cuando exponemos a las personas a cuatro horas de televisión, tenemos que tener presente que esas 4 horas la marcan, es como si se expusieran a cuatro horas de conversación con una persona que podría ser Einstein o, al revés, Madonna.
“También tenemos que cubrir mejor ciertas áreas como educación, transporte, música que las hemos descuidado. Y debemos preocuparnos de los nuevos soportes, de los estándares profesionales de la información en la web”.

-No abandonemos el tema del resguardo de la vida privada. ¿Crees que parte del problema está en que los medios han categorizado, discriminado a las personas en dos clases? A los empresarios no se les ventila su vida como si se hace con los artistas.
“Sí, más cuando la vida íntima, la vida privada y la vida pública son culturalmente diferentes. Probablemente para los que son una generación mayor la vida privada no es lo mismo que lo que piensan los jóvenes y los periodistas tenemos que tenerlo presente y deben cruzar muchas variables. Ahora esto vale para todas las personas, da lo mismo que se trate de gente de la farándula o del mundo económico”.

-¿Se está aplicando?
“No, creo que hay un trato súper discriminatorio. Todos los medios le hacen preguntas más impertinentes a una señora de una población que a una que está en un mall elegante y eso está mal, porque las dos tienen el mismo derecho. Y le hacemos una pregunta distinta a una persona que tiene poder que a la que no. Consideramos que para las personas de la farándula, como libremente se quisieron deshacer de su vida privada, es válido hacerlo todo público y no lo es. Lo es que es privado sigue siéndolo aunque la misma persona lo ventile, porque es por naturaleza privado; el tema de si lo publico o no en los medios no es de la persona es de los periodistas”.

-¿La farándula le ha hecho un flaco favor al periodismo?
“Sí y el periodismo de farándula le ha hecho un flaco favor a la sociedad porque ha tendido a valorizar cuestiones que en sí mismo tienen cero valor. Cuando una persona requiere de actos extravagantes para llegar a los medios quiere decir que ella no tiene valor en sí misma”.

-¿Tienen los medios responsabilidad desde el momento que entregan la labor periodística a personas que no lo son?
“Creo que el trabajo de los medios no es sólo de los periodistas, es una mezcla…”

-¿Pero se inventó la categoría del notero y del opinólogo?
“Sí, pero esa categoría, lo que voy a decir es duro, es la del payaso y lo importante es que lo llamemos así y lo tengamos presente para no tomarlo en serio. Cuando el notero se ríe, nos entretiene, bien, pero si se dedica a la información, eso confunde y lo considero peligroso. El mix hace que las personas se cuestionen si las cosas son verdad o no”.

-Volviendo a la web, ¿qué desafíos éticos imponen las nuevas tecnologías? Hay un tema con la privacidad y otro con la veracidad de lo que se encuentra en Internet.
“Ese es un tema importante. Facebook, Google son un desafío, ¿puedo usar una foto que esta en un blog en un diario? ¿Puedo tomar una historia y hacerla noticia sin saber si es cierta? A esto, hay que sumarle el desafío que impone la comunicación estratégica que se ha desarrollado en estos años y que nos imponen hacer una evaluación sobre el valor de la información que se recibe, sobre la información que se coloca en la agenda. El mundo virtual permite armar un conflicto virtual, el tamaño de la realidad en la web no tiene que ver con el tamaño de la realidad acá, donde vive la gente”.

-¿Todo esto tiene que terminar en una normativa?
“No, eso me da terror. Una profesión potente requiere de pocas normativas porque ellas se las da la propia profesión. Creo que tiene que haber un sistema de autorregulación súper fino. Una pauta periodística bien pensada es un sistema de autorregulación, un editor también lo es y la evaluación ex post, ídem”.