«Martín Rivas» versus “Manuel Rodríguez”: Rebeldes con (demasiado) corazón

manuel rodríguez 2Francisco Aravena / Wiken / “Martín Rivas” (nota 5,5) versus “Manuel Rodríguez” (nota 5,0) / Quedará para los historiadores de la trivia contar cómo fue que dos personajes históricos -uno de ficción y otro real- se vieron enfrentados en el mismo semestre en una nueva guerra de las teleseries. En pantalla (y a costa de “Feroz” en Canal 13 en cuanto a rating) hemos visto esta semana un par de ingeniosas adaptaciones; aterrizajes de personajes eternos y unidos por su rebeldía ante el estabishment de su época, a un género con sus propias leyes.

Y la ley principal de las teleseries, queridos hermanos, es la ley del amor. Dicho de manera menos cursi: una historia romántica débil en medio de la narración puede estropear hasta la más cuidada, efectiva y atractiva de las producciones. Y es ahí donde, siendo ambas teleseries entretenidas, con producciones impecables y relatos en general bien resueltos, Rivas se impone a Rodríguez.

“Martín Rivas” ya había tenido su adaptación en 1979 en Televisión Nacional (con Alejandro Cohen y Sonia Viveros, una dupla inolvidable aun para quienes no recordamos nada más de aquella versión), pero ahora las leyes han cambiado: en la adaptación de Víctor Carrasco destaca antes que todo una protagonista femenina más expresiva (y explosiva). Leonor Encina es motor evidente de buena parte de la acción; la relación que establece con Rivas a veces parece demasiado histérica y adolescente —un requerimiento del género hoy en día, quizás— pero es ágil y suficientemente atractiva como para sostener el interés en el resto de la acción. De paso, nos regala a la actriz revelación de la temporada, María Gracia Omegna, y permite que Diego Muñoz se mueva en el registro en el que relativamente funciona: la relación amor-odio que sabemos que terminará en amor-amor.

En “Manuel Rodríguez”, por el contrario, la historia de amor es un estorbo burdo e intolerable en un relato que sin el pie forzado ese de “el guerrillero del amor” (nada bueno puede salir de esa frase) fluiría de manera casi impecable. La producción —el debut de Vicente Sabatini en Chilevisión— tiene un héroe atractivo, con un guión que sabe llevar la tradición de las series de aventura al formato de teleserie y un protagonista, Ricardo Fernández, capaz de soportar el peso. Pero todo se derrumba cuando tenemos que verlo enamorado —desde la primera mirada, por supuesto— de una dama insípida (el personaje) al son de una horrible versión orquestada de una canción de Silvio Rodríguez. Los “momentos románticos” parecen una tomadura de pelo. Chilevisión ha dado un salto gigantesco con esta teleserie (en producción, en historia, en realización), pero su condena autoimpuesta de transformar al héroe en galán le pesa demasiado al total.