Memoria, homenajes, ceremonias y profanías

portada_viajes_inconclusosCrítica al libro “Viajes inconclusos” del poeta, periodista y magister en Ciencias Políticas, Hernán Miranda Casanova, integrante de la comisión de cultura del Círculo de Periodistas de Santiago. “Hernán Miranda es toda una época. Y un sobreviviente de ella. Pertenece a esa generación de los años sesenta que quiso poner a la imaginación en el poder. Un sueño que pronto los burócratas desbarataron, imponiendo incluso por las armas los fríos principios de la eficacia y la eficiencia”, nos aclara el crítico Ignacio Rodríguez de la Revista de Libros de El Mercurio antes de entrar en materia.

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Memoria, homenajes, ceremonias y profanías

Ignacio Rodríguez A.

Hernán Miranda es toda una época. Y un sobreviviente de ella. Pertenece a esa generación de los años sesenta que quiso poner a la imaginación en el poder. Un sueño que pronto los burócratas desbarataron, imponiendo incluso por las armas los fríos principios de la eficacia y la eficiencia. Nostálgico de esos tiempos místicos aunque a estas alturas un tanto ya míticos, intenta recomponer, a punta de oficio y esa sabiduría propia de los ancianos de la tribu, sus parámetros de sortilegio. Recurre para ello a los siempre caóticos y sin embargo selectivos registros y «artificios de la memoria», que fuera de control impone sus olvidos y recurrencias en desmedro de la objetividad.

La memoria privilegia con pocas excepciones el dolor y el error, las pérdidas y los desastres. Pero en fin, la poesía se alimenta o desfallece de esos materiales pesarosos, que favorecen una visión de mundo contestataria y marginal. Desde esa desolación de la memoria se produce entonces una relación identitaria con los textos, una historia compartida, un mismo punto de vista de derrota y calidez. Me refiero, desde luego, a los lectores disidentes que aún conservan cierta obsesión revolucionaria, o al menos la necesidad de hacer nacer un país, un país otro, como un guante que se da vuelta («Preludio»).

La memoria, además, rinde homenajes (notable el que dedica a Stella Díaz Varin), oficia ceremonias y retorna a lo profano. Ese es el itinerario de este libro, un recuento de viajes inconclusos precedidos por los admirables versos de Yorgos Seferis: «… vemos iluminarse en el crepúsculo/ maderos rotos de viajes inconclusos,/ cuerpos que ya no saben cómo amar». Un recuento de historias familiares y colectivas, políticas y poéticas, épicas y privadas. El tono es narrativo, con evidente dominio de una métrica de filiación popular, que sin merodeos recurre a ese espacio de encuentro intercultural que es el lugar común, la historiografía y la didáctica de los mitos clásicos.

Pero el talento de Hernán Miranda se desata nuevamente en la última sección de este libro -Asuntos profanos- en un poema de sorprendente fuerza lírica que se titula «Poema de amor». Cito algunos fragmentos: «Lo que va en este espacio es un poema de amor./ En el interior de estas líneas/ incapaces de dar cuenta del asunto real que las motiva,/ el personaje real (denominado Yo de aquí para adelante)/ deja testimonio de su dolor/ por una ausencia que le provoca ingentes sufrimientos/ imposibles de refrenar o mitigar./ Yo sabe que lo vivido no volverá a repetirse/ que no hay solución pero él sigue pensando/ que un milagro volverá atrás esta historia…/ Pero Yo sabe muy bien que su historia verdadera no tiene posibilidad de reiniciarse…/ y que en el colmo de la desesperanza la única/ posibilidad que le queda es escribir un poema/ sin otro destinatario que el mismo Yo que lo escribe/ o quizás alguna alma desventurada/ en parecida situación». Fijado en la soledad, el poeta clama por milagros en los que su exaltado Yo ya no cree, pues sabe que las grandes pérdidas son siempre irreparables.

En Viajes inconclusos no hay geografía: solo tránsitos más o menos subterráneos (como el del «ejército de las profundidades» del emperador Shi Huang-ti) hacia la presentida conclusión.