Patricio Bañados: Cuando haces un programa vulgar, le enseñas a la gente a ser vulgar

Javier Piñeiro Dávila, en El Mercurio, 07 de Octubre de 2012 (c 19)

Patricio Bañados cruza el Mapocho a la altura del mall Costanera Center, y su andar no pasa inadvertido. Hay miradas de reojo y algún murmullo propio de la presencia de un hombre conocido, pero que no detona estridencias.

Dos veces por semana concurre a la radio Beethoven para grabar con su voz y prestancia clásicas. Las mismas que ha patentado durante décadas tanto en Chile como en el extranjero, y con las que hoy analiza la TV criolla desde la vereda del espectador desencantado.

Antes de ahondar, precisa: «Yo, actualmente, no veo televisión chilena, porque no me interesa. Veo bastante cable, por lo menos unas dos horas cada día. Seguramente en la local también hay algunos programas buenos, pero el tono general es muy pobre».

«De los programas chilenos, he visto cosas del aspecto periodístico. En ese ámbito, tanto en canales abiertos como en CNN hay una generación muy buena de reporteros y periodistas en cámara», detalla.

Misión perdida

Bañados advierte que «la TV de hoy no peca tanto por lo que hace, sino por lo que no hace, sobre todo TVN. Ya las universidades abdicaron de la misión preciosa que el país les había encargado, y ahora pareciera que lo que hay que hacer es llenarse el bolsillo», concluye.

Trabajó hasta 2005 en el canal estatal, donde dejó huella con «El mirador» y otros espacios. Hoy, asegura, la estación «se ha convertido en un botín del poder de turno, y a estas alturas hay muy poca diferencia entre el poder económico y el político».

«Cualquier persona que recibe la concesión de un bien escaso, como es la frecuencia de un canal de TV, tiene el deber hacia la sociedad de hacer el mejor uso. Desde luego tratar de transmitir cultura, en el sentido amplio de la palabra; es decir, buenos hábitos de convivencia. TVN, por mandato fundacional, tiene particularmente y más que los otros ese deber. Pero hoy no distingo mayores diferencias entre TVN y los canales comerciales. Y, sistemáticamente, todos los gobiernos han nombrado a personas políticamente correctas como director ejecutivo, pero que no saben de televisión. Lamentablemente, el directorio de TVN es casi una ‘mesa del pellejo’ para los correligionarios sin pega».

-¿Observa falta de conocimiento sobre el manejo de un canal como TVN?

«Es que la gente que han nombrado es ignorante en TV. Reclamo el derecho de plantearlo con mi experiencia de 30 años en TV; pero si ha habido abogados, militares retirados y hasta un veterinario, en consonancia con la bovina existencia que teníamos en ese momento».

Educar los gustos

No olvida que la TV abierta es un medio masivo y que «no se puede aburrir a la gente».

«Hay tanta cosas, y la gente está ávida. Postulan que la gente dice ‘quiero cultura, pero veo farándula’. Por favor, si lo único que le dan es farándula. Y uno es educado en gustos… Dicen que sobre gustos no hay nada escrito, pero si hay algo que se educa es el gusto».

-El cable, entonces, ha suplido algunas carencias.

«La TV por cable tiene programas de gran calidad, pero hay que pagarla. Y justamente la gente que menos tiene, esa que tiene menos posibilidades de pagarse viajes o espectáculos, menos posibilidades tiene de aprender. En zonas rurales o semirrurales, donde hay tan pocas posibilidades de ver otra mirada, otras personas, es muy valioso despertarle inquietudes a un niño, mostrarle que existen otras cosas. Y estamos desperdiciando eso. ¿Cuántos programas se hicieron para explicarle a la gente cómo sería realmente el Transantiago? ¿Cuántos se han hecho para explicar la generación eléctrica? Se ha desaprovechado una oportunidad dorada».

-Uno de los argumentos es que la cultura no vende.

«Parece que hay horror a la cultura. Cultura es saber vivir bien. No hay que confundir arte e historia con cultura, de la que son parte solamente. Pero suponga que un programa de cultura tuviera poco rating , unos 7 puntos… ¡Es un millón de personas! ¿Dónde está la alternativa hoy para cultivarme, pensar, recibir información valiosa para mi diario vivir?».

Y se entusiasma en el análisis: «El tema es tan amplio, por Dios. No hay ninguna prueba de que la gente no ve los programas con buenos contenidos. Hace muchos años, durante la dictadura, creo, se habló de que se iba a hacer una transmisión del ‘El lago de los cisnes’ desde el Teatro Municipal. Y fue un éxito absoluto, porque se avisó, se preparó y se dio la transmisión. El fútbol tiene por lo menos unas tres horas diarias en por lo menos unas cinco emisoras y, desde luego, las más importantes del país. Y veamos: ¿cuántos espectadores van a los partidos? No al partido de la Chile con Colo Colo, al que van 40 mil… ¿Cuántos van? Cuatrocientos, mil, cinco mil… Y al Municipal van dos mil y cuando se anuncia con tiempo, se repleta, como pasó con Plácido Domingo. No digo que haya más gente interesada en teatro, cine o la ópera que en el fútbol; pero éste se lleva casi toda la promoción. En todo esto hay una distorsión, un pensamiento rápido, superficial, menor».

A Bañados le quedó dando vueltas una frase del director ejecutivo de CHV, Jaime de Aguirre, quien en julio dijo en «El Mercurio»: «No creo que la TV tenga un rol educador. Ese es un concepto de los 60».

Así responde: «Jorge Alessandri pensó que la TV era demasiado importante para dejarla al libre juego de los intereses comerciales. No entiendo cómo alguien puede poner en duda hoy la potencia educativa de un medio que llega con sonido e imagen las 24 horas del día a millones de personas. La opción no es si hay que enseñar o no, sino cómo vamos a enseñar. Porque cuando se hace un programa vulgar, le enseñas a la gente a ser vulgar».

-¿Volvería a la TV?

«Para algo que valiera la pena, por qué no. Pero no tengo la menor ambición de volver a la televisión, ni lo necesito, afortunadamente».

– Su rol en el «No»

Su participación como rostro de la campaña del «No» en 1988 volvió a la palestra a raíz de la película sobre dicho plebiscito, en la que también aparece.

«Después de ganarse el plebiscito nadie me llamó, ni esa misma noche, ni al día siguiente, ni a la semana, ni al mes siguiente. Por supuesto que en septiembre del año 89 sí, porque me fui a TVN. No es que esté sentido ni apenado, pero hay cierta etiqueta mínima de educación con un tipo que había arriesgado su vida y su carrera», dice.

Y se explaya: «Se ganó el plebiscito y durante un mes había estado expuesto a los peligros. A mí me amenazaron incluso. Termina esto y nadie me llama. Y el único al que odiaban (los partidarios del «Sí») era a mí… ¿Quién conocía entonces a Juan Gabriel Valdés, a ‘Nacho’ Agüero o a Eugenio García? Durante ese mes jamás fui a un restaurante; para qué exponerme a un lío gigantesco. La cara de la oposición ni se veía en esos tiempos, y el único que la puso durante un mes, y por cadena nacional, fui yo. El impacto era muy fuerte».

«En todo caso -añade- los del ‘No’ al mes siguiente del plebiscito eran los mismos que los del ‘Sí'».

Acerca de la película de Pablo Larraín, Bañados la evalúa como «muy buena y sutil».

«No falta el que le pide que sea un documento histórico exacto. Han dicho que no fue así, que se desconoce la labor de… ¡No se desconoce nada! Simplemente, se trata de determinada cosa. Es como si no pudieran hacer una película sobre el motín del Bounty en la Armada Británica porque no ponen que los otros 600 buques de la Armada no tuvieron problemas. En fin, la encuentro una buena película, llena de sutilezas y sugerencias. Que detrás del triunfo estaba el trabajo de años de los partidos políticos, sí pues, obvio».

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