Periodismo 133

 reality policialAndrés Azócar /El Dínamo / Pasó casi inadvertido, pero cuando Jorge Contreras, el ex seleccionado y ex jugador de Universidad Católica, fue recibido en el aeropuerto de Santiago por policías de la PDI y furibundos periodistas, se estaba materializando (una vez más) una de las más dudosas y provechosas alianzas, que bien podría ser denominada Periodismo 133. En resumen: Coke Contreras iba a ser detenido por la policía por un supuesto tráfico de cocaína y, obviamente, la operación no servía de mucho si los periodistas no estaban ahí para registrarlo.

Este tipo de periodismo no es una novedad. Los canales de TV abundan –en Chile y fuera del país- en programas que aprovechan esta suculenta amistad, que obviamente está sustentada en el rating y en las encuestas. La delincuencia es hoy la máxima preocupación de adultos y jóvenes y un buen programa puede replicar fácilmente esta “guerra” entre buenos y malos, entre héroes al servicio del público y delincuentes cada vez “más peligrosos”. Así conquistar a un público sensibilizado sobre este problema, es menos complejo.

Sin embargo, la reciente tragedia en la cárcel de San Miguel, al menos, debiera generar una discusión más seria sobre los alcances de este derivado del periodismo. Eso sí, partiendo de la base que escenas como la de Jorge Contreras son el lado más oscuro, evitable y lejana a la actividad periodística en esta simbiosis periodismo-policías.

Pedirle a los medios que sean la representación de las causas sociales y que tengan más sensibilidad que las autoridades en ciertos temas, es estar lejos de la realidad. Los medios son una industria que generan sus contenidos con el fin de satisfacer y aumenta su audiencia. Entre más lectores, televidentes o visitantes tengan, mejor.

También se les mide por el prestigio y obviamente el valor de la marca, lo que tiene mucho que ver con una conducta razonable frente a su público. Si el Estado en las últimas décadas tomó la decisión de convertir a los delincuentes en seres de quinta clase, los medios no son los llamados a cambiar eso. Pero sí a poner señales, a buscar caminos diferentes, a remendar las tesis del poder.

Pero con el Periodismo 133 ha ocurrido todo lo contario. Se divide la sociedad entre los que no tienen (merecen) intimidad y el resto, se perpetua una caricatura, se potencia el sensacionalismo y no la historia que hay detrás, se camina junto a la policía sin discrepar de su trabajo…finalmente se repite el libreto de la autoridad. Algo que cualquier periodista debiera rechazar por acto reflejo. Nadie discute que se pueden crear programas policiales, pero deben estar más cerca del periodismo que de la policía.

Lamentablemente esta discusión siempre cae en la tierra de las críticas irracionales y las defensas ciegas. Pero lo que ocurrió en San Miguel no es sólo responsabilidad de décadas de una errada mirada sobre el problema, también es la culpa de una caricatura armada por lo medios, que no han sabido medir los alcances de su alianza. De hecho, el recibimiento a Jorge Contreras fue condenarlo frente a la opinión pública. Por cierto, el ex futbolista aún no ha sido declarado culpable y hoy es ayudante técnico de Cobreloa.