Radio y TV: las benditas señales

TV gente mirandoLa Nación Domingo / Mariela Vallejos / Si en ocasiones los detestamos, los criticamos y hasta dejamos de seguirlos por sus canales y bandas del dial, esta semana se volvieron indispensables: radio, televisión e internet mostraron su mejor rostro, y nos tendieron la mano para salir del pozo de la incomunicación y el pánico.

 “En un desastre como éste, la sensación de normalidad que te da la radio no se compara con nada”. Así graficó Verónica Gaete (Talca) la presencia invisible, pero salvadora de la estación local Paloma durante los duros días que siguieron al terremoto. Igual que a miles de chilenos, el sismo del sábado 27 la dejó incomunicada del resto del país en una ciudad en ruinas. Su familia inmediata estaba a salvo, pero reinaba la desolación alrededor. Su propia casa había quedado semidestruida e inhabitable. Los habitantes de Talca estaban en shock, abrumados por una sensación parecida a la orfandad. En la oscuridad de las noches que siguieron, la voz de los locutores de Radio Paloma se convirtió en compañía fundamental, una especie de faro en la incertidumbre.

Tras el sismo, Radio Paloma había superado rápidamente problemas técnicos para acompañar a la comunidad en el doloroso proceso de recuperar una cierta rutina de normalidad y de ir enterándose de lo que sucedía en la región y el país. La conexión y la empatía del entorno fueron inmediatas. Docenas de familias vinculadas de nuevo, peticiones cumplidas, palabras de aliento, mensajes alentadores y, sobre todo, percepción de continuidad de la vida que no sólo han llevado esperanza a los directamente involucrados. De hecho, la gran audiencia regional aprecia cada buena noticia como si fuera propia en una espiral positiva que no cesa. En Concepción, la emblemática Radio Bío-Bío de los hermanos Mosciatti ha estado haciendo lo propio y, además, canalizando información regional fundamental al resto del país. Ambas estaciones no han parado ni un segundo sus transmisiones desde entonces, en una misión pública que los auditores valoran. “Si antes la Bío-Bío era sinónimo de información en la región, ahora es parte de mi familia”, destaca un ingeniero penquista, que privado de electricidad durante gran parte de la semana, no pasó un día sin tener sintonizada la estación regional. “Los que no pasaron el terremoto en Concepción, ni han vivido la incertidumbre que se ha vivido acá, no se imaginan los lazos de cariño que uno puede desarrollar con la radio cuando se transforma en tu única ventana al mundo”, destaca.

En Talca, tras una semana de verdadera dependencia afectiva, los juicios sobre el trabajo de la emisora local no son menos elogiosos: “Radio Paloma ha sido el mejor servicio de utilidad pública que podíamos tener”, destaca Marcela Castro, funcionaria de la Universidad de Talca. “Cada día y hora tras hora mantienen el ánimo de la gente, hacen llamados específicos, ayudan a localizar personas. Es increíble cómo te hace sentir que eres parte de una comunidad, y que estás conectado a los otros”, exclama.

Televisión que penetra

Más allá de las críticas a la forma y contenido de la cobertura de la televisión, especialmente los días en que los saqueos eran transmitidos en vivo y en directo, los chilenos reconocen haberse volcado a los medios buscando compañía y normalidad. “Éste es uno de esos eventos en los que la fuerza de una señal se manifiesta abrumadora”, asevera Sebastián Montecino, columnista de La Nación y autor de somosBlog en el que firma como ProtelesBuenavista. Montecino, que cual hombre orquesta no ha parado de monitorear radio, televisión e internet esta semana, aquilata la llegada instantánea y emotiva de la televisión. Pero es un convencido de lo irreemplazable de la función radial en la comunidad local cuando todo lo demás se cae. Una función que quedó de manifiesto en las extensas zonas que quedaron sin electricidad casi toda la semana. Aunque admite que la cobertura televisiva no ha estado exenta de exageraciones y errores, Montecino prefiere celebrar en su conjunto la contribución del trabajo periodístico en una semana crítica. “No puedo sino admirar y agradecer el trabajo de mis colegas apenas sucedida la tragedia, pues la tranquilidad sin información resulta imposible”, asevera.

Montecino destaca que tanto la televisión como la radio, con su sola presencia en el living, entregan “el consuelo, pobre, pero necesario, de que de algunas cosas no han dejado de funcionar. Y si la lejanía y la fortuna nos han tenido resguardados de lo peor, lo vemos y comenzamos a empatizar. Y pese a que en muchos momentos tendremos motivos justificados para el reclamo y la disidencia, ésta es una de esas situaciones en las que la crítica tendrá que esperar”, afirma.

Según Reporteros sin Fronteras, la televisión en tiempos de crisis puede, más que ningún otro medio, generar empatía y apelar a audiencias más amplias. “La información estimula la toma de conciencia de quienes están más lejos y la capacidad de los afectados directos de retomar el control de sus vidas y orientar sus procesos de sobrevivencia”, agregan al agregar que “la televisión también ayuda a los afectados a recuperar su dignidad en calidad de testigos presenciales, los mejores voceros de sus propias necesidades”. En definitiva, verse en la pantalla de la televisión puede ayudar al ciudadano anónimo y golpeado por la tragedia, a retomar el control y protagonismo de su propia vida.

Los organismos humanitarios internacionales saben del enorme poder de la televisión para captar fondos, llamar la atención y movilizar a la comunidad internacional. Cada año en el mundo unos 250 millones de personas son víctimas de desastres humanitarios a causa de epidemias, accidentes y catástrofes naturales. Una buena información resulta también vital para definir bien las prioridades y las urgencias. Mantener contacto con los afectados ayuda a promover la transparencia, el intercambio y la confianza. Por eso, las redes internacionales de ayuda destacan que, a pesar de los roces que se puedan producir en la relación entre el Estado, los medios y los organismos humanitarios, todos se necesitan mutuamente para realizar su trabajo cuando ocurre una catástrofe: Las instituciones tienen el personal entrenado y en terreno, las infraestructuras. Los medios tienen el poder de movilizar empatía y recursos. A menudo, -y el terremoto del 27 de febrero no fue una excepción- los periodistas de la televisión son los primeros en llegar a las zonas devastadas, tienen la capacidad de transmitir instantáneamente los hechos y cumplen un rol clave para establecer la magnitud de lo sucedido y generar respuesta nacional e internacional. La cobertura de una tragedia puede marcar la diferencia en cuanto a movilización de ayuda.

Según Ben Parker, redactor jefe de IRIN, servicio de noticias de la ONU, un solo artículo en The New York Times puede ser el equivalente a conseguir más de un millón de dólares en donaciones. Mucho dinero cuando hay vidas en juego.

Pero Sergio Campos, periodista y voz característica de Radio Cooperativa, es más duro con el rol que ha tenido la televisión en la cobertura de la catástrofe.

-¿Cómo evalúa la cobertura del terremoto por parte de la televisión?

-Basta con decir que Televisión Nacional habló el sábado de cómo lo habían pasado los integrantes de “Pelotón” durante el terremoto. Nosotros (la radio) teníamos tanta información, que no tuvimos oportunidad de repetirla, salvo los datos duros y fundamentales con respecto al epicentro. La televisión pecó de exceso en la repetición hasta el hartazgo de los saqueos y eso creó un ambiente de sicosis y de incentivo para actuar con esa misma naturaleza.

-¿Cómo compara la cubertura de la TV con la radio?

-La radio empezó a transmitir desde el tercer minuto de ocurrido el terremoto de forma ininterrumpida. Hasta el momento, no hemos puesto ni un so-lo tema musical y contamos con varias líneas de acción. Hemos desarrollado un área de servicio para buscar personas a través de la radio y esto nos ha causado una satisfacción enorme, porque varias personas han logrado contactar a sus familiares por nuestra Radio Cooperativa. Se trata de servir a la comunidad y no de entregar un producto para competir o para actuar con criterio de mercado. Nunca ha sido eso nuestro propósito. La radio es tremendamente ética. La televisión incitaba al caos, mientras que nosotros tratábamos de mantener la calma, porque si no la gente se exaltaba y podían ocurrir muchos accidentes, como los que fomentó y mostró la televisión.

-¿Cómo ha sido el trabajo estos días?

-Ha sido un trabajo agotador, demoledor. No hemos comido bien, pero no importa, porque es tremendamente satisfactorio. Estamos satisfechos porque hemos cumplido con la tarea de comunicar. //LND

Colegio de Periodistas evaluará sanciones

El presidente del Colegio de Periodistas, Abraham Santibáñez, destaca la labor y la reacción de los reporteros en la tragedia. Sin embargo, anunció que el Tribunal de Ética y Disciplina (Tried) de la entidad efectuará un análisis de la difusión de la información “porque ha habido críticas respecto del comportamiento de los periodistas. En Concepción se habló que hubo mucho sensacionalismo, cosa que es difícil medir. Por eso es mejor hacer un análisis más tranquilo, porque no estamos siempre preparados para este tipo de emergencia tan grandes”, enfatizó.

Agregó que la difusión de noticias sin una fuente clara, como fue Twitter, lo siente “más como responsabilidad de quiénes están en los medios, como los editores, que de los usuarios de estas redes. El reportero en terreno tiene que transmitir lo que le llega. Sobre el Twitter, es algo que todavía no manejamos con tranquilidad. El periodismo ciudadano, esta vez, no estuvo al mismo nivel del trabajo de los profesionales”, reitera.

Se sabe: en situaciones críticas, la necesidad de información se dispara. Y la gente descubre nuevas aplicaciones a la tecnología. Este terremoto relevó el rol de internet. Al caer la red eléctrica y colapsar la comunicación telefónica, miles de usuarios encontraron en la banda ancha móvil la oportunidad de saber de parientes aislados en la zona de la catástrofe.

“No puedo comunicarme por teléfono con mis hermanos en Talca”, escribía Claudio en Facebook tras intentar contactarlos desde Puerto Rico. Llamando localmente desde Santiago, una amiga supo de la familia de Claudio y le respondió en Facebook: “Están bien. La casa está muy dañada, pero toda la familia está a salvo”. Palabras de un valor inconmensurable para todos quienes recibieron información que les permitieron disminuir la incertidumbre.

Mensajes como los descritos se han multiplicado estos días en distintas redes sociales. “¿Alguien sabe de la familia Rodríguez?, preguntaba un cibernauta mediante un chat habilitado en el sitio web de la Municipalidad de Los Álamos (Octava Región). “No te preocupes”, le respondía otro. “Yo logré comunicarme, y supe que no hubo muertos ni heridos en el pueblo. No tienen luz, pero sí tienen agua”. Al mismo tiempo, Facebook, Twitter, MySpace y Linkedin están sirviendo de foro de conversación y medio para publicar opiniones, impresiones e iniciativas. Claro que lo bueno de la pasividad puede ser un problema al carecer de filtro editorial: sucedió con Twitter cuando alguien propagó un rumor sobre saqueos en el centro de Santiago. Los locales cerraron y la gente abandono rápidamente el perímetro. Pero la información era falsa y frente a esto, el ministro del Interior Edmundo Pérez Yoma tuvo que salir no sólo a pedirle a los chilenos que no se transformaran en presa del pánico innecesariamente, sino también a los medios masivos de comunicación de filtrar los datos de la red antes de lanzarlos al aire.