Revista Dossier o los secretos de la entrevista

V. P. / Observatorio / La revista Dossier, de la Facultad de Comunicación y Letras de la Universidad Diego Portales, apareció en su número siete. Desde las “cartas perentorias” de Violeta Parra a las confesiones de Sergio Pitol, la mirada de una periodista cuyos personajes más entrañables son seres perdidos y maltrechos, meditaciones de Gumucio, Mosciatti, Campos, sobre el género de la entrevista; el decálogo del preguntador, según Álvaro Díaz; una autora que recuerda una anécdota de Dickens, otra, el conocido gusto del viejo Borges por los interrogatorios periodísticos, las 12 noticias más vistas del Museo de la Prensa que creó la Escuela de Periodismo de la UDP (entre las que están el triunfo de Colo Colo en la Libertadores del 91, la revolución pingüina, el hundimiento del Titanic, y el Golpe de Estado del 73); una reseña de Carlos Peña titulada “la moderna publicidad de dios”, sobre un libro de la historiadora Sol Serrano; el feroz juicio a los publicistas que “han destruido finalmente toda forma de honor”, del columnista de The Clinic Fabrizio Copano , son parte de los materiales que usted podrá encontrar en las 84 sorprendentes, bien escritas y valiosas páginas de esta nuevo volumen semestral, dirigido por Cecilia García Huidobro y editado por Andrea Insunza y Alejandro Zambra.


En un hojeo rápido, nos cruzamos con el artículo de Marisol García que se sumerge en el mundo epistolar de Violeta Parra, incluida la correspondencia con su amante suizo Gilbert Favre; al editor de Anagrama Jorge Herralde rememorando sus encuentros, en Barcelona, París y Praga, con el escritor mexicano Sergio Pitol; a la escritora Alejandra Costamagna en un diálogo con la periodista argentina Leila Guerriero quien usa, según la reseña, “el arte de mirar haciéndose invisible” para escudriñar en sus entrevistados y escribir “historias desgarradas, pero sin caer jamás en el lugar común, en la sensiblería gratuita propia de muchos medios”.

“Correr el tupido velo” titula Pilar, hija de José Donoso, el texto con que adelanta, en exclusiva para este número de Dossier, fragmentos de los diarios de vida del escritor, que estaban guardados en la Universidad de Princeton y alcanzan los 64 tomos, donde aparecen las obsesiones, angustias y las zonas más contradictorias y oscuras del autor de Casa de Campo y El Obsceno Pájaro de la Noche.

 
Dado que la “entrevista” es la invitada especial de este ejemplar, el lector atento puede hallar recetas y trucos para ser un mejor entrevistador, oficio venido a menos, según el diagnóstico del periodista  Oscar Contardo, quien piensa que en las últimas dos décadas “la multiplicación de voces se ha transformado en un zumbido que de cierta manera ha diluido el género en una sobre explotación de personajes públicos”. Rafael Gumucio la asemeja a un salto mortal y reconoce que cada vez que tiene que entrevistar a alguien se le hace un nudo en la garganta, Larry Moe, con su gusto por las clasificaciones, nos ofrece un ranking de los entrevistadores nacionales – el más catete, el más negrero, más posero, cursi, ególatra, distante, risueño, relajado y enervante-, y remata Álvaro Díaz, periodista y creador de la serie infantil 31 Minutos, con un riguroso decálogo del género, del que citaremos el cuatro:

CUATRO: “Debo detenerme en un asunto un tanto triste, aunque probablemente más vulgar de lo que sospecho: corrientemente hablo solo, y una parte de lo que hablo son respuestas a una entrevista imaginaria. A veces soy contundente, otras sensato, otras tremendamente divertido. Siempre ponderado, lúcido, interesante. Es una especie de entrevista definitiva, que todos leerán, comprenderán y considerarán, donde expongo aquello que no se entiende de mí, y a través de la cual consigo el perdón y la veneración. La ampliación al resto de la especie humana de este sicótico comportamiento me ha llevado a establecer que todos, en mayor o menor medida, quieren dejar en claro quiénes son ante el resto, y que uno puede ser un pertinente vehículo para lograrlo. Los problemas llegarán cuando la manifestación verbal de lo que ha rondado durante años en la cabeza del entrevistado no sea el magnífico relato que supuso, sino una narración incompleta, errada en puntuación y sintaxis, la tardía constatación frente a una grabadora de que el libreto nunca es igual a la interpretación“.