Ryszard Kapuscinski: El mejor reportero del mundo

k-1Rodrigo Cea / El Mercurio / Revista del Domingo  / “Ahora, cuando retrocedo con la memoria a aquellos años, constato, no sin cierta sorpresa, que recuerdo mejor el comienzo que el final de la guerra”. En su libro La jungla polaca, Ryszard Kapuscinski comienza así su recuerdo sobre la invasión nazi a Polonia, en la Segunda Guerra, la experiencia que definiría su futuro, cuando sólo tenía siete años.

El 23 de enero de 2007, Ryszard Kapuscinski murió en un hospital de Varsovia, dejando una biografía marcada por las guerras, el Tercer Mundo y el periodismo. Su historia comenzó en 1932 en Pinsk, actual Bielorrusia, uno de los rincones más pobres de Europa. Fanático del fútbol en su infancia, la lectura de un libro y la invasión nazi sellaron su suerte: a los 17 años ya trabajaba para una revista local. Pero fue en la agencia polaca PAP donde construyó su carrera de corresponsal, entre 1958 y 1981. “Era casi la única forma que tenía en aquel entonces de viajar”, dijo el periodista, que debió dedicarse a mandar télex diarios como forma de mostrar el mundo. “Es el precio que tuve que pagar”, comentó.

Aunque su sueño sólo era ver Checoslovaquia, su jefa lo mandó a India. No paró más. Italia, China y África. Con escala en Chile el 67, también recorrió Latinoamérica. Siempre se sintió cautivado por los países del Tercer Mundo. “Era como regresar a los escenarios de mi niñez (…). Por eso me interesan los temas que tocan la pobreza y lo que produce: conflictos, guerras, odios”, dijo. Su bitácora anota 12 guerras, 27 revoluciones y 4 condenas a fusilamiento.

Más allá, su legado lo componen más de veinte libros -la mitad de ellos traducidos al castellano-, y un reconocimiento generalizado que lo situó como el único periodista con posibilidades serias de ganar el Nobel de Literatura.

Considerado el mejor reportero del mundo, tres destacados periodistas latinoamericanos escriben sobre su trayectoria.

k2 Un tío un poco calavera

Por Martín Caparrós*

Por Martín Caparrós*He leído mucho y con mucho gusto a Kapuscinski: lo admiro como se admira a un tío un poco calavera, uno de esos tíos que toda familia tiene, que hace cosas un poco raras, se sale del molde; que hizo algunas de esas cosas raras que a uno le gustaría hacer -que uno trata de hacer- de vez en cuando. Me atrae su manera de contar, de ir hilando historias, de montar personajes; entre sus libros, me interesaron sobre todo Ébano, El Imperio, los grandes recorridos que sintetizan veinte o treinta años de experiencias en África o en la Unión Soviética. Lo que me sigue sorprendiendo un poco es la adoración que han suscitado: son crónicas. Excelentes crónicas, pero crónicas al fin, no cumbres de la literatura. Y lo digo, por supuesto, sabiendo para dónde escupo cuando escupo para arriba.
* Argentino, una de las voces más originales y respetadas de la crónica periodística actual.

k4Ryszard is not at home

 Por Leila Guerriero*

Debería decir que el libro que más me gusta de Ryszard Kapuscinski es La guerra del fútbol (La guerra del fútbol y otros reportajes) donde, en una crónica que lleva ese nombre, habiendo llegado Kapuscinski por primera vez y en 1969 a la ciudad hondureña de Tegucigalpa, y estando sumida ésta en la más intensa oscuridad debido a un bombardeo, descubrió, después de enviar un telegrama desde la oficina de Correos a su agencia de noticias en Varsovia, que estaba perdido y no podía regresar a su hotel. Lo que sigue es una escena pavorosa en la que, sin embargo, no pasan cosas tremebundas: hay un tipo desorientado en una ciudad desconocida a quien lo más grave que le sucede es patear, sin darse cuenta, un tacho de basura en las tinieblas. Y sin embargo eso, así, es el horror. Por cosas como ésas me gustan los que me gustan: porque son capaces de contar algo contando otra cosa: de contar el espanto de guerra contando el miedo de una noche oscura.

Pero no voy a decir eso. Voy a decir, en cambio, que de todos los libros de Ryszard Kapuscinski que leí prefiero uno que se llama Ébano y la razón es casi inocente: porque ése fue, en 1999, el primer libro de Ryszard Kapuscinski que leí. Yo, para decirlo rápido, no tenía idea de quién era Ryszard Kapuscinski cuando una compañera de trabajo, una lectora finísima, me dijo “Tenés que leer a un polaco fabuloso”. Busqué y no encontré nada, excepto Ébano. Compré. Leí.

Ébano es un mosaico de crónicas sobre África que recoge viajes, guerras y revoluciones acontecidos durante los treinta años en los que Kapuscinski fue, allí, modesto corresponsal de una agencia polaca. Pero en Ébano África no es el África, esa masa de tierra indiscriminada en cuyo nombre se hacen recitales a beneficio y de la que muchos hablan como si fueran lo mismo Egipto que Liberia, el Congo que Madagascar, Sudáfrica que Libia. En Ébano Africa es cada rincón, cada miseria, cada risa terrible, cada callejón, cada mercado, cada ladrón, cada niño soldado, cada corrupto, cada músico, cada aldeano, cada sequía, cada país. Kapuscinski le pone, a todo eso, el cuerpo – se queda sin agua varado en el desierto, es rociado con gasolina y casi incendiado por rebeldes nigerianos- y esparce una mirada sin piedad y sin lugar común que suele volver contra sí mismo: el hombre blanco, culpable de muy oscuras cosas.

No sé qué aportó Kapuscinski a la literatura o al periodismo. No sé si creo en los aportes, ese sustantivo que suele anteceder a la palabra “jubilatorios”. Sé que era un periodista riguroso que, al menos al principio, trabajaba con muy pocos recursos, que no dudaba en ponerse incómodo, que tenía una sensibilidad de lince y una elegancia sin fin para mirarlo todo al sesgo, y que no sólo se preocupaba por la potencia de la historia sino por escribirla soberanamente bien.

En 1999, cuando terminé de leer Ébano, conseguí el teléfono de su casa en Varsovia y llamé. Me atendió la mujer, Alicia, que me dijo, en un inglés hecho de troncos: “Ryszard is not at home”.

Ryszard, supe después, nunca estaba at home.

* Argentina, autora del libro Los suicidas del fin del mundo. Publica y edita reportajes para varias revistas latinoamericanas.

k3El valor de los otros

Por Francisco Mouat*

Da lo mismo si Kapuscinski escribió novelas de no ficción, crónicas, libros de memorias o simplemente “textos”, como le gustaba llamar a sus escritos. Lo de Kapuscinski fue un ejercicio literario sobresaliente y también un testimonio de humanidad. No siempre ambas cosas van de la mano. Sus textos cuentan y conmueven, no sé qué más pueda pedírsele a un autor. Quien quiera entender un poco mejor al siglo que pasó y a sus habitantes más desvalidos, que lea a Kapuscinski. Quien quiera entender los bemoles del poder, que pase por las historias que narra en sus libros.

Reportero en África, Asia, Europa del Este y América Latina, fue capaz de convertir el trabajo de un periodista inquieto y curioso en literatura pura y dura. Los personajes de su obra son aquellos seres humanos que padecen el poder y con los cuales se encontró a lo largo de su vida en distintas latitudes: los hondureños y salvadoreños que vivieron la guerra del fútbol en 1969, los chilenos barrocos que arrendaban departamentos amoblados repletos de chucherías absurdas a sus ojos, los africanos que lucharon por liberarse de las colonias y de todas formas no fueron libres. Ellos, los otros, los mineros de Siberia o los vecinos polacos que sufrieron como él hambre y frío en la Segunda Guerra Mundial, terminaron siendo la razón de ser de su oficio, y tratar de acercarse a sus vidas, el último objetivo de sus afanes. Kapuscinski es la antítesis del narrador ombliguista. Los otros, los de más allá, gracias a sus libros se acercan a nosotros, sus lectores, para concluir junto a sus textos que no sabemos nada o apenas un atisbo de lo que le ocurre al hombre: “Hoy el mundo es inmenso e infinito, se ensancha día a día y pasará un camello por el ojo de una aguja antes que nosotros podamos conocer, sentir y comprender todo aquello que configura nuestra existencia, la existencia de varios miles de millones de personas”.

De sus libros, recomiendo para empezar sus memorias, Viajes con Heródoto, y luego la lectura sucesiva de La guerra del fútbol y otros reportajes, Ébano, El Imperio y El Sha.

* Columnista de Sábado, ex editor de Domingo, ha lanzado varios libros de crónica periodística.