Televisión: qué se mostró y cómo se significó el terremoto

terremoto banderaClaudio Avendaño Ruz / Director magíster en Comunicación, Universidad Diego Portales / Han pasado varios meses desde el terremoto del 27 de febrero y aunque la agenda noticiosa está atrapada en otros temas, la reconstrucción y la compleja situación de los damnificados continúa siendo materia de primer orden. Se hace necesario por ello evaluar el comportamiento de distintas organizaciones públicas/privadas y del tercer sector no con la idea de repartir culpas que apelan a mezquinos intereses corporativos o personales. Muy por el contrario, se necesita recabar información para abrir un debate con el fin de analizar la capacidad de respuesta y aplicar las posibles correcciones que corresponda según el caso.

Entre las instituciones y más allá de los damnificados y las personas que, de una u otra forma, sufrieron/vivieron el terremoto, los medios de comunicación fueron y son protagonistas de lo sucedido. Dentro o fuera del país, la comunicación mediada en general (desde el celular a internet, pasando por los medios masivos) permitió no sólo conocer lo ocurrido, sino formarse una opinión, una cierta idea de la magnitud y las distintas dimensiones de la catástrofe. El Consejo Nacional de Televisión (CNTV) -acertando una vez más-, por su departamento de estudios, tomó rápidamente la iniciativa y realizó un completo estudio que abarcó: análisis de pantalla (565 horas con un total de 5 mil 512 notas periodísticas en la semana del 27 de febrero al 5 de marzo), una encuesta, grupos focales y uso de informantes clave (www.cntv.cl/medios/Destacado/Estudio-cobertura-televisiva-del-terremoto.pdf), lo que, al menos, implica tener dos visiones de los procesos comunicativos: lo exhibido en pantalla y la visión de las audiencias. Tratándose de una investigación de gran magnitud y alta complejidad sobre la dimensión comunicativa de catástrofes a nivel mundial, abordaremos sólo algunos aspectos.

En la primera semana posterremoto, 79,3% de los temas tratados por la televisión se centró en el propio fenómeno, destacándose como subtemas principales la “constatación” del hecho del terremoto/maremoto (37,4%) y las acciones solidarias (14,7%). El saqueo y el desorden que se produjeron posteriormente sólo representan 7,1%, este último dato contrasta en un significativo porcentaje con la información en medios extranjeros, que reprodujeron profusamente fotos y audiovisuales que destacaban este aspecto. A medida que transcurrían los días y se acercaba la campaña Chile ayuda a Chile, la transmisión televisiva se volvió hacia las acciones solidarias, superando incluso a la “constatación”, lo que da cuenta de un cambio en la tendencia primaria y original en que se centraba la información. Pero quién aparece en la pantalla: 29,4% personas naturales y en segundo lugar, la figura del gobierno central con 23,1%. No obstante, quienes hicieron de “voceros” protagónicos fueron los propios afectados (50%), en su mayoría hombres y adultos.

Desde el punto de vista de las audiencias, un dato llama la atención de manera negativa: 68% de quienes tienen hijos siguieron con ellos la transmisión por televisión. En una primera mirada, aparece como necesario que los niños/niñas se enteren de lo acontecido, pero, según señalan los propios adultos y padres (44%), no hubo en este medio espacios de entretención para sus hijos, lo que significó someterlos a una tensión emocional muy intensa: “Si uno buscaba entretención para los niños no había, sólo noticias, y malas”, expresa uno de los consultados. Pero esto también hace evidente la escasez de herramientas de educación medial que los padres y adultos manejan respecto del visionado de los niños/adolescentes. Hay suficiente evidencia en investigaciones nacionales e internacionales que la falta de mediación social, tanto de padres como de docentes, genera probablemente condiciones para un efecto directo en los niños(as) de los contenidos audiovisuales y, especialmente, en el caso de la televisión. Esta situación se pone más seria aun cuando los contenidos tienden hacia el impacto emocional de los niños(as) como se observa en la cobertura del terremoto: los recursos más usados en la narrativa televisiva en cuestión fueron básicamente emotivos, con la reiteración de imágenes (44,2%), la utilización de primeros planos (39,2%) y una adjetivación excesiva (35,6%). Aunque los niños(as) fueron escasamente presentados en pantalla, esto se hizo, en primer lugar, a través de primeros planos (8,8%), musicalización (7,7%) y adjetivación excesiva (6,4%).

En una perspectiva más amplia, la televisión logró en 86% motivar para la ayuda solidaria, fue sólo superada por la evidente preocupación que provocaba el desastre (90%). Aunque también hay visiones críticas de parte de los sujetos consultados (21,6%). Uno de los puntos centrales de esta percepción es el carácter comercial de la televisión, que lleva a perseguir mayor rating de manera central, lo que redunda casi siempre en sensacionalismo.

Estos datos deben alimentar nuestra capacidad de reflexión, de análisis y debate para corregir y preparar planes de contingencia en los medios, en especial en este país, cuya geografía y naturaleza nos mantendrá permanentemente sometidos a sufrir catástrofes como la aludida. Esta es una tarea que nos involucra a todos. En primer lugar a las propias organizaciones televisivas, al tiempo que hace evidente la urgencia de una formación para padres/adultos sobre las formas adecuadas de mediación en una actividad tan central en niños/adolescentes, como es consumir televisión.

De qué manera se evaluó el rol de los periodistas, editores, rostros y otros medios, lo dejaremos para la próxima columna… Continuará…