TVN promete otro remezón

Claudia Guzmán / el Mercurio / Los años de liderazgo y de oficio le han dado al área dramática de TVN las espaldas suficientes para hacer productos de ficción innovadores sin perder la calidad. Y, además, el canal estatal se ha permitido actualizar su misión de televisora pública desde ese lugar.

Es justo desde ahí -y no desde la fácil complacencia que anima a su teleserie de las 20 horas, «Témpano»- de donde surge «El laberinto de Alicia», la ficción nocturna que anoche estrenó la estatal.

En un capítulo de larga duración para su horario, la telenovela supo desde sus primeros minutos desplegar los recursos necesarios para envolver, atrapar, cautivar y hasta victimizar al telespectador. ¿Por qué? Porque en estos días es casi imposible no conectar con una historia de abuso infantil, menos cuando la trama está desarrollada en escenas que duran lo necesario para que el guión del equipo de Nona Fernández sea explícito hasta en los silencios, y donde gran parte de los actores se notan comprometidos desde antes de la mirada.

Sigrid Alegría, quien interpreta a la orientadora de un colegio donde surge la sospecha de un caso de abuso infantil, es quien lleva sobre sus hombros gran parte del debut. Ella siembra -y hasta fuerza- la duda como móvil de la acción. Su probado potencial dramático, una vez más, funciona sin concesión. Incluso en las escenas que citan a la saga de «El silencio de los inocentes» -con un abusador entre rejas que supuestamente inspira a un imitador- el oficio de ella y de Mauricio Pesutic logran dar credibilidad a un recurso que rezuma obviedad.

Desde lo artístico hasta lo técnico, desde lo actoral hasta los efectos de posproducción, «El laberinto de Alicia» se adivina como el causante de un gran remezón social. Tal como en los primeros minutos de «Dónde está Elisa?», es claro y notorio que tras el debut de esta telenovela hay nítida conciencia del poder que tiene la ficción y, por cierto, del aporte social que puede realizar la televisión.

Con una historia incómoda, de contingente realidad y potencial ocurrencia, TVN una vez más remecerá las culpas conscientes y temores inconscientes del telespectador.Y, ante esta subyugante producción, una vez más las audiencias adultas podrán ejercitar su control remoto… y parental.