Un lamentable efecto karaoke

 

Claudia Guzmán / El Mercurio /Cuando la fiesta pasó su mejor momento. Cuando ya no quedan temas, ni comida, ni ganas de bailar. Cuando sólo las copas a medio vaciar justifican el trasnoche, el karaoke comienza a reinar.

Ése es el estado de ánimo que por estos días se ve en la pantalla de televisión local. La falta de buenos programas, la aridez creativa y, particularmente, la escasez económica, se apoderaron de las redes televisivas para transformarlas en meras estaciones repetidoras de envasados que, a bajo costo, permiten cautivar a una audiencia anestesiada por la sonrisa tonta de los bloopers, el diálogo memorizado a fuerza de años de reiteración o el chiste a punto de entrar en estado de pudrición.

Lo preocupante es que esta fiesta veraniega de redundancia revela que ya no se trata de retransmitir para llenar franjas horarias de poca rentabilidad. Lo grave es que este karaoke-party ha demostrado que hasta los grandes canales han hecho de la repetición de envasados una verdadera -y efectiva- arma de contraprogramación, incluso en la franja prime.

Entonces, si la retransmisión resulta ser hoy por hoy la forma más competitiva de hacer televisión, ¿para que crear espacios?, ¿para qué importar formatos?, ¿para qué sintonizar si existen YouTube y el videograbador?, ¿para que seguir ahí diciendo que esto se llama televisión y que a veces se apellida calidad?

A terminar con el karaoke, a invertir en un nuevo menú y a volver a bailar. En el peor de los casos, a retirarnos porque la fiesta se puso decadente y nos aburrió. Tal vez nos iremos con menos risas, pero con bastante más dignidad.