Un sociólogo en Twitterland

twitter 2Eugenio Tironi / Qué Pasa / ¿Qué me hizo entrar a las redes sociales, y participar en ellas? A ver, el asunto tiene su historia. Como sociólogo no puedo evitar la curiosidad por las relaciones entre los individuos, y de éstos con los objetos. Por lo mismo me interesan las redes; sean éstas sólidas y estables -y que dan forma a instituciones como la familia, el Estado, la empresa o el partido-, o bien blandas y débiles, que dan lugar a comunidades más emotivas y fugaces. Son esas redes o asociaciones las que forman lo que llamamos sociedad. Ellas se crean y mantienen sobre la base de pasiones, creencias e ilusiones, más que sobre fines instrumentales o adhesiones racionales de individuos guiados ya sea por su instinto de maximizar la apropiación de bienes económicos escasos en el mercado, o ya sea por su apego razonado a normas e instituciones políticas. Rebatir estas dos visiones (el economicismo y el politicismo) es lo que ha guiado mi modesta trayectoria intelectual.

Por lo anterior, era natural que me interesara en el fenómeno de las redes sociales (RS) que se crean sobre internet. Leí, como todos, de su utilización en la campaña de Obama. Escuché con atención a Clay Shirky, el autor de Here Comes Everybody: The power of Organizing Without Organizations, cuando vino a Chile el año pasado a exponer cómo las nuevas tecnologías transforman el modo de constitución y de gestión de las organizaciones y comunidades. Me interesó también cómo las RS transforman el campo de las comunicaciones: desde un emisor omnipotente que dirige un mismo mensaje a muchos receptores pasivos, a una comunicación horizontal, de todos con todos; desde un centro que manejaba los tiempos y los contenidos, a una comunicación en tiempo real, gatillada desde cualquier parte y con contenidos que nadie puede prever; desde la aspiración a tener la palabra final y definitiva, a una comunicación siempre abierta al error, a la excusa, a la reversibilidad; desde el formato solemne, racional y pontificador a una comunicación espontánea, personal, dialogante. Es un cambio de paradigma, que afecta a marcas, gobiernos, empresas, políticos, celebridades.

Con esos estímulos en la cabeza me propuse mover las organizaciones en que participo hacia el nuevo paradigma. Lo hacía desde una aproximación intelectual y normativa. Hasta que caí en cuenta que esto no funcionaba; que esto de las RS es como la fe religiosa: hay que sentirla, y luego vivificarla practicando los ritos que ella impone. La base de las RS, en efecto, es el do it yourself, más la predisposición a la experimentación, al prototipo, a lo inconcluso. Decidí entonces entrar yo mismo al juego. Y hacerlo en serio; lo que no es posible si uno no se somete a los azares de la exhibición, del ridículo y del error.

Ojo: aquí no se aceptan los voyeurs; hay que estar adentro, acatar las reglas y arriesgarse. Además, Twitter me ha hecho sentir parte de una suerte de comunidad que es nutritiva y estimulante. No es la «opinión pública»; es un círculo pequeño, de gente más educada, reflexiva y quizás más exhibicionista que el promedio; pero que, no hay duda, influye.Tenía desde hace varios años un sitio personal, pero con un carácter meramente informativo (www.eugeniotironi.cl). Entré al mundo propiamente de las RS con la creación de un blog (www.etebe.cl), donde comencé a postear opiniones en forma periódica: no hacerlo, descubrí, es matarlo. En paralelo creé una cuenta en Twitter. Por entonces estaba en su apogeo la campaña presidencial, en la que estuve directamente involucrado. Esto significaba, de un lado, que tenía millones de estímulos y de ideas, y del otro, que mis opiniones tenían un interés que iba más allá de mi persona. Experimenté con el uso de las herramientas de las RS con fines estratégicos, y pude comprobar su potencia para colocar temas e interpretaciones en la agenda. No obstante, me esforcé por no trasgredir la regla fundamental de las RS: ser uno mismo -aunque provoque ruidos-, y no el mero «representante» de una fuerza que se esconde detrás del escenario. Las RS castigan cruelmente a los que no respetan sus cánones: la oportunidad, la admisión estoica de las reacciones (y los insultos), la aceptación del error y, sobre todo, el dejarse contagiar. Quien quiera usar las RS como un medio de comunicación tradicional, esto es, sin bajarse del pedestal de «la verdad» o «la objetividad», y sin poner en juego su propio prestigio e identidad, mejor que ni lo intente porque saldrá trasquilado.

Ya había satisfecho mi curiosidad y la campaña había terminado, pero sigo en esto. ¿Por qué? Digo de entrada que no es por promover una causa específica. Una cosa que me motiva es influir en la cosa pública, en un afán por hacerla más abierta y reflexiva. Y elegí, hace ya muchos años, hacerlo mediante el contagio de ideas, y no desde la operación del poder. Para este propósito, las RS son un instrumento formidable; en parte porque sus mayores usuarios son periodistas y líderes de opinión, lo que permite una contaminación casi inmediata.

Por otro lado, para alguien como yo, que se dedica profesionalmente a descifrar lo que mueve el ánimo y las preferencias de la gente, estar al tanto de lo que ocurre en las RS es valiosísimo. Pero ojo: aquí no se aceptan los voyeurs; hay que estar adentro, acatar las reglas y arriesgarse. Además, esto me ha hecho sentir parte de una suerte de comunidad que es nutritiva y estimulante. Gente que no conozco -o que conozco muy tenuemente-, con otras historias y otras actividades, y de la cual aprendo cosas sorprendentes. No es la «opinión pública»; es un círculo pequeño, de gente más educada, reflexiva y quizás más exhibicionista que el promedio; pero que, no hay duda, influye. También sabemos que las RS no son democráticas; pero con todo, la probabilidad que se les dé valor a ideas o informaciones independientemente del prestigio de quien las formule es mucho mayor que en otras plataformas.

Para muchos las RS son puro exhibicionismo. Un placebo de la comunicación real. Una farandulización de la labor intelectual. Discrepo. Lo mismo se dijo un día de los libros, de los diarios, de la radio y de la TV. Hay también otras motivaciones. Se sabe -lo dice Wikipedia- que la felicidad de un individuo se correlaciona con la densidad de sus redes sociales, y con su centralidad en éstas. La inserción en las RS quizás responda a esto. Como dijera @alejorquera, re-twitteado por @fernandopaulsen: Nunca es twitter la verdad, lo que no tiene es remedio.

*Sociólogo. Presidente de TIRONI|Asociados